Aquiles Gaitán
Vasco de Quiroga, ni mártir, ni héroe
Martes 17 de Marzo de 2015
A- A A+

Ni mártir, ni héroe, simplemente un gran hombre de su tiempo que desde su coherencia, de pensamiento y acción, de talento y creatividad, supo concebir las soluciones que en su momento resolvieron los problemas a los que tuvo que enfrentarse Vasco de Quiroga, con el impulso de las utopías de aquel entonces, particularmente de Tomás Moro y su reino de utopos que establece el derecho comunal, fundó dos instituciones bajo un modelo revolucionario de seguridad social, los hospitales pueblo de Santa Fe, uno en la parte alta de Tacubaya, al poniente del Distrito Federal, desde donde se divisa el Valle de México y otro el Hospital Pueblo de Santa Fe de la Laguna, hoy tenencia de Quiroga. Conozco las dos edificaciones, en ellas está, en la de Tacubaya, en frontispicio del templo y en el de la laguna en los pilares de la entrada al atrio, el escudo de armas de don Vasco, que es el escudo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, desde que don Vasco fundó en Pátzcuaro el Colegio de San Nicolás.
Como nicolaita, soy un admirador y favorecido después de centurias, de su obra educativa; su figura, su recuerdo, su culto y pleitesía, necesariamente se comparten con la Iglesia católica a la que él perteneció, tanto los nicolaitas como la grey católica coinciden en que es justo y necesario, cada quien a su manera, honrarle. Pasearon lo que queda de sus huesos bajo la lluvia en Pátzcuaro, el pasado 14 de marzo, en una procesión que tiene muchos significados, pero que nos une en el propósito, en el reconocimiento, en el cariño que por generaciones se ha venido tributando al varón sin igual. Seguramente será beato y hasta santo y por supuesto, dignificará sin lugar a dudas los altares, como dignifica nuestro colegio, a la Universidad y a las comunidades indígenas que mucho le deben.
Antes de la llegada de Vasco de Quiroga, la efervescencia de la conquista de la Nueva España todavía no desaparecía, la lucha por el poder entre Cortés y Nuño de Guzmán desembocó en un juicio de residencia contra Cortés, sus alcaldes mayores, lugartenientes, oficiales y tesorero. La primera audiencia en manos de Nuño de Guzmán desató los atropellos, los despojos, los asesinatos, las violaciones, el esclavismo y la persecución de los contrarios; fray Juan de Zumarraga estaba dedicado a la evangelización, la Virgen de Guadalupe hacía su presencia en estas tierras.
Ante la situación provocada por Nuño de Guzmán, el Consejo de Indias y la Reina nombraron al primer virrey, don Antonio de Mendoza y una segunda audiencia que replanteara la organización social de las tierras conquistadas.
En enero de 1531, llegaron los oidores de la Segunda Audiencia de Nueva España, Juan Salmerón, Alonso de Maldonado, Francisco Ceynos, Vasco de Quiroga y como presidente el obispo Sebastián Ramírez de Fuenleal. En medio de muestras de júbilo y regocijo por las esperanzas que despertaban contra las atrocidades de Nuño de Guzmán y sus secuaces, así llegó la Segunda Audiencia, que definió su política a favor de los indígenas, los tributos hoy impuestos, fueron limitados, el trabajo excesivo prohibido, igual que la esclavitud, pues se dispuso que nadie trabajara en contra de su voluntad y sin retribución, ni como bestias de carga; se establecieron alcaldes y regidores para la administración de justicia en las principales ciudades y pueblos de la época. Ahí se distinguió Vasco de Quiroga, en buscar para los conquistados su libertad y un trato humano, bajo la perspectiva de una audiencia orientada a los negocios judiciales derivados de la explotación del sistema de encomiendas.
Cuando la audiencia fue autorizada a realizar visitas a las provincias, el oidor Vasco de Quiroga visitó Michoacán y a sus pobladores, particularmente los purépechas. Al fijarse los límites de la jurisdicción, el gobierno de la audiencia dividió la Nueva España en cuatro obispados, que fueron el de Michoacán, el de México, el de Goatzacoalco y el de las Mixtecas. Vasco de Quiroga en su calidad de oidor, fue designado en 1539, al cargo de obispo de Michoacán, donde se distinguió de los otros obispados por llevar a cabo la política de protección hacia los indígenas y en contra de los atropellos de los conquistadores.
