Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
Niños y niñas
Miércoles 7 de Enero de 2015
A- A A+

En diversas efemérides, leemos o escuchamos en los medios escritos o electrónicos que “los niños y niñas son primero porque son el futuro”; creo que la frase es común y perdió el peso y contenido que seguramente llegó a tener; ¿Por qué el mañana va a ser diferente, si la problemática actual de las personas jóvenes demuestra que en parte es producto de que su atención en la infancia fue parcial o insuficiente?

Este 6 de enero, como hace muchos años, cientos de niños en poblaciones urbanas, semiurbanas y rurales esperan con interés que amanezca para saber qué les trajeron los Santos Reyes; una tradición de la religión católica que ha sido heredada de padres a hijos ancestralmente.
Esperar a los Santos Reyes constituye una sensación difícil de expresar, quien dé lectura a estos párrafos sabrá a lo que me refiero; dormir temprano para levantarse en la madrugada y cercanos a nuestros usos y costumbres esperar los regalos, en ocasiones algunos juguetes, o sólo dulces, o bien ropa; todo ello constituye una fiesta dentro de la casa y también fuera de ella.
Esta es una fiesta sin lugar a dudas esperada por cientos de miles de niños en todo el mundo, lo es en México y en Michoacán. Aquí, este fin de semana pasado personas jóvenes salieron a compartir con las y los niños de diversas comunidades, lo hicieron en Erongarícuaro y en Salvador Escalante. Compartieron diversos juguetes, dulces, juegos y la energía que da la juventud para compartir a manos llenas su amor por las y los niños y su prójimo.
Es realmente esperanzador observar cómo jóvenes pueden pensar en los demás y se organizan para compartir con otros con aquellos vulnerados, con aquellos que marcan la diferencia de trato social.
No obstante, cuando hablamos de niños o niñas y sus derechos, no ha sido un camino simple para que ellos puedan disfrutar de eso que se llama derecho humano. Y es que la lucha por el reconocimiento y el ejercicio de los derechos de la infancia ha sido, a través de la historia, muy larga y muy sinuosa.
Los resultados que muestra la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) 2010, expresan que aún persiste la idea de que los niños y niñas son considerados como objetos propiedad de las y los adultos, sujetos al arbitrio y voluntad de las reglas paternas y maternas, lo que se refleja en que el 27.6 por ciento considera que los niños y niñas sólo deben tener los “derechos que sus padres les quieran dar”; difícil de explicarlo, pero esto lo vemos con mucha frecuencia en los espacios públicos donde afortunadamente cada día menos hay padres que reprenden y violentan a sus hijos de manera pública.
En 1948 se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero fue muchos años después que se ratificó la Convención por los Derechos de la Infancia por nuestro país (en septiembre de 2000). Pese a ello, un importante porcentaje de las niñas y niños de nuestro país sigue estando expuesto al maltrato, descuido y desprotección tanto de madres y padres como de tutores.
Veamos estos porcentajes que nos revela la Enadis 2010, el 27 por ciento de las niñas y niños dice que sus padres los han hecho llorar, 26 por ciento reconoce que les han pegado, 17.9 por ciento ha recibido de sus padres amenazas de golpes y 18 por ciento dice que sus padres o madres les han dicho groserías. Me pregunto, con estas cifras oficiales publicadas por el Conapred y apoyadas por la UNAM, ¿qué formación estamos dando a nuestros hijos?
La formación en la escuela, pero sobre todo el trato que las niñas y los niños reciben dentro sus familias, la comunidad y en los espacios educativos, es concluyente en su comportamiento futuro. Lo que la infancia aprende, ve, escucha e imita de las personas adultas genera los usos y costumbres para entender su espacios, su cosmos. Desafortunadamente esta manera de apreciar la vida se reproducirá en el espacio público, en el trabajo, en la escuela, en los espacios comunes, en la toma de decisiones y en su participación en la comunidad.
En este sentido, nos pronunciamos porque es fundamental que durante la infancia se cuente con las condiciones adecuadas para que los niños o niñas con discapacidad o sin ella desarrollen sus capacidades y talentos siempre con respeto a su dignidad humana.
Y es que debemos reconocer que espacios sin violencia, sin discriminación, espacios saludables, deben generar condiciones para la igualdad de oportunidades, de acceso a la educación, la salud y el esparcimiento, por mencionar algunas, es una condición sin la cual sería difícil pensar que en sus vidas como jóvenes y personas adultas no enfrentarán o incluso reproducirán la discriminación, la exclusión y la marginación social. Debemos impulsar acciones que ellos aprendan y reproduzcan de jóvenes, la cultura de la igualdad y el respeto a la dignidad humana.
Por ello siempre pensamos que las niñas y los niños, por la naturaleza de la edad, carecen de las herramientas necesarias para ser plenamente autónomos. Por ello, si sus derechos no están debidamente resguardados, son susceptibles de sufrir un desarrollo limitado, con carencias biológicas y emocionales y poca autoestima. En Michoacán hay un importante avance en este sentido en la legislación, esta LXXII Legislatura ha incursionado en distintos ámbitos para reguardar el derecho superior de las y los niños, un acierto sin duda
Finalizo esta reflexión agradeciendo a todas aquellas organizaciones, personas en lo individual y a las instituciones gubernamentales de los tres órdenes de gobierno su disposición por avanzar en el respeto de los niños y por llevar una sonrisa a muchos hogares michoacanos donde se dio la posibilidad de obsequiar un juguete a un niño o a una niña.
Gracias José Luis, Citlalli, J. Alfredo, Gandi, Ichel, Elia, María, Edgar, Martín y muchos, muchos más como Liz, Carol, Chava, Oliver, Ernesto, Manolo, Yuri y Yesi, que aportaron para hacer posible una, dos, tres, muchas sonrisas.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Baños todo género

