Rafael Mendoza Castillo
Salvador Jara Guerrero, los intelectuales y el autoritarismo
Lunes 23 de Junio de 2014

(Primera parte)

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La política sin ética crítica es fuerza bruta y la ética sin política es pura ilusión (Luis Villoro). Ambos campos de saber y de acción tienen que ver con estructuras de poder y de valor. Con este horizonte de pensamiento reflexivo abordaré la problemática, que hoy vive el ejercicio del poder en Michoacán. Para ello, retomo el pensamiento crítico, como la condición necesaria para desentrañar el sentido y significado, que presentan las estructuras, procesos y tendencias, en las que se mueve el poder de dominio y de explotación en Michoacán.
Entendemos el poder como la capacidad para intervenir en la realidad. Por otro lado, comprender que aquel es una lucha de voluntades (Enrique Dussel). En ocasiones una voluntad pretende sentirse la fuente del poder y se impone sobre otra u otras (corrupción de la política). Pero también existe una voluntad, cuya fuente de poder emana de la comunidad soberana (legitimidad del poder).La primera voluntad es la que se practica, en este momento, en Michoacán.
La historia es esa lucha permanente entre la libertad, la emancipación humana y el sometimiento. Este hecho, sentido o significado, define y orienta el comportamiento político y ético, de grupos, clases sociales e individuos. Nadie se mueve en la neutralidad o la inocencia, por muy científico o humanista que sea (Jara Guerrero). Las ideologías no han muerto ni la historia llegó a su fin, ya que ésta siempre se echa a andar de nuevo. Veamos.
Los procesos electorales, estatales o nacionales, como mecanismos de control del capitalismo corporativo, realmente administrado y planificado, han mostrado, que los intelectuales en México también juegan un papel importante en las acciones políticas, que llevan a cabo los distintos actores sociales .Pudimos apreciar que algunos, con sus ideas, reflexiones y comportamientos, se inclinan por la izquierda. Otros lo hacen apoyando a candidatos de la derecha.
El conflicto político electoral o social, permite que los intelectuales asuman un posicionamiento frente a ese acontecimiento, que ha venido enfrentando a los dos proyectos de país: continuar con el mismo modelo de economía de acumulación de capital, injusta y depredadora, o provocar el advenimiento de un orden distinto, más incluyente, y ponerle un freno a la desigualdad social. Este hecho, en sí, implica, reflexiones históricas, sociológicas y éticas, sobre la actuación de los intelectuales y de los ciudadanos en general. Ni el propio crítico se escapa a la crítica.
En primer término, los conflictos electorales y sociales despiertan a un México diverso, polémico y contradictorio. Vemos, que no es un país homogéneo en ideas, en ideologías, en concepciones del mundo y en prácticas políticas. Y lo que sucede, es que las instituciones, las estructuras sociales del antiguo régimen, no están a la altura para soportar y conducir, racional y democráticamente, las aspiraciones y las contradicciones de la lucha de clases, que hoy se constituye en la nación. Las clases sociales se hacen en las luchas políticas y, no nacen, por generación espontánea.
Un intelectual se implica en una categoría social. No es un sujeto que flote en un espacio y un tiempo sociales. Pero tampoco son un reflejo mecánico de lo establecido. Dado que la conciencia y el pensamiento crítico, responden a una autonomía y a reglas distintas, respecto del mundo real. De ahí que el pensar de un intelectual y de cualquier ciudadano, es la posibilidad de distanciarse de lo que le ofrece la realidad, de lo que el mundo ha introyectado en su conciencia y su práctica.
La tarea es dudar de la interioridad y de lo que está elaborado allá afuera. Existen, en ambos campos, ideas y conceptos viejos, que ya no permiten una lectura crítica del mundo histórico. Observamos en el proceso electoral pasado, nacional y estatal, cómo la derecha recurrió a la promoción de creencias viejas, para intimidar a los ciudadanos. El spot crea realidades imaginarias, virtuales y es posible que el sujeto las tome como “verdades reales”.
Desde qué lugar el intelectual piensa y produce sus ideas acerca del mundo. Lo hace en la docencia, la investigación, el laboratorio, los medios de comunicación, los partidos políticos, el campo, la industria, el mercado, la iglesia, el poder, la familia, etcétera. Todos somos intelectuales, pero no todos hacemos la actividad de intelectual. De ahí la pretensión humana de articular lo intelectual y lo manual. Para lograr lo anterior, hay que construir otro modelo de sociedad que lo posibilite. El capitalismo mantendrá la división.
Es cierto que el intelectual genera ideas, las agita y, sobre todo, intenta clarificarlas y ponerlas en acuerdo o desacuerdo con lo establecido. No produce cosas materiales. Pero también es cierto, que no todos los intelectuales producen ideas para liberar de falsos ídolos a los ciudadanos, sino que pretenden enmascarar la realidad, a favor del poder de las instituciones y de sus propios intereses. Como bien dice Julio Hernández López: “Otros lastimados por la resolución del sábado son ciertos intelectuales acomodaticios, usted sabe: los negocios editoriales, las concesiones, la publicidad de la revistas anexables o literales (la literalidad no se refiere a las letras, sino a las literas en que se duerme con los poderes político y económico: literas libres), los premios y privilegios”.
Cada orden social constituido reclama la existencia de intelectuales, con la intención de que colaboren proponiendo ideologías, para guiar las acciones de los grupos que orientan el orden dado. Sean de derecha, de izquierda o de centro. Pero también están los expertos, los técnicos, que realizan las funciones del hacer práctico. El evento electoral de 2006 y 2012, fue la condición para que se pudiera clarificar la posición y la actitud política de algunos intelectuales, que se negaron a ver el fraude y otros, que sí lo vieron. Unos se acomodan al poder del orden y otros, se identifican con la transformación del mundo del capitalismo salvaje.
Desde lo sociológico y lo ético, es importante aclarar sus acciones y posicionamientos políticos y detectar los valores, los ideales, los principios que las sustentan y justifican. Lo anterior se hace, no con la finalidad de llevarlos al paredón sino de ubicar, cómo unos, quieren mantener el interés privado y otros, desean conquistar el espacio de lo público y evitar su privatización. Además, para estar en mejores condiciones de escoger a sus aliados.
Construyamos intelectuales comprometidos con la verdad, la dignidad, la justicia, la democracia participativa y, nunca, por prebendas o cuotas de poder. Existen otros, que sí buscan lo último. Aclarar las ideas y las acciones humanas, no es para matar, sino para encontrar la justicia y un nuevo orden social, que sirva a los olvidados y a los que el capitalismo ha convertido, en desiguales. El juego es acabar con la desigualdad social, cultural, científica, tecnológica, educativa y con la simulación del combate a la pobreza, las mentiras de oportunidades y todos los programas asistenciales e hipócritas de los neoliberales. Con estas premisas, en la segunda entrega, abordaré el comportamiento político y discursivo, de Salvador Jara Guerrero. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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