Gerardo A. Herrera Pérez
Debatamos Michoacán
Alondra y Quimi en Arteaga
Miércoles 25 de Febrero de 2015
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Hace unos días estuve en una de las regiones consideradas de alta marginación e inseguridad, si así es, estuve en Arteaga, Michoacán. De Morelia a Arteaga no hay gran distancia, en tres horas y media se está en la cabecera municipal. Al salir de la autopista, en la caseta de Las Cañas y rumbo a la cabecera municipal de Arteaga, se pasa por diversas rancherías, entre ellas La Chucupusera y El Espinal.
En La Chucupusera, expresión de la comida regional tierracalenteña, se ofrece al público diversidad de platillos, entre los que destacan el aporreadillo, la cecina y la guarnición de frijoles refritos, que acompañada de tortillas recién hechas en prensa de mano nos plantea la riqueza gastronómica por la que ha sido reconocido Michoacán en el ámbito internacional.
La sinuosa carretera desde La Chucupusera hasta llegar al plan de la cabecera municipal, asiento de los poderes públicos en Arteaga, nos da la oportunidad de dimensionar el trabajo que su sociedad en el día a día construye para permanecer en esta región.
Al llegar a Arteaga nos encontramos con una glorieta, que orienta al visitante a la salida a Tumbiscatío, o bien a la entrada del pueblo o a conocer el generoso boulevard que fue construido en los campos de aviación utilizado en los años 50 para mejorar la comunicación entre esta zona y Uruapan.
En la mañana, el boulevard es utilizado por decenas de jóvenes, niños, niñas y adultos mayores que al hacer ejercicio se dan la oportunidad de caminarlo o de recorrerlo corriendo; o bien, de disfrutarlo por las tarde y fines de semana entre familia para convivir, comer y cohesionar a las familias de Arteaga. Al finalizar el boulevard se erige como muestra de la importancia que tuvo la pista de aviación un monumento en el cual, sobre una columna se aprecia un avión tipo Cessna, donde lugareños y visitantes se acercan para tomar fotografías. Sobre el boulevard se encuentra el área deportiva y también el panteón que erige impresionantes construcciones que albergan los restos humanos de quienes son oriundos de esta bella tierra.
Hacía años que yo no regresaba a Arteaga, la última vez que estuve por aquella zona fue tal vez en los años 80, cuando conocí a doña Paula y a su esposo, generosa familia que me albergó siendo yo un joven funcionario de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y que realizaba actividades para levantar la primera Encuesta Nacional para la Sociedades Cooperativas.
Arteaga ha crecido, tiene diversos centros escolares, entre los que se destacan las unidades de educación para la formación de docentes de educación básica y de preescolar. También están presentes y trabajando los centros escolares de preescolar, primaria y secundaria.
Asistí a una de las dos secundarias de la cabecera municipal, a la Secundaria José Vasconcelos, tuve la oportunidad de conocer a su director, el profesor Tomás Jiménez Gómez, quien desde luego, con gran apertura, permitió que dirigiéramos un mensaje sobre el acto educativo y los impactos que se generan en favor de la población y la importancia de sustentar dicho acto educativo sobre valores, principios y virtudes sociales. Bajo la sombra de un generoso árbol plantado en el patio de la escuela y ante la presencia de al menos 240 jóvenes, personal docente, autoridades y personal administrativo, pudimos expresar la grandeza de esta tierra michoacana y de sus potencialidades que deben transformarse al unísono con las y los jóvenes que ahí se forman.
Cabe señalarse que el edificio de la escuela aún se encuentra en construcción, faltan salones y un espacio para albergar a los directivos y personal docente; pese a ello, lo más importante es que su personal trabaja con pasión y emoción para formar a las nuevas generaciones.
También estuve en la Normal de Preescolar, ésta se ubica a un costado del boulevard y comparten en una misma zona con una de las dos secundarias que trabajan en Arteaga. Ahí también tuve la oportunidad de conocer y comunicar con los alumnos y alumnas de la Normal un mensaje de paz para la convivencia social.