Talla baja

Baston blanco

Las tecnologías de la información y la comunicación

Afrodescendientes mexicanos

Violencia obstétrica

Agenda LGBTTTI

La agenda de la población LGBTTTI

Violencia por prejuicio LGBTTTI

100 años de ser mujer

100 años de ser mujer

100 años de ser mujer

Sistema nacional antidiscriminatorio

Dignidad humana

Mercancía humana

Trabajo doméstico

Grupos vulnerados

Transexualidad

XLVII Asamblea de la OEA

Orgullo gay 2017

Orgullo o dignidad

Población afrodescendiente

Sistema Nacional de Protección Integral

Migración y derechos humanos, una nueva mirada

Diversidad cultural

Conflictos de pareja

Comunidad trans

Tortura

Transexualidad, transgeneridad y travestismo

Masculinidades, misoginia y machísimo

Cuidado y corresponsabilidad

Afrodescendientes invisibles

Galardón Jiquilpan

Tortura y tratos degradantes

Por la dignidad humana

Cultura de la paz

Educación y género

Discriminación a trans

Jurisprudencia 8/217

Cautiverio

La era Trump y lo diverso

Museo Béjar de Jiquilpan

Elegir

Retos 2017

Debatamos Michoacán: 2017

Diversidad sexual de 2016 a 2017

VIH/2030

Discapacidad

A 33 años del VIH

Identidad de vaquero

Personas jóvenes de Uruapan

Comisión de Puntos Constitucionales

La diversidad somos todos

Derechos humanos en la educación

Construcción de conciencia social

Debatamos Michoacán

Paz

A 40 años de la agenda gay

Los derechos de inculpado y víctima

Diálogo, tolerancia y respeto

San Antonio Molinos

Buenavista

Cartilla LGBTTTI

Osos

Desarrollo humano

Mecanismos de opresión

La muerte

Reforma y matrimonio civil

Derechos humanos y desarrollo

Diversidad y respeto

Cuerpo, mercancía, trata

La diferencia

Marco normativo LGBTTTI

Odio

Arqueología del matrimonio igualitario

Disidentes sexuales

Lo humano, la persona, su dignidad

Derechos humanos

La vejez

Rostros de violencia

Miedo, tolerancia e información

Trata de personas en México

2,500 años de opresión de la mujer

Conflicto cultural por el valor de la diversidad

Matrimonio igualitario, concubinato, familia

Bullying, disciplinar los cuerpos

San Ildefonso

Mujeres Aliadas

Matrimonio igualitario, último prejuicio

Pladiem 2015-2021

Mecanismos de seguimiento, ¿para qué?

Igualdad sustantiva (segunda parte)

Igualdad sustantiva (primera parte)

2016

Plan de Desarrollo Integral del Estado de Michoacán 2015-2021

El derecho a conocer los derechos

Visibilidad social en La Piedad

VIH, tiempo, espacios y cuerpos

Conciencia social

Día Internacional de la Tolerancia

Derechos humanos

Ambiente laboral incluyente

Consejo Estatal para Prevenir la Discriminación

Dirección de diversidad sexual y bisexualidad en Michoacán

Trabajo doméstico

Informar para transparentar

Identidad trans

Agenda legislativa 15-18

Derecho a la diferencia

Lo privado no debe volverse público

La cultura y el desarrollo

Debatamos Michoacán

ITS y el condón

Corte Interamericana, movimiento social y matrimonio igualitario

Silvano y la agenda de la dignidad humana

Laicidad

Afrodescendientes, ¿dónde están?

Hablar de los derechos humanos

Jurisprudencia 43/2015, Iglesia católica y discurso político

Jurisprudencia 43/2015

\"Cuarto Aniversario de la reforma constitucional en materia de derechos humanos\"

Intolerancia

¿El closet institucionalizado?

17 de mayo

Homofobia, democracia sexual o diversidad

Homofobia, democracia sexual o diversidad

El ombudsman

Discriminación racial

¿Quiénes son los grupos vulnerados?

Femicidio o Feminicidio, ¿cuál?

Cero VIH

Bioética, persona y sociedad

Transgresores en Morelia

Armonización

Vasco de Quiroga, salud y ciudadanía

Bando de Buen Gobierno Churintzio

Alondra y Quimi en Arteaga

El liderazgo de la discapacidad

Pedro en Tuzantla

Holocausto

Investigación

Consejo Municipal de Igualdad

Niños y niñas

El odio

La diferencia de trato social

Los derechos humanos

1 y 3 de diciembre

Agenda CNDH 2014-2019

Jóvenes por la Paz en Cuitzeo

Política antidiscriminatoria