Aquiles Gaitán
Carta abierta a mi tierra
Lunes 16 de Febrero de 2015
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En estos momentos se están produciendo millones de kilos de desechos materiales por todo el mundo, millones de litros de agua residual, doméstica e industrial, millones de metros cúbicos de gases que afectan la capa del ozono y reducen día a día, los casquetes polares, como día a día se derrumban los bosques y selvas, no sólo del Amazonas sino en Michoacán, por supuesto, y en todo el mundo por la acción del hombre en pos del ansiado desarrollo económico o la simple depredación, las minas a cielo abierto destruyen simplemente todo y dejan sitios de desolación, sin cumplir las condicionantes ecológicas que les obligan a restituir los suelos, los lagos se mueren asfixiados, los ríos agonizan, la fauna silvestre está en extinción, los paisajes cambian, las áreas naturales protegidas en México son un mito genial; este simple diagnóstico, no quiere parodiar el discurso de García Márquez, llamado “El cataclismo de Damocles”, aquel fue brutal en contra del armamentismo atómico “un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los seres humanos habrá muerto, el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar, y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo”.
Michoacán desde siempre ha estado asociado con la belleza, con lo bello, con los lagos, las montañas, los llanos, los bosques, las playas, los ríos y arroyos, los ojos de agua, las cascadas, con la naturaleza pródiga y prodigiosa, pero esa misma naturaleza pródiga y prodigiosa está contaminada por los desechos de los hombres, está destruyéndose poco a poco, día a día, por sus desechos, por hombres que talan y talan los bosques sin misericordia, sin más razón que la de hacer negocio.
¿Acaso no es un crimen tirar drenajes sin tratamientos a los lagos, ríos y arroyos?, aquí sí, como en la canción de “Caminos de Michoacán”, “Pátzcuaro y Villa Escalante, también Ario de Rosales” y La Huacana y Churumuco, y Lázaro Cárdenas y Tepalcatepec, y Apatzingan y norte y sur, y oriente y poniente, las plantas de tratamiento en la mayoría de pueblos no existen y las que hay, o están descompuestas, o mal hechas o no las prenden por no pagar la energía eléctrica, o no limpian toda el agua, ni Morelia, ni Uruapan con su bella cascada de drenaje llamada La Tzaráracua, el ojo de agua de “La rodilla del diablo”, donde nace el Cupatitzio, con un puesto de elotes cocidos, otro de quesadillas y otro de fruta rebanada a escasos siete metros de su orilla, ¡claro!, más vendimias en cada cenador y en la monumental entrada y salida.
Hay un instrumento de planeación llamado ordenamiento ecológico territorial y existen los programas de manejo que se aplican a las unidades de manejo ambiental, ¿no podrían aplicar estos instrumentos a todo, todo es todo, el estado de Michoacán, uno por municipio bajándolo a tenencia y rancho? Aprovechemos la buena disposición y voluntad manifiesta del gobierno federal, para que se ocupe de la ecología, así como le hace con la seguridad y aplique el mando único para efectos del ordenamiento ecológico territorial, pues así como la seguridad tiene facultades concurrentes con el estado y los municipios, precisamente en el territorio nacional que finalmente es estatal y municipal; la contaminación organizada tiene a los municipios totalmente rebasados, además, sin dinero para hacer frente a las soluciones que se demandan con relación a la recolección, tratamiento y destino final de la basura, cada pueblo con su basurero y sus lixiviados, los desechos de demoliciones y por supuesto, los drenajes. Del aire ya no me ocupo, porque tal parece que a nadie le importa, ni Cepamisa, ni la Siderúrgica, ni las tabiqueras, ni los pollos asados de la esquina, pero de la basura y el drenaje habrá que preocuparnos o poner letreros en Pátzcuaro y Cuitzeo, “lagos contaminados” en ríos y arroyos, “agua contaminada”, al entrar a Michoacán, “territorio contaminado”.
Hoy se levantan las voces por la subida a Santa María, pues qué le vamos a hacer, con tanta gente allá arriba, que sube y baja, dos o tres veces al día, ni con el túnel famoso, ni la ampliación de la actual subida, ni el libramiento, ni con puentes fantásticos se daría solución satisfactoria al problema vial, no podemos mantener el territorio en las condiciones de cuando existía el paraíso terrenal, aquí está viviendo el hombre y su presencia altera su entorno, habrá que destruir para construir, pero habrá que ser amigables con el medio ambiente, so pena de llegar a ser un Distrito Federal en chiquito. ¿Cuánto destinan a la construcción y cuánto a las medidas de mitigación de los impactos ambientales?, la relación debe ser directamente proporcional; en Altozano arrasaron las encineras, ¿y qué aportaron?, la inmensa plusvalía de los terrenos debe compensar los impactos ambientales, ¿acaso tienen plantas de tratamiento?
¿Y la belleza dónde está?, hasta la flor más bella se marchita, eso es incuestionable, pero podemos retardar su deterioro, asimismo, como podemos preservar nuestros recursos naturales para las generaciones venideras. ¿Cómo hacerle? He ahí el problema, tal vez sea un problema de conciencia, de educación ambiental, de política pública, de dinero para invertir, pero los problemas tienen soluciones y habrá que encontrarlas o nuestros pueblos se llenarán de basura, drenajes y agua contaminada independientemente de los delincuentes y los puestos de tacos a las 3:00 de la mañana.
Es el diagnóstico de una muerte lenta, sistemática, la del envenenamiento de pequeñas dosis que más temprano que tarde, acabarán por condenar al medio ambiente; la fragilidad de Michoacán es evidente, la tierra está débil, la mirada triste, el cuerpo delgado, la movilidad penosa, con un ligero temblor en sus manos otrora poderosas, como si su ciclo de vida estuviera por llegar a su fin, sin esperanza ninguna.
La geografía galáctica, sus conglomerados, sus filamentos, “el remolino”, “el sombrero”, “la Vía Láctea”, etcétera, sus choques, sus fusiones, la eterna transformación, un simple millón de años luz, nos hacen pensar en la nimiedad de este planeta, en este lugar, donde la luz de la Luna nos hace soñar, en este pedazo de mundo llamado Michoacán, en el que además de la amenaza ecológica, se tiene la amenaza de la materia oscura del deterioro social y una paz sin justicia, cada vez que tenemos la respuesta a un problema, encontramos más problemas, sin embargo, habrá que enfrentarlos con conciencia ecológica, haciendo que ésta forme parte de nuestra cultura, antes de llegar a los extremos de cambiar el rumbo de la evolución, cito para terminar nuevamente a García Márquez: “Un invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirá el tiempo de los océanos y volteará el curso de los ríos, cuyos peces habrán muerto de sed en las aguas ardientes, y cuyos pájaros no encontrarán el cielo. Las nieves perpetuas cubrirán el Desierto del Sáhara, la basta Amazonia desaparecerá de la faz del planeta, destruida por el granizo, y la era del rock y de los corazones trasplantados, estará de regreso a su infancia glacial”. Me despido lleno de nostalgia cantando “Lindo Michoacán, no te puedo nunca olvidar…”.

PD. Mañana Miércoles de Ceniza, le mando una sonrisa a mi mamá Adelita, donde quiera que esté.

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