A través de diferentes formatos para la formación de estos jóvenes, compartimos saberes de mí para ellos, de ellos para mí. La educación no puede ser sólo vista a la luz de lo que el docente comparte, sino de lo que en un ejercicio de análisis de textos y de la realidad, así como de la reflexión teórica y epistemológica se construye conocimiento. De esta manera, con jóvenes como Alondra, Arquímedes, o como sus compañeros le dicen, Quimi, entre otros más, reflexionamos sobre la paz, la convivencia, los valores, los principios y las virtudes sociales; también analizamos la participación de los grupos vulnerados en la formación educativa; de igual manera participamos en las reflexiones de las cuestiones de discriminación y violación a los derechos humanos, así como lo que tiene que ver con la diversidad sexual y los alcances en los mecanismos de violencia y acoso escolar por cuestiones de ideología.
Los alumnos y las alumnas de la Normal, específicamente del segundo semestre, es gente sencilla, gente noble, gente que está ávida por comprender su realidad social y transformar su entorno. En cada uno de los ejercicios que realizábamos, en cada uno de los dibujos que compartían, así como en cada una de las conclusiones que se presentaban en el trabajo con pequeños grupos, nos dimos cuenta de esas grandes capacidades y talentos que tienen nuestros jóvenes michoacanos para precisar sus aspiraciones en la transformación de nuevas realidades sociales en favor de sentar las bases del respeto a los derechos humanos de las y los niños.
Sólo en uno de los cuatro talleres realizamos sociodramas, uno de ellos vinculado con las brechas generacionales y las asimetrías de diferencia de trato social; el ejercicio que preparó uno de los equipos fue interactuar entre seis compañeras, tres serían las abuelas y tres, las nietas; ellas discutieron sobre los procesos culturales que enraízan prejuicios, estigmas y estereotipos y que sustentan ideologías y que están en estos momentos generando serios problemas de integración social, cuando vemos aún cuestiones de androcentrismo, de misoginia, xenofobia, clasismo, homofobia, neocolonialismo, todo ello hoy combatido por nuestros marcos jurídicos.
Ahí mismo tuvimos la oportunidad de compartir un conversatorio con el personal académico, acompañados con la subdirectora académica, Elizabeth Sánchez Valencia, y su director el maestro Melchor Soto Ramírez. En el conversatorio comentamos la importancia de evitar la diferencia de trato social que en sentido estricto genera discriminación y violación a los derechos humanos, hablamos acerca de los grupos vulnerados y de la importancia de que en los espacios públicos como la escuela se forme un pensamiento sustentado en los valores sociales, como la igualdad, la libertad y el respeto a la dignidad humana.
Finalmente y como parte de este acercamiento para la construcción de acuerdos para la cohesión social y el respeto a la dignidad humana, facilitamos un curso de capacitación a personal institucional del Ayuntamiento de Arteaga. Ahí compartimos con las regidoras, la síndica y el presidente municipal, José García Cuevas, y el personal, las modificaciones y adiciones a los marcos jurídicos estatales que deben ser utilizados en el ejercicio de la función pública.
De esta manera se comentó de la importancia de cumplir con las responsabilidades de la ley para los trabajadores al servicio del Estado y los municipios de Michoacán, así como la Ley Orgánica Municipal de Michoacán en materia de generar la capacitación y formación de los servidores públicos para evitar los actos de discriminación y fortalecer un servicio público con respeto a la dignidad humana de la población.
Deseo agradecer a quien me acompañó en esta aventura, al ingeniero Víctor Zacarías, hombre de prestigio en la zona, con responsabilidades en materia del desarrollo social y de tradición familiar en aquellas tierras, así como a Oliver Antonio, joven respetuoso que con responsabilidad cumple con su servicio público.

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