Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
El vacío de liderazgos
Viernes 27 de Marzo de 2015
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Siempre han existido grandes individualidades en la historia, reyes, emperadores, generales, caudillos, dirigentes de grandes movimientos sociales y políticos. Las narraciones históricas muestran el quehacer de los héroes, de los personajes singulares vinculados a la construcción de las naciones, las transformaciones de la sociedad y de los grupos de distinto tipo.
La función de liderazgo está presente en todas las circunstancias sociales. La dirección de los grupos y sociedades está a cargo de sus líderes. El líder y sus características, resume lo que es y se propone hacer y ser una comunidad. Hay llamados líderes formales, que son aquellos que se hacen obedecer por su ubicación en la estructura de las organizaciones, con independencia de sus cualidades individuales. Valen por el puesto y no por sus valores intrínsecos.
Otros son los líderes reales, que son aquellos que por sí mismos tienen legitimidad, son creíbles y disponen de la confianza de todos aquellos a quienes dirigen. Son los que hacen valer al puesto y no al revés. Surgen como necesidad del desarrollo social y entre mayores sean las dificultades y problemas colectivos, correlativamente, mayor será la necesidad del líder.
Ello porque el líder es el que aporta soluciones legítimas. Las supuestas soluciones secas no son suficientes, deben corresponder a las necesidades, los imaginarios y mentalidades de cada tiempo y lugar. Líder no es el que piensa por los demás, sino junto con los demás. Es el que interpreta y no el que sustituye. En las soluciones que proponen todos pueden verse reflejados y todos pueden entender fácilmente las intenciones y los resultados que se esperan. El buen liderazgo cohesiona y potencializa las energías creadoras de la sociedad, sobre todo en circunstancias de crisis, profunda, integral, no coyuntural sino de estructura.
El liderazgo es siempre relativo a la situación y a las metas de su organización y, sólo en función de ello, pueden desplegarse y tener importancia las características personales del líder. No hay líder sin grupo, sin organización, el liderazgo aislado es imposible. Las soluciones propuestas convierten al individuo en líder, sólo hasta el momento en que estas propuestas son compartidas por los miembros de su grupo u organización. No hay líderes en general, sino líderes para necesidades y problemas específicos de los grupos y la sociedad. Asimismo, los liderazgos no son intemporales, en tanto su existencia está acotada en el espacio y en el tiempo, a menos que esos liderazgos vayan cambiando de acuerdo con las nuevas exigencias de los procesos que ellos mismos impulsan. Un líder del cambio no sólo debe promoverlo para los demás sino para sí mismo. Líder que no cambia pierde todas sus posibilidades para mantener esta condición.
Consecuentemente, no existen líderes en general, sino líderes para cada tiempo, lugar y exigencias de la realidad. Si la realidad impone exigencias militares, habrá líderes militares, si por el contrario, impone exigencias económicas, sociales y políticas, los líderes que corresponden habrán de surgir. El caso de José María Morelos y Pavón es relevante por el conjunto de cualidades que fue capaz de reunir en su propia persona.
Con Melchor Ocampo, las tares fueron otras y otras fueron sus características distintivas. Ciencia, economía y política, innovador y diseñador de una nueva sociedad fueron sus atributos innegables, del mismo modo que Lázaro Cárdenas del Río tuvo la capacidad de emprender las grandes transformaciones nacionales, con el apoyo de las grandes mayorías de mexicanos, que veían en él al líder que necesitaban.
Sin embargo, en la mayor parte del siglo XX, Michoacán registró la presencia de liderazgos inerciales, administradores de problemas, sin posibilidades de aportar soluciones definitivas para la fijación de nuevos rumbos. La tendencia fue de más a menos, de la voluntad a la frivolidad, el abandono de los deseos para dejar huella histórica, cada vez con mayor alejamiento de la gente, con los ciudadanos, para convertirse finalmente en liderazgos burocráticos.
En este contexto, debe establecerse la distinción entre el líder y el “jefe”. Este último, el “jefe”, adquiere esta condición mediante un sistema organizado, ajeno al reconocimiento espontáneo de la contribución individual a los objetivos colectivos. Por el contrario, los objetivos colectivos intentan definirse e imponerse por los “jefes” en función del interés individual, utilizando distintos medios coercitivos, la amenaza, el miedo, la corrupción.
El descuido y el desinterés en la formación de nuevos liderazgos terminaron por privar a la sociedad michoacana de capacidad de dirección de gran aliento. Los liderazgos relevantes, carismáticos, ya no están en los partidos políticos, en el gobierno, en las universidades, en las organizaciones de trabajadores y en las organizaciones civiles. Partidos y ciudadanos tienen dificultades para encontrar candidatos aceptables para participas con algunas probabilidades de éxito en los procesos electorales.
Habría que considerar que los grandes cambios en la sociedad están provocando nuevas formas de liderazgo, especialmente por la creciente importancia de los liderazgos colectivos, bajo la modalidad de liderazgos grupales y liderazgos institucionales. Los grupos llamados de opinión, de interés y de presión, son típicos de los liderazgos grupales. Los partidos políticos, los gobiernos y los centros de educación, particularmente superior, son representativos de los liderazgos institucionales. En la situación michoacana tienen trayectorias, realidades y potencialidades distintas para el impulso y realización de los cambios necesarios.
Los distintos grupos de la sociedad civil, relacionados con los derechos humanos, la equidad de género, la diversidad sexual, el cuidado del medio ambiente, entre otros, buscan educar, formar conciencia, obtener solidaridad e influir en las políticas públicas sobre los asuntos de su competencia. En cambio, los grupos empresariales han transitado de los grupos de presión hacia los grupos de poder real, cuyas finalidades se extienden abiertamente en la participación en las tareas del gobierno, hasta el ejercicio total del gobierno mismo, sometiendo a su control e interés al conjunto de la sociedad.
Tratándose de los liderazgos institucionales, la característica sobresaliente ha sido su tendencia la extinción de esta función, como podría ilustrarse en el caso de la Universidad Michoacana. Después de su tradición como generadora de ideas, propuestas y proyectos históricos, como centro de formación e impulso al desarrollo científico y tecnológico con compromiso social, sobre la que descansaba la oportunidad de la grandeza michoacana, incluyendo el arte y la cultura, ha devenido en la pérdida sistemática de su influencia como factor de contenido, forma y rumbo de la sociedad michoacana.
Tratándose de los partidos políticos y el gobierno, dejan de cumplir con los atributos del liderazgo. Su alejamiento de la gente y sus expectativas, disminuyeron su legitimidad, con dudas y desconfianzas que afectan, inclusive, la desvalorización de la política.
La ausencia de capacidades propias de dirección, ha conducido a que de fuera sean enviados los liderazgos que Michoacán necesita. El fenómeno del llamado “Virrey” es revelador de las carencias humanas michoacanas, como es revelador que se improvisen liderazgos sin ningún sustento en formación y experiencia en la conducción colectiva.
Luego entonces, ¿cuáles liderazgos?, ¿dónde están y cómo se forman? El enorme vacío de los liderazgos, tanto individuales como colectivos, representa un riesgo mayúsculo para la aparición de aventureros, de “jefes” autoritarios que en lugar de contribuir a resolver la crisis, pueden lanzar a los michoacanos al caos.

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