No hay que olvidar el atropello y el genocidio de Nuño de Guzmán, contra el pueblo purépecha, en Tzintzuntzan, donde reclutó diez mil indígenas para utilizarlos como tamemes, es decir, esclavos para cargar sus pertenencias y cosas y exigió, como era su costumbre, mujeres y oro; aun cuando los de Tzintzuntzan lo recibieron en son de paz, Nuño traía secuestrado y preso al Calzontzin desde México, el secuestro del Calzontzin le costó a los purépechas 800 tejuelos de oro de ½ marco cada uno y mil de plata de un marco. Nuño se lo llevó junto con los prisioneros en su recorrido de conquista hacia el occidente, buscando sacarle más riquezas al llegar a lo que hoy se conoce como Santiago Conguripo, lo martirizo quemándole los pies, arrastrándolo con un caballo y finalmente quemando sus despojos para arrojar sus huesos calcinados al Río de la Purificación, algo así como lo de Ayotzinapa para que no quedaran evidencias, base de alguna acusación.
El obispo Vasco de Quiroga organizó la iglesia y la ligó con las causas más nobles de la sociedad, la protección de los desprotegidos, la educación, la salud y los oficios para ganar el sustento.
Hoy y aquí ¿Qué estamos haciendo con la herencia cultural de Vasco de Quiroga?, los oficios se han vuelto artesanías sujetas a la ley de la oferta y demanda, al mercado feroz de la competencia tecnológica, que las hace ver, por su falta de diseños actuales, de calidad y atinada comercialización, como algo folclórico, propio de tiempos que ya se fueron; es cierto, hay un programa del gobierno estatal que atiende como puede la comercialización de artesanías, sí, esas que vienen desde don Vasco, es grande el esfuerzo pero no es suficiente, deben ser los tres vasos comunicantes que se atiendan, diseños actuales, calidad y comercialización atinada. En algunos casos será rescate, en otros extrema unción, la industria de la curtiduría y la talabartería en Michoacán está en extinción, la de la herrería está en extinción, la de los tejidos de lana llamados gabanes está en extinción, la del maque de jícaras y bateas está en extinción, la de las máscaras y labrado de madera está en extinción, el tejido de sombreros está en extinción, la del labrado de cantera está en extinción, la del labrado de metates y molcajetes está en extinción, las escuelas de agricultura prácticas están en extinción, ¿dónde enseñan a cuidar las huertas frutales? ¿Dónde a criar animales domésticos? ¿Dónde a cultivar la tierra? La visión de Vasco de Quiroga se está borrando con el tiempo y así como vamos, cuando se cumplan 500 años del fallecimiento, todo habrá terminado, si no hacemos algo; ¿los municipios? No tienen dinero, y ¿el gobierno estatal? Tal vez, pero tampoco tiene dinero, pero tampoco tiene imaginación para emprender acciones bajo el esquema ese que le llaman pequeñas industrias, ¿o no son pequeñas industrias los oficios?, ¿no podrán aplicar un programa de calidad a la fabricación de artesanías?, ¿no podrán aplicar un programa de nuevos diseños acordes al mercado a la fabricación de artesanías?, la alfarería, los juguetes, en general todas las ramas artesanales, son susceptibles de modernizarse y generar empleos y utilidades. El gobierno federal con el INAH y el Fondo Nacional de las Artesanías poco hacen, ya hasta La Huatápera de Uruapan, el sitio preciso donde murió Vasco de Quiroga, está en sus manos y prohíben la entrada a los purépechas, en un recinto que por 500 años ha sido su refugio cuando van a Uruapan. Hay mucho qué hacer, pero hoy simplemente recordemos a Vasco de Quiroga como el hombre excepcional que vivió entre los michoacanos de sus 67 a los 95 años, una vejez ejemplar, por sus acciones en favor de los michoacanos originarios de esta tierra, particularmente de los purépecha y por haber organizado instituciones educativas, religiosas, de justicia, de salud, de oficios y creación de empleos cuyos frutos podemos todavía cosechar en nuestros días.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

