Carlos Enrique Tapia
Migración México-EU
Arrogancia y autoritarismo
Miércoles 18 de Marzo de 2015
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Extraño inicio de semana. A partir de una querella artificial, engañosa, la empresa MVS despidió a Carmen Aristegui. Como en las redes sociales se debatió, la mañana del lunes los mexicanos perdimos un espacio crítico, ciudadano. Escuchar a esta mujer que le apuesta al derecho a la información y la libertad de expresión nunca fue un desperdicio.
La arrogancia y la restauración autoritaria nunca han sido tan evidentes. Es falsa la disyuntiva que algunos periodistas oficialistas han planteado: libertad de expresión o libertad de empresa. Dónde queda el derecho a la información, cuando las élites políticas y económicas pretenden que los ciudadanos escuchen o vean shows noticiosos anodinos.
No es como un locutor de la misma empresa afirma, un conflicto empresarial y comercial. Tampoco es un asunto de ego. Un periodista que se respete a sí mismo no acepta que le digan qué, cómo y cuándo decir, como supone ese estridente e histérico locutor que acusa a Aristegui de intransigente. La libertad de expresión es intransigente, le guste o no.
Sin duda, pierde la ciudadanía porque México no vive en democracia. Es una caricatura de la transición autoritaria; normalizar y uniformar expresión e información con el formato del duopolio televisivo y la prensa oficialista. No pasa nada, país de telenovela, de shows mediáticos, locutores mediocres, agradecidos con sus jugosos cheques.
La arrogancia es la forma del fondo. La postura de MVS contra Carmen Aristegui es una toma de posición contra el derecho a la información y la libertad de expresión. Presentar el conflicto como “pérdida de confianza” es intentar justificar el alineamiento de una empresa cuya única respuesta fue arremeter contra el periodismo crítico.
En el México contemporáneo, espacios noticiosos y críticos como el de Aristegui no existen, y las audiencias, esa categoría neoliberal y mercantilista para desvanecer a la ciudadanía consciente y crítica, le apuestan al derecho a la información y la libertad de expresión, mientras las élites económicas a mimetizarse al gobierno por privilegios.
A MVS se le han negado, empresarialmente hablando, con Felipe Calderón, un personaje impresentable por abusivo y antidemocrático, múltiples oportunidades, en parte por sostener a un personaje crítico y cuestionador del poder y los privilegios. Las demás emisiones noticiosas son lambisconas y no merecen el apelativo de críticas.
Por ello, la relación con un proyecto, necesario y urgente, como Mexicoleaks, cuestiona las pretensiones empresariales de MVS, legítimas por cierto, pero el hecho de que haya escogido abrir una querella pública con su principal activo crítico, el cual le daba credibilidad entre esas amorfas audiencias, sepulta sus intenciones alternativas.
Efectivamente, MVS, en el contexto de la arrogancia y el autoritarismo gubernamental y partidista, es prescindible. La licitación favorable a dos grupos empresariales conocidos por sus vínculos con los gobiernos federales en turno no auguran competencia con el duopolio televisivo, sino una continuidad avasallante y perversa.
Defender a Carmen Aristegui es defender lo ganado: el derecho a la información y la libertad de expresión están en el centro de un conflicto artificial, promovido por la restauración autoritaria del poder político. La arrogancia de las élites políticas y económicas contra la democratización y los derechos de los ciudadanos.
Como parte de esta abusiva arrogancia y el retorno del autoritarismo, es de destacarse cómo una mayoría senatorial impuso a Eduardo Medina Mora como ministro de la SCJN; otra arrogancia del Senado mexicano, Enrique Peña Nieto, PRI-PAN-PVEM, y las élites políticas y económicas. A pesar de los cuestionamientos, se le obsequió el cargo.
Otro insulto a los mexicanos. Diversas organizaciones, analistas, intelectuales y medios críticos documentaron la no idoneidad del personaje, quien realmente es un obsequio al PAN, partido que apoya, y es cómplice, de las acciones y políticas del PRI, buena parte de las cuales violentan el bienestar de los mexicanos. La Ley del Agua tiene permiso.
