Rafael Mendoza Castillo
El bullying, punta del iceberg
Domingo 15 de Junio de 2014

(Segunda parte)

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El mundo de la violencia, que hoy presenta el capitalismo corporativo, empresarial, político, económico y mediático, implica interpretarlo en una dimensión tripartita, que articule la objetividad, la subjetividad y la práctica. Si se aíslan estos componentes, se parcializa y particulariza el sentido de la verdad, en la interpretación de cualquier fenómeno social. La verdad la comprendemos como el horizonte donde se articulan lo real, la conciencia y la práctica.
El no dialectizar esos componentes del mundo socio-histórico, se puede caer en el objetivismo, que nos coloca del lado del objeto, sus certezas. Si por el contrario, nos colocamos del lado del individuo, se privilegia la creencia, es decir, la suposición. Por último, del lado del practicismo, se subraya la actitud pragmática, en donde toda conducta o acción tiene la misma validez.
Nadie duda que el bullying es un tipo de violencia cometida por alguien hacia otro. Por lo tanto, este fenómeno social se inscribe en relaciones de poder, en donde una persona pretende imponer por la fuerza, lo simbólico, lo imaginario, la voluntad hacia otro u otros. Pero esta relación que se presenta en lo micro, es parte de una relación de poder centralizada en la institución, llamada Estado.
Esta última monopoliza la fuerza legítima. No siempre esa legitimidad de la fuerza se usa en bien de la comunidad o la voluntad popular. La historia nos muestra que el Estado, muchas veces (1968, 1971, Acteal, Aguas Blancas, etcétera), utiliza esa fuerza para defender intereses privados, en el orden de lo constituido, lo establecido, lo dado y no siempre públicos.
Es necesario distinguir entre la agresividad y la violencia. La agresividad es la potencialización de la violencia. La primera se presenta de muchas formas. La violencia es una de las privilegiadas. Existe una violencia estructural, que es la que se encuentra inserta en y actúa por estructuras sociales violentas. A este tipo de violencia estructural pertenecen también la violencia represiva o coactiva, que son las ejercidas por la fuerzas del poder político. Por otro lado, también existe la violencia de resistencia o de rebelión, que es aquella que se organiza en oposición a situaciones (personas o estructuras) que se juzgan injustas y opresivas.
Recuerdo el pensamiento del filósofo Adolfo Sánchez Vázquez: “En verdad, la violencia es tan vieja como la humanidad misma. Tan vieja que el inicio del duro caminar del hombre aquí en la tierra lo fija la Biblia en un hecho violento: su expulsión del Paraíso. Y si reparamos en ese duro y largo caminar a través del tiempo, que llamamos historia, vemos que la violencia no sólo persiste en ella de una a otra época, y de una a otra sociedad, sino que su presencia se vuelve avasallante en esas conmociones históricas que denominamos conquistas, colonizaciones, guerras o revoluciones”. Pensar también, que esa violencia ha servido al poder para sostener la dominación y la explotación y combatir a quienes luchan por la libertad y la independencia de aquellas. Hoy vemos que la violencia, desde el Estado y sus instituciones, provoca sufrimiento, dolor físico, mental, emocional, en los ciudadanos y clases subalternas.
De ahí la importancia de distinguir, antes que vigilar, controlar, victimizar, clasificar, legislar, buscar culpables, ya sean padres, escuelas, estudiantes, docentes, la violencia fundada y justificada, desde la razón crítica, de la ética crítica, y aquella que expresa la animalidad, lo irracional. Esa distinción crítica permite visibilizar grupos de la sociedad civil, que han adquirido un potencial de violencia (delincuencia organizada, poderes fácticos), por medio de la cual han ocupado estos, los vacios de poder, dejados por la violencia legítima (el Estado). Comprender que el bullying, como la violencia hacia el otro, es resultado de una estructura social, fundada por un sistema de dominación y de explotación, en donde agresor y agredido son víctimas.
El bullying, como relación de poder, sólo se entiende si lo colocamos en las estructuras, tendencias, procesos, que definen el movimiento contradictorio de la sociedad del capitalismo globalizado. Pretender castigar y vigilar a los buleros, con leyes y moralinas (moralidad social reiterativa) es ocultar la fuente de la violencia, que alimenta el cuerpo y la mente de estos. Y esa fuente es el neoliberalismo, donde todo se vende y se compra.
Comprar y vender, es violento. Producir millones de pobres, es violento. Corromper las relaciones sociales, es violento. La impunidad ante la ley, es violento. Comprar el voto, es violento. No distribuir la riqueza, es violento. Mantener monopolios, es violento. Vender la soberanía y el patrimonio de la nación, es violento. Aplicar pruebas estandarizadas, es violento. La imagen de la televisión comercial, es violento. Competir, es violento.
Acumular la riqueza en pocos, es violento. Privatizar lo público, es violento. Sujetar el trabajo al capital, es violento. Enajenar y alienar la vida humana, es violento. Este sistema de relaciones de poder, económicas, políticas sociales, mediáticas y culturales son el fundamento de la violencia y la agresión, hacia la condición humana.
El bullying, visto desde el poder, se traduce en estadísticas, en indicadores (25 por ciento de menores michoacanos han provocado bullying, cinco de cada diez niños confiesan haber sufrido bullying, 50 por ciento de niños michoacanos han sufrido bullying), que no permiten ver el indicatum, esto es, comprender lo que sucede debajo de lo que aparece en la superficie, de lo que observamos, de lo que percibimos, como datos y cifras.
La violencia hacia el otro tiene que ver con la falta de identificación de las verdaderas causas y razones, que producen ese tipo de agresiones. Recuerde, estimado lector, la imagen de niños que aparecen en la pantalla de la televisión comercial. En un escenario de extrema pobreza y marginación. Usted puede adoptar a ese niño o niña. El problema es, que nunca se dice el porqué se vive en esa pobreza. La televisión comercial reproduce la moralidad social reiterativa, del orden del capital.
La ausencia de un pensamiento crítico en el bulero, le impide desenmascarar los mecanismos metasociales y metapsíquicos (hoy, estos garantes están desorganizados, para limitar pulsiones y violencia), que han sido introyectados en su conciencia, por el mismo poder de dominación y, entonces, se equivoca de enemigo, no es el semejante, sino la estructura social, su poder de explotación y de dominio. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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