Aquiles Gaitán
¡Feliz Navidad!
Lunes 22 de Diciembre de 2014
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Al cerrarse un círculo, se rompe el miedo, se encierra el alma, se vive por encanto, se alza en espiral al infinito, como una estrella más que vaga por el cielo; afuera esta la luz, adentro la ternura en intima prisión del pensamiento. Los círculos giran sin rumbo ni destino, no hay sonidos, se cumplen los rituales del olvido, adentro, dejaré una mariposa como adiós y una vela encendida que diga la verdad; esperaré la aurora cada noche, esperaré la primavera por los siglos de los siglos. Con estas palabras inicio este preámbulo para decir lo mismo que dicen otros con otras palabras, superemos el conflicto, pasemos de página, olvidemos nuestro enfado, terminemos el periplo, pero no, no es posible, ni perdón ni olvido, todo queda encerrado en un círculo, en un ciclo redondo, de una recta que toca sus confines y se une para crear un mundo aparte, para apartarse del mundo, para encapsular un momento, una circunstancia, una realidad incuestionable, que no porque esté dentro de un círculo se va a olvidar, todo lo contrario, quedará como una cápsula de tiempo, para siempre, para el siempre mío, antes de que el olvido llegue y mande los círculos al infinito junto con nosotros. No se puede negar la realidad, ni los tinos, ni los yerros; se puede distorsionar por los hombres a conveniencia, según sus intereses para procurar o quitar alguna situación, en el fondo la realidad subyace como parte de la propia naturaleza de las cosas, o de la naturaleza misma que simplemente existe sin afán de perjudicar o beneficiar a nadie, existe un ojo de agua, de agua cristalina, como existe un diluvio que provoca una creciente devastadora; pero la naturaleza humana, esa se debate entre el bien y el mal, entre los intereses personales, entre los pecados capitales, del orgullo, la avaricia, la lujuria, la envidia, la gula, la ira y la pereza, entre la filosofía y la religión, entre la verdad y la mitología, ahí vivimos todos, ahí sufrimos y gozamos, como en estas fechas que marcan los calendarios de las religiones y los calendarios del tiempo, la Navidad y el Año Nuevo, que crean o no crean en Dios, los hombres celebran por celebrar, así como otros protestan por protestar o protestan con causa justificada, pero justificada o no, lamentablemente sin remedio por tanta cobardía.
La organización de un país, de un estado, de un pueblo, de una actividad productiva, no se puede dar de la noche a la mañana, no se puede dar en lo que canta un gallo, ni por la magia más pura; la organización implica a un conjunto de personas y actividades coordinadas racionalmente con normas y reglas del juego, para convivir o producir, para estructurar el gobierno de una sociedad o de la dirección de una empresa productiva, para administrar, para impartir justicia, para la defensa de un estado o para la defensa propia como hoy se acostumbra o para delinquir, que también hoy se acostumbra y también implica la organización. Quien esté mejor organizado dominará a quien este menos organizado ¿y quién domina a las organizaciones? Pues las minorías que dominan a las mayorías, los que controlan, conciben y dirigen las organizaciones o en un sistema político, los elegidos sobre los electores, los representantes sobre los representados, esos que se sacrifican día a día por velar por nuestros intereses, por defender al pueblo inerme que hace mucho se olvidó de la vieja casta de los guerreros con los principios de los guerreros, el compromiso de los guerreros, los juramentos de los guerreros, y el adiestramiento de los guerreros, hoy les llaman policías y son asalariados, o son sardos o marinos, pero los verdaderos guerreros, los descendientes de los guerreros, viven en los campos y los pueblos, ahí donde vivieron sus ancestros que hace 200 años, que hace 100 años, ofrendaron sus vidas para construir esta patria que hoy disfrutamos o sufrimos según nos vaya en la feria y con la feria, por estos caminos de lo absurdo, pero no voy a dejarme llevar por los vericuetos de la indignación en la víspera de la Navidad, la Navidad es una fecha tan significativa que hace aflorar sentimientos dormidos en el fondo del inconsciente: al poner el Nacimiento se recuerdan momentos inolvidables, el infaltable paseo de día de campo, para juntar heno, cáscara de piedra, palitos, piedritas, en el paraje encantado de la “barranca honda” después de cruzar los campos de tabardillo y los mirasoles; montar el nacimiento implicaba tener paja nueva, traída del mesón de “pila” para el pesebre, aparte paja para las bestias de los santos reyes, arena para el desierto, papel de la envoltura de los cigarros para simular el lago y la cascada, hacer el portal diferente cada año, construido con los materiales más insólitos desde cuernos de venado hasta hojas de encino secas y varas de tabardillo; una rama de huizache pintada de blanco se llenaba de esferas y hacía funciones de árbol de navidad.
Los peregrinos salían del nacimiento cada día de las posadas para hacer su recorrido, cantando todos, adultos y chiquillería, los consabidos versos de pedir la posada y los de “aquí no es mesón sigan adelante” hasta la del 23 que se dá la posada y se esperaba el 24 con el recogimiento propio de la celebración del nacimiento en la misa de gallo. Después en la casa, buñuelos con miel de piloncillo y atole blanco, en una convivencia, con el arrullo del niño, los cánticos de villancicos llenos de gusto por la vida y el Nacimiento del Mesías. Ni alcohol, ni música pagana, ni pavo, ni bacalao, eso es ahora, lo otro, son recuerdos de una infancia inolvidable, ahí donde nací y fui cridado con el amor y ejemplo de mis padres y abuelos, en el pueblo de Ario.
No quiero olvidar, quiero recordar una y otra vez los momentos emotivos, felices o trágicos, que forman parte de la historia de mi vida, la Navidad es uno de ellos y lo comparto, porque creo que para muchos la Navidad indica momentos felices; busquemos pues esos momentos que nos acompañan para recordarlos estos días y si además tiene al amor en su corazón y en su mente, no lo deje ir, siéntalo, siéntase contento, que es un privilegio que nos da la vida. Cierre los círculos, cierre el círculo que esté abierto y ponga dentro de él, lo que quiera que quede encerrado para siempre, yo como dije al principio dejaré una mariposa como adiós y una vela encendida que diga la verdad, esperaré la aurora cada noche, esperaré la primavera por los siglos de los siglos. ¡Feliz Navidad!

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