El pájaro

El sol de la mañana

La catrina

Nuestra cultura

El abismo

Recuerdos a la luz de la luna

El ensueño

El castillo

¡Viva la farsa!

¡Viva la farsa!

Los espejos

A los pobres

¿Dónde estás, confianza?

El reverso del júbilo

¿Dónde está la Patria?

Auditoría forense

El Manos

La nada

El caballo de Atila

En manos de 113

Reina por una noche

Día del padre

Para que no se olvide

La manzana

Los pasos perdidos

El atole con el dedo

Foco rojo

La organización

Mayo florido

¿Cómo quieres que te quiera?

Nada ha cambiado

Las conciencias

La primavera

La ilusión

A nadie le importa

Pan y circo

El buey

Los rostros verdaderos

Los mercaderes

Las palabras

¡Viva la farsa!

Las manos temblorosas

El corral de la patria

Los mansos corderos

Las pedradas a la luna

Un abrazo amoroso

¡Viva mi desgracia!

¡Aquí nadie se raja!

La leve sonrisa

Desarrollo con justicia social

El rapazuelo triste

El cambio de Michoacán

El arca de Noé

Día de Muertos

Dialéctica social

La luna de octubre

En el desierto

¿Entierro o incineración?

Derroche de optimismo

El elefante

Los atenazados

La tetilla izquierda

Hasta el copete

Los cuervos

Las nubes

La imaginación

El último recurso

El principio y el fin

Las calenturas ajenas

Un nuevo país

¡Esta es su casa!

Nacionalismo como alternativa

La inquisición

Sin remedio

La última palabra

Bajo el palio

Los miserables

El tañer de la campana

La libertad del llano y la historia mentirosa

A 400 años, recordando a Cervantes

Los buenos deseos

El Caos

¡Soñemos muchachos!

Eternamente agradecidos

El nuevo evangelio

¿Por dónde comenzamos?

Entre el llanto y la risa

Los cascabeles

Los factores del poder

Desde el corazón

La espiga solitaria

El galope despiadado

La tierra de nadie

La catástrofe

El manantial

Carta a los Santos Reyes

Amor y odio

¡Feliz Navidad!

Los ojos cerrados

El enigma

El granito de arena

Los elegidos

El cariño y el rigor

Una canción desesperada

El disentimiento

El abrazo amoroso

La reencarnación

Ramón Méndez

La rebanada de pastel

El gallo muerto

El soñador

¡Viva la libertad!

El cuarto vacío

El primer día

A mi manera

El ocaso

La farsa

Aquí no hay quien piense distinto

La Luna de queso

¡Arriba Apatzingán!

Las fumarolas

Los “vurros”

El tesoro

El único camino

Los dioses vivientes

Compañeros nicolaitas

El día de la verdad

Nota de viaje

La vaca sin leche

Nosotros mismos

Nosotros mismos

¡Desde arriba, hasta abajo!

La locura

Los pescadores

La divina comedia

Vasco de Quiroga, ni mártir, ni héroe

La primavera

Honor a quien honor merece

El modelo deseado

Carta abierta a mi tierra

Metamorfosis

A mi manera

La movilidad social

Felices para siempre

Levantando bandera

¡Feliz Navidad!

El Titanic

La felicidad

El caballo brioso

La revolución michoacana