Columba Arias Solís
La ideología del pragmatismo
Viernes 27 de Marzo de 2015
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A unos días de que comiencen en el país las campañas publicitarias formales, encaminadas a posicionar a los candidatos a los diferentes cargos de elección popular que estarán en juego durante la jornada electoral que tendrá lugar el próximo 7 de junio, prácticamente están definidos los perfiles a contender a los gobiernos estatales en algunas de las entidades federativas, así como a las diputaciones federales y locales, y las presidencias municipales.
Luego de jaloneos, manotazos y desprendimientos, en todos los partidos políticos parecen estarse acomodando las piezas con las que los institutos pretenden conquistar al respetable y cosechar los votos que les permitan la detentación de los cargos del poder. En ese estira y afloja de las decisiones internas, muchas cartas han quedado fuera de la jugada y buscan por lo tanto en otros partidos el impulso que los catapulte al ansiado cargo popular, donde habrán de sacrificarse y velar por los intereses ciudadanos.
El desfile de personajes que transitan de un partido a otro sin el menor rubor; o de los que en medio de la estridencia y sus cinco minutos de fama ante los micrófonos, abandonan a sus institutos para luego con pena y sin gloria, y con una cara dura regresar en pos de candidaturas, ha sido la constante en los tiempos preelectorales y por cierto, en la mayoría de los partidos.
A lo largo del país, los brincos interpartidistas parecen estar adquiriendo su carta de residencia, promovidos por los propios partidos que en aras de acrecentar su caudal electoral, invitan como candidatos a militantes de partidos cuyas ideologías se encuentran en las antípodas de la que -al menos en sus declaraciones- sustenta el partido oferente.
Es evidente que la ideología considerada como “el conjunto de postulados y creencias cuyo objeto es justificar un determinado orden político, actualmente existente o de aplicación futura, incluyendo los métodos de acción para mantenerlo o establecerlo, respectivamente, como un elemento básico para legitimar a la autoridad y mantener su gobierno”, ha pasado a formar parte del baúl de los recuerdos de las instituciones políticas.
Así que los programas políticos, las doctrinas y los principios éticos suscritos por los partidos políticos en los documentos que les dieron sustento y cohesión como instituciones partidistas, y referente para sus fundadores y quienes como militantes los suscribieron, han sido sustituidos por la ideología del pragmatismo, que convierte en paladines de la democracia a quienes apenas en un reciente pasado fueron rudos adversarios partidistas y en algunos casos mediocres y hasta dañinos funcionarios de elección popular.
¿Cómo podrán los ciudadanos distinguir entre los diferentes partidos y candidatos? Si como advierte Marco Antonio Aranda, los partidos políticos en México se han convertido en partidos “atrapa todo”, a quienes en aras de una presunta competitividad, no les importa dar esquinazo y sacrificar la legitimización ideológica de sus principios doctrinarios para la obtención de lo que consideran un éxito electoral más grande y rápido.
Si precisamente como señala Aranda, es el estudio y el análisis de los principios doctrinarios e ideológicos que postulan los partidos, los que permiten advertir o explicar lo que el partido y/o candidato harán cuando lleguen al gobierno o se encuentren en una posición que les permita influir sobre las políticas de gobierno, ¿cómo podrá lograrse tal cometido ante la confusa mezcla de personajes y posiciones disímbolas enarbolando candidaturas que parecen imposibles?
En ese sentido, hace un par de días en su columna periodística, Ricardo Rocha señalaba que en ningún partido político mexicano importa ya la ideología, y se preguntaba ¿Cuál? ¿Cuáles? Se dolía el citado, de que los partidos “todos son grandes negocios, agencias de colocaciones, donde privan los intereses, el cuatismo, las complicidades, los intercambios de favores”.
No cabe duda que la ambición por el poder convierte en aliados a los adversarios políticos, y las diferencias ideológicas se vuelven minucias, las críticas ante el desempeño mediocre o de plano dañino se encierran en la caja de los desperdicios, y como dice el poema, codo a codo se sienten más que dos; ahí está el botón de muestra que resulta ser el ex gobernador guerrerense, quien después de haber ocupado el más alto cargo administrativo y político de su entidad en el que se desempeñó con medianía, no se resigna a la ausencia del poder y bajo otras siglas pretende el abordaje electoral del turístico puerto de Acapulco.
Y así, en prácticamente todos los partidos políticos con el olvido y la ambición campeando, los principios doctrinarios, los postulados que los distinguían, han sido alegremente cambiados por la ideología del pragmatismo electoral.

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