Samuel Maldonado B.
Repercusiones
Morelia, ciudad ruidosa
Lunes 16 de Febrero de 2015
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La ciudad tranquila que conocimos hace algunos años, ya no existe; se ha transformado en una ciudad ruidosa y no solamente por los claxonazos de los vehículos en las horas de mayor tránsito, sino también por las noches y hasta bien entrada la madrugada como consecuencia de los escandalosos sonidos que salen inmisericordemente de las muchas cantinas, bares, restaurantes y antros que pululan tanto en barrios muy pobres como en ciertas zonas aledañas a las colonias Chapultepec y anexas y otras más localizadas en cualquier barrio, ya sea en Santa María o Altozano, que estando elevadas sobre la ciudad no hay barrera alguna y dejan escapar sus tremendos ruidos sin tener, reitero, misericordia de los que aquí en Morelia habitamos.
Durante el día, no son pocos los equipos de sonido localizados en tiendas y almacenes del centro y de todas partes de nuestra ciudad, que escandalizan tan fuerte como si los morelianos estuviéramos sordos. Cabe señalar que aún no lo estamos pero de continuar esta situación lo estaremos más adelante.
En forma particular el ser humano disfruta cuando escucha ciertos ruidos, como pueden ser el correr del agua serpenteando en cañadas o ríos, o en su caída en las cascadas por ejemplo; o bien, cuando está atento y percibe la música de cualquier tipo (clásica, canciones rancheras, boleros), o cuando asiste a un concierto de órgano, etcétera, pero cuando éste sobrepasa ciertos decibeles, por naturaleza propia el ser humano lo que hace para protegerse es taparse los oídos con las manos y así disminuir el ensordecedor ruido.
En el campo, quién no disfruta el escuchar el croar de las ranas o sapos, o el sonido que hacen los búhos (señalando de paso que tienen un excelente sistema auditivo) o las lechuzas por las noches o, por las mañanas el gorjeo de los pájaros.
No hay lugar en el mundo en donde el público no acuda a conciertos de música clásica o de tamborazos y disfruta con éstas, pero cuando de ruidos se trata y los mismos sobrepasan con creces los decibeles tolerados por el oído humano, el ruido lo enferma a uno.
Morelia pues, independientemente de los gases emanados de automóviles, cocinas, gases de chimeneas industriales, etcétera, es una ciudad que día a día se contamina más y predominantemente por el ruido que está clasificado técnicamente como un sonido no deseado muy invasivo y no obstante, poco reglamentado se encuentra tal vez por ser invisible.
Diferentes autoridades del Estado, poco interés han demostrado para disminuir y controlar el ruido dentro de los límites sanitarios estipulados internacionalmente. Este contaminante que no se ve pero que sí se oye, es muy dañino y científicamente está certificado que cuando sobrepasa ciertos límites altera el sistema nervioso, provocando insomnio e induciendo al suicidio. Internacionalmente se han dado casos frecuentes de accidentes automovilísticos provocados por la no detección de avisos sonoros de peligro. Además, recientes estadísticas nos dan cuenta de que el quince por ciento de jóvenes a nivel mundial han perdido capacidad auditiva debido al fuerte volumen con el que escuchan sus equipos de sonido.
En esta materia como en otras relacionadas con la contaminación, a los gobernantes parece no preocuparles este enemigo invisible pero muy peligroso que puede provocar severas enfermedades nerviosas y que lesiona el derecho a la tranquilidad.
El “aire, el medio ambiente” es un bien público y aun cuando no pertenece a nadie es privativo de la sociedad y por transmitirse el ruido por el aire, tienen los poderes legislativos la obligación de legislar en esta materia y al Poder Ejecutivo atender, vigilar y castigar a quien viole la reglamentación al respecto.
Cabe señalar que la Organización Mundial de la Salud estipula como límite superior el valor de 70 decibeles. Superior a este dato, el sonido puede provocar trastornos que van desde lo psicológico a la sordera. En México, el límite superior como nivel de confort, se sitúa en 55 decibeles y si un vecino de usted lector, genera ruido por arriba de ese valor puede levantar una denuncia con la seguridad de que las autoridades no harán absolutamente nada.

Sobre el autor
Samuel Maldonado Bautista Editorialista en La Voz de Michoacán, Buen Día y Cambio de Michoacán. Diputado Federal (1997-2000); Coordinador de Política Interior de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados; Vocal Ejecutivo de la Comisión Ejecutiva para el Desarrollo de la Costa Michocana en el gobierno del Estado (2000); Director General del Conalep, Mich. Gob. de Lazaro Cárdenas Batel.
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