Martes 16 de Diciembre de 2014
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Hoy es día de la primera posada, también es el santo de mi santa madre, de mi mamá Adelita, con la que he estado en relación estrecha desde antes de nacer y después de su partida al infinito; algunos creen que no tengo progenitora, pero sí, sí tengo y la quise, nos quisimos, simplemente como se quiere una madre y un hijo. De su templanza, de su visión, de su imaginación, de su creatividad, de su entusiasmo por la vida, de su alegría, de su orgullo, de ahí vengo caminando por la vida, dispuesto a enfrentarla con la frente en alto y la rodilla limpia. Sea pues este preámbulo el inicio de la tempestad, porque tempestad quieren ser mis palabras que agiten las conciencias y tomen razón de lo que pasa en esta sociedad humana que no respetó las reglas del juego y que está atrapada, como una araña enferma, en su propia telaraña. Los escenarios que se han presentado a través de la historia, desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, si bien han estado condicionados a graves y dramáticas circunstancias, todos tienen como corolario la decadencia y la desaparición finalmente del modelo de organización social, cuando no se pueden sostener ni económica, ni política, ni militarmente. Hoy diríamos, ni económica, ni política, ni policialmente. Nuestras instituciones están fallando y habrá que corregir la falla lo más pronto posible, pueden fallar los hombres, se cambian por otros mejores, no por otros peores y las instituciones siguen funcionando, pero cuando las instituciones fallan, la organización social entra en decadencia, la brújula se extravía, el rumbo se pierde como pierden el dinero los magos financieros, que igualmente le quitan tres ceros al peso, cambian el tipo de cambio, suben la tasa de interés, liquidan las empresas paraestatales con bancos incluidos o parroquianamente esfuman 30 mil millones y además, dejan el gallo muerto para que el siguiente lo acabe de pelar.
El derecho a disentir, a indignarse, a no estar de acuerdo con las violaciones constitucionales, a señalar a los tiranos, a los ratas, a los comodinos, a los ineficientes, a los simuladores, no sólo es un derecho, sino también un deber.
Cuando la injusticia y el oprobio se ensañan con un pueblo, se requiere la fuerza para llegar a la paz, se requiere organizar la defensa de la integridad de los ciudadanos y de las instituciones, para organizadamente, hacer frente a las circunstancias, esto no quiere decir que al hacerlo, por arte de magia se va a resolver, no, aquí se aplica el arte de la guerra, la táctica y la técnica, el adiestramiento y el equipamiento, sin inteligencia, propia y organizacional, lo más seguro, lo probable, lo vaticinable, lo que se puede esperar, es que ganen los contrarios que estén mejor organizados, mejor adiestrados, mejor motivados, esto de la motivación se llama “la moral de las tropas”, si dividimos en dos bandos una confrontación, los buenos y los malos, nadie puede asegurar que siempre ganen los buenos, casi siempre pasa, a veces ganan los malos y a veces ganan los buenos, todo es según el cristal de la organización por la cual se mire el combate.
El motor para trabajar requiere de combustible y lubricante, la cascada para ser cascada necesita agua, como la necesita una planta para vivir, o un lago para existir, así un estado, necesita dinero para sufragar el gasto público que se regula por el Poder Legislativo, si ahí se modificaron las reglas del juego, al capricho de los que adelantaron el futuro, en ese momento, el equilibro se perdió; ese gasto desmedido, hoy, tiene las consecuencias de una cascada sin agua, un motor sin gasolina, una planta sin regar, un lago seco, un estado sin dinero, al que le echan el caballo encima los acreedores de toda índole, pero que además tiene que cumplir su función social de gobernar para todos, cargando las ineficiencias ancestrales y las nóminas heredadas, llenas de partidarios de los gobiernos en fuga.
Ya se ha visto que elevar plegarias al cielo no resuelve, ni el retorno de los desaparecidos, ni que lleguen los recursos financieros para el desarrollo integral de Michoacán, se requiere una visión de Estado, que lejos de debilitar las instituciones, las fortalezca, que lejos de debilitar a los municipios, los fortalezca, que lejos de ningunearlos y olvidarlos, los aliente y los junte, para que entre todos, la suma de las partes, generen la fortaleza del todo; el territorio michoacano es el territorio de 113 municipios y en cada municipio, se sabe de quién es cada potrero y cada casa y de quién es el ganado y dónde duermen las güilotas, no vengan con el cuento sacado de Las mil y una noches de que con el mando único vamos a resolver, ese camino es una vereda burocrática, una artimaña oportunista que se aleja del camino real del fortalecimiento de las instituciones; nunca dejes camino real por vereda, pues a veces, las veredas se pierden, más aún, si la vereda no existe, pues las veredas existen porque se transita por ellas y ésta, no se ha caminado todavía. Sé que predico en el desierto, que voy solo con una bandera flameando con el viento, pero mi grito lo devuelve el eco y eso, por ahora, es suficiente. La institución municipal, el municipio libre, es la base del sistema político mexicano, del que se ha dicho que es un gigante con pies de barro, tal vez lo sea, pero barro al fin, es nuestra tierra y debemos defenderla porque los municipios son los pies de barro del pacto federal, ¿acaso un municipio libre no puede declarar su independencia?, ¿qué no tiene territorio, gobierno y pueblo?, ¿qué no están viendo a los autodefensas? ¿Qué no están viendo a los cheranenses levantando bandera?, todavía es tiempo de enmendar y dar un golpe de timón, el arrecife está a la vista; un simple golpe con un iceberg, hundió al Titanic.

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