El PRD aprobó, con sus ausencias, cercanías al gobierno federal y el PRI, esta imposición, convirtiéndose en cómplice, además de apostarle a recibir algún privilegio similar en otro momento. Lo que observa la ciudadanía es una camarilla partidista que no le interesa la gente, que está al servicio del poder político y económico.
La arrogancia caracteriza a este gobierno priista. Supone que el atraco a los recursos naturales, al trabajo, a la economía familiar, a la justicia, son un triunfo. Vean si no. El señor Beltrones acusó de lento aprendizaje a los críticos, a quienes con fundamentos se oponen a la privatización de un recurso natural que violentaría el bienestar social.
Grupúsculos partidistas como el PVEM, se cobijan en el manto de impunidad y complicidad extendido por el PRI y su gobierno, con la finalidad de hacer del atraco a las políticas públicas y la inequidad electoral norma, como si su abusiva propaganda y acciones debieran transmutarse en normalidad. ¿A río revuelto, ganancia del PVEM?
Es obvio que EPN, su gobierno y partido, han decidido lanzar una contraofensiva para sanar su debacle. La imposición de Medina Mora, el rechazo a las conclusiones de la ONU sobre la tortura generalizada, los paliativos la recesión económica (la paradoja es que la economía estadounidense crece y la mexicana cae), son parte de la arrogancia.
Obviedades. 1. No es noticia que un personaje partidista o ex de algún partido chapulinee, es una práctica común de los políticos; tampoco que de autoproclamarse de esa cosa que llaman “izquierda”, aterrice en un partido conservador y de derecha. Los saltimbanquis políticos buscan “pertenecer”, “reconocimiento”, puestos, acceso al erario público (no me den, pónganme donde hay, máxima de la transición mexicana practicada felizmente por el PAN y ejemplo seguido por los demás partidos). Por ello he insistido: no hay diferencias ideológicas y políticas entre partidos y políticos, todos van por huesos, el erario público, reflectores. Todos son depredadores. 2. La prensa internacional abordó sin tapujos el despido de Carmen Aristegui: una mala noticia para México despedir a una periodista crítica (Forbes); el despido abre el debate sobre la libertad de expresión (BBC), entre otros, pero ominosamente coinciden en que la situación fue una venganza de Los Pinos por dar a conocer los conflictos de interés, las corruptelas y podredumbre de un sistema político arrogante y autoritario. 3. El oficialismo y chayotero mundo mediático (televisión, radio, impresos, Internet) no acaba de entender la idea “fue el Estado”. El “Estado” es una abstracción, eso lo saben muy bien los politólogos y cualquier científico social medianamente informado; los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial son concreción del mismo. Cuando se afirma “fue el Estado”, “fue el régimen”, se habla de los poderes, fuerzas y sectores (incluidas las élites políticas y económicas) que intervienen de múltiples maneras, en el caso de Aristegui, para acallar voces, censurar, presionar a los lacayos, secuestrar a la ciudadanía y sus derechos en favor de la uniformidad, el abuso, la complicidad, la impunidad, las corruptelas. Nadie en su sano juicio “culpa” directamente a un político u otro. Por ello, el despido de la periodista no es un simple asunto empresarial y comercial, dadas las reglas escritas o no de cómo los medios funcionan en este país. Desde las catacumbas se ordena y los lacayos deben cumplir so pena de retirarles la concesión, a menos de que sean socios privilegiados, como el duopolio televisivo.

Sobre el autor
Antropólogo social, doctor en Historia. Colabora en Cambio de Michoacán desde 1996, con una breve interrupción en 2001-2003. Se especializa en estudios migratorios, en particular la historia y problemática actual de la migración México-Estados Unidos, Michoacán-Estados Unidos, y problemas relacionados con políticas públicas, desarrollo socioeconómico, tendencias políticas y partidistas, participación ciudadana. Por ello dedica también sus columnas a entender y analizar el rumbo social, económico, político y cultural de Michoacán y México en general, desde una perspectiva crítica y ciudadana.
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