Aquiles Gaitán
Metamorfosis
Lunes 9 de Febrero de 2015
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Nada es más difícil que escribir con originalidad del amor, de las mujeres o de la muerte por citar a Schopenhauer, también de la belleza, del hambre, de la libertad o del poder; para lograr cierta dosis de originalidad, hay que olvidarse de todo lo escrito sobre el tema y sin olvidar la razón, dejar hablar al corazón, dejar escribir al corazón y poder encontrar las palabras precisas que construyan las imágenes que se quieren transmitir; nos impulsa a escribir, ese deseo de hacer saber las razones de nuestro pensamiento, los anhelos de ser y hacer, las observaciones sobre la conducta humana o las decisiones de los gobernantes que a todos nos afectan, nos alegran o nos deprimen, nos indignan o entristecen, nos desilusionan y dan ganas de pedir la devolución de la boleta de las votaciones para hacerla añicos. Las ideas se esparcen con el viento, pero también se disipan, se hacen viento, pero, invariablemente, son el impulso de las sociedades humanas que inventan nuevas formas de organización, que descubren nuevos artificios de vez en cuando, cada 100 años. Vivimos el presente; ni aferrados al pasado, ni apostando al olvido, ni a vanas ilusiones, ni adelantando el futuro pidiendo prestado, viviendo de lo prestado, gastando alegremente lo prestado, porque el futuro nos alcanza para exigir los pagos incuestionables; tampoco podemos vivir en un espacio sin tiempo, esa abstracción sólo se condensa en las teorías científicas, vivimos en el espacio y el tiempo que nos ha tocado vivir, donde hoy, el castillo de naipes se desploma, con un golpe de viento por la turbulencia causada por las reformas estructurales, el precio del petróleo, una casa blanca y 43 finaditos, los recortes al gasto público son la consecuencia y el aplauso no se hizo esperar, ¿aplauso? Bueno, un día asistí a un sepelio y todos aplaudieron en el entierro, le aplauden a los novios en el templo, al comisionado en su despedida, al niño del presídium que representa a una escuela, es como el club de los elogios donde todo se hace rutinario, bien o mal, aplauso; desgracia o éxito, aplauso; buen discurso o mal discurso, aplauso; buen gobierno o mal gobierno, aplauso; un aplauso para cada ocasión, hoy el aplauso es por los recortes al presupuesto por 124 mil millones, que no van a llegar a las arcas públicas, se aplaude en todos lados, menos cuando los periodistas en una rueda de prensa dejan en lugar de los aplausos que hable el silencio “ya sé que no aplauden”.
Como ya no llegó a su fin el afán reformista, que se frena frente a la realidad, los ímpetus imperiales han tomado su nivel, el optimismo se percibe precavido, ¡hasta cansado! Todo pasa, todo cambia, todo es según el cristal con que se mira, al seguir en el viaje de mover a México, la pregunta sería ¿hacia dónde?; montarse en el caballo del gobierno federal y capitalizar sus logros sería un suicidio político, más aún, si estas elecciones se convierten en un referéndum que pida cuentas del movimiento de México que tanto se pregona, aun, con el escrutinio público del recién nombrado y cuestionadísimo secretario de la Secretaría de la Función Pública. Los michoacanos están asoleando la pólvora para las campañas políticas, la nueva comalada de candidatos está lista para empezar el jolgorio, nadie tiene el triunfo asegurado; hay una gran incertidumbre que nos abruma y acongoja, las ideologías están perdidas, aquí juegan las personas, las personalidades, el encanto que después se convierte en desencanto, al darnos cuenta de que los hombres están hechos por la mercadotecnia.
El viento sopla por donde él quiere, como que el viento mismo es el emblema de la libertad, “febrero loco y marzo otro poco”, reza el refrán de esta época del año que asocia el viento con la libertad y la locura, conceptos que son a la vez, interpretaciones de la propia naturaleza y de la naturaleza humana, extremos de los parámetros en los que nos movemos desde el nacer hasta el morir, ahí donde todo tiene un significado que se puede ver, tocar, sentir, porque somos nosotros mismos los que estamos presentes; en la locura no hay nada escondido, en la libertad no hay nada escondido, en nosotros no hay nada escondido, para nosotros mismos somos transparentes, pero ante los demás somos lo que queremos ser; hoy los políticos se enfrentan a ese dilema, entre la libertad y la locura, la transparencia o la hipocresía, en esos términos todo se convierte en un juego perverso de simulaciones y espejos, acuñando frases, predicando modelos deseados al fragor de las campañas que engatusan a los incautos y a los miembros del partido, es la creación de imágenes de los hombres sin rostro que apuestan a ganar, por obra y gracia del azar; alguien tendrá que ganar, porque alguien tendrá que ganar y en sus manos estará el destino de un pueblo, “suerte te dé Dios que el saber poco te importe”; un partido cobija los registros, un partido le inspira sus acciones, hace suya la declaración de principios como un nudo de conceptos que no entiende, pero que alienta el compromiso contraído; el querer ser por sobre todas las cosas, al calor del discurso y la sonrisa, en comidas y cenas tumultuosas, surge el delirio, el candidato está poseído por el impulso sublime, por esa fuerza inexplicable que le llaman política, que cada quien entiende a su manera, que deforma la realidad, que le hace sentirse líder de adeveras en el espacio próximo y palpable del mitin y la romería, que hace a todos patéticamente iguales, saludan de mano, gritan su nombre, sonríe, le sonríen, promete, recoge peticiones escritas, el funcionamiento real del pensamiento se vuelve surrealista; vendrá la metamorfosis, al llegar al ejercicio del poder, surgirá el déspota, surgirá el arrogante, surgirá el gacho desde el fondo del alma; tal vez un servidor público con actitud de servicio solidario y tolerante, justo y honesto, sapiente y mediador, será la excepción que confirme la regla, la linterna de Diógenes está prendida.
La creación de un nuevo Michoacán está en sus manos o en sus garras, apostaré a lo primero, a una gran alianza por la paz y la justicia, que reconcilie la libertad con la confianza, que los emprendedores imaginen lo inimaginable e inviertan sus ahorros, que vengan inversionistas extranjeros o no, pero que vengan, porque no tenemos otro sistema que el capitalista, ni más ley que la oferta y la demanda; que se proscriba la ley de la selva, que callen los fusiles y que los traficantes de drogas desaparezcan de la faz de la tierra; decir que florezcan las artes y los oficios es mucho pedir, pero al menos, habrá que intentarlo, habrá que intentar ese nuevo Michoacán, como lo intentaron y lo hicieron, los fundadores del Michoacán en el que hoy vivimos.

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