Aquiles Gaitán
Levantando bandera
Martes 6 de Enero de 2015
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Hay cosas que parecen gritar desde el fondo de una garganta con una voz potente ¡nunca más¡, cosas que todos quisiéramos que fueran una ocurrencia política, de tantas ocurrencias que los políticos suelen tener en los momentos luminosos en que buscan soluciones y respuestas a los problemas más candentes, algo que ya crearíamos superado desde la Constitución de 1917 y que hoy, el revisionismo, el afán de poder centralista, el acomodar a su modo las circunstancias, el manipular y alterar la realidad, el lobo cubierto con piel de oveja, con el vellocino precioso de oportunismo, ha puesto a discusión el atropello a la institución del municipio libre. Levanto bandera y con ella mi indignación en defensa del municipio libre como base del sistema político mexicano. Retomo, el tema por ser un asunto que nos afecta a todos los mexicanos que vivimos en la demarcación territorial de un municipio. ¿No basta la historia para advertir el conflicto?, recordemos que desde los antecedentes más remotos, en España, en los campos de Villalar, en la España de Carlos V, se dio el conflicto que marcó el principio del fin del afamado gobernante, los comuneros se levantaron contra el absolutismo que quiso suprimir los municipios de entonces, aquí, recordemos como mera referencia, que todos los planes revolucionarios, las proclamas para el levantamiento revolucionario de principios de siglo XX, incluyeron en sus reclamos la instauración del municipio libre, el Plan de la Noria, el Plan de San Luis, el Plan de Agua Prieta, etcétera; hoy, el plan de Peña Nieto, el del decálogo nefasto, quiere acotar las facultades del municipio, partiendo de una generalización mal entendida, del todos son ineptos y todos son socios de los criminales; poco importa el pueblo y poco importa la historia y poco importa el municipio libre, el atropello está en proceso, falta que la mayoría de congresos locales lo apruebe, que los diputados y senadores del Congreso de la Unión aceiten sus goznes de la espalda y rindan culto y pleitesía a la propuesta salvadora.
Todos sufriremos las consecuencias de un mando único de la policía preventiva municipal, ajeno a nuestra idiosincrasia que nos despoja del libre albedrio para decidir lo nuestro. Una cosa es la seguridad pública, en los términos del artículo 21 constitucional, y otra la policía preventiva municipal y tránsito, el pretexto es bueno, la incompetencia ministerial, para explicar la desaparición de los 43 muchachos -una vez más, el descubrimiento del agua tibia, el hilo negro y municipios asociados con la delincuencia-, hace concebir el atentado inaudito de despojar a todos los municipios de sus facultades constitucionales que, lejos de fortalecerlos, los debilitaran aún más; sobre corneados, apaleados, un puño de sal en la herida abierta por delincuentes que cometen delitos que son de competencia federal, que durante años no dejaron meter la mano a los estados y municipios en su celosa competencia y que hoy, los acusan, a todos, de ser parte de la delincuencia. ¿Van a resolver con mandos policiacos amañados? Aquí en Michoacán la Policía esta suelta y paran a cualquiera a revisión o paran vehículos en las carreteras con el pretexto del robo de vehículos, coches, camionetas, camiones y tráileres cargados de mercancía o hasta de ganado, son parados en retenes por ministeriales y policías federales para la simple y llana extorsión. ¿Y por qué no denuncian los extorsionados?, ¿para qué? Todo es tan trasparente que se ve el fondo del asunto ¡manos libres!
Michoacán está vivo, no piensen que la caída del púlpito sufrida por los gobernantes acabó a un Estado miembro del pacto federal, con la historia a cuestas, con gente pensante y actuante, que tarde o temprano les pasará la factura. No necesito decir quiénes somos, lejos de acabar con el municipio libre, requerimos un programa de fortalecimiento municipal que propicie el desarrollo de los municipios desde abajo, no desde el gobierno federal, ajeno por completo a nosotros.
Requerimos, como se ha dicho hasta la saciedad, consolidar las instituciones, no minarlas, socavarlas, destruirlas, ¿y desde cuándo dejaron de ser los municipios lo que deben ser?, ¿desde cuándo son el mundo inseguro? Los deterioros institucionales no se dan de buenas a primeras, ¿acaso los partidos políticos son el modelo deseado?
Creo fervientemente que es el momento del examen de conciencia, de las preguntas que requieren urgentemente una respuesta. ¿Qué modelo de país queremos?, ¿qué modelo de Michoacán queremos?, ¿qué municipios queremos? Lo que propone Peña es la respuesta de José Simplicio, por lo de simple, pero a la vez, ventajoso, tendencioso, hacia la acumulación de un poder con el cual no se sabe qué hacer; el paquidermo no se puede mover con la rapidez requerida y corre el riesgo de morir contemplando sus colmillos, no de marfil, sino de petróleo; en tanto se mete más y más y más en el berenjenal de la seguridad (¿o inseguridad?) municipal, cuyo fardo pretende cargar en sus lacerados omoplatos. No hay tiempo para andar quemando la pólvora en infiernitos, para qué buscarle tres pies al gato, la Constitución es clara, en el artículo 115, en el 21, lo deja a la imaginación, con eso de la coordinación, que no es lo mismo que la subordinación; los aztecas quieren seguir presidiendo el poder, cobrando los tributos y sojuzgando a las tribus de dos mil 474 municipios, ¿y qué dicen los mayas, los mayos, los coras, los huicholes , los purépechas, los mazahuas y los huastecos y chichimecas y las once mil tribus? Si todos creemos, podemos construir una creencia, una opinión generalizada; pero si dejamos de creer, la opinión deja de existir en tanto generalizada, pública, entonces será una opinión más, de una persona, o de una minoría, o una oligarquía, ¿consulta pública para el decálogo? Para qué, si ya no hay credibilidad, se fue, como del humo para el cielo, estalló como pompa de jabón.
Concluyo: mientras no se le den mayores recursos a los municipios, mayores atribuciones, mayor participación en la gobernabilidad; mientras no se dignifique su representación, mientras no se profesionalice su administración, este país será el país de Mickey Mouse, no por lo de ratones, si no por lo de caricatura. Seguiremos siendo el gigante con pies de barro, seguiremos siendo pueblo de soñadores, a quienes nos han prometido el desarrollo, y al desarrollo como a la gloria o al infierno, llegaremos a él después de muertos. El municipio es el último reducto de la democracia; el Ministerio Público dirá que fue incinerado con llantas y basura hasta la nada; el reclamo de las dos mil 474 tribus será “vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

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