Aquiles Gaitán
Los pescadores
Lunes 30 de Marzo de 2015
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Los tiempos cambian y con los tiempos los hombres, sin duda también las costumbres, las formas de convivencia, los rituales religiosos, la educación, las relaciones familiares, el vestuario, la tecnología, bueno, hasta el clima; a propósito de la Semana Santa, por supuesto, las cosas han cambiado, desde el Viernes de Dolores, mi abuelita Tita montaba un altar, digamos un calificativo de la época, primoroso, con el cuadro fantástico de una dolorosa con una lágrima en el rostro, rodeada de cestos con retoños de trigo, sembrado a propósito para ese día; el cuadro de la Dolorosa lo dejó mi abuelita para mi tía Oliva, porque curiosamente la imagen tenía un gran parecido con ella, al morir mi abuelita, mi tía se llevó el cuadro y al poco tiempo, se hizo polvo, se desmoronó el lienzo donde estaba pintado; mi tía puso en el marco señorial, un espejo y decía que cada vez que se veía en él, veía el rostro de la Dolorosa en un mágico juego de imágenes. Antes habría pasado el Carnaval, domingo, lunes y martes de fiesta, cascarones, confeti, toritos de petate y toritos de buscapiés, y por supuesto jaripeo. Me gustó jinetear toros y más que ninguno el del “convite” del martes, que sacaban a pasear por la calle real de mi pueblo, Ario, a las 11:00 de la mañana, por eso le decían “el toro de once”, el mejor toro para quedar bien o quedar en el intento, como estuvo a punto de sucederme cuando me corneó el toro llamado El Alacrán por la forma de sus cuernos; un Martes de Carnaval en el que, por la maliciosa actitud de un lazador, llamado Carlitos Vega, que soltó el toro a propósito, ya lazado, después de haber jineteado, estando yo en el suelo, con las espuelas liadas, me llegó por detrás y me lanzó al viento con los cuernos, al caer, metió un cuerno en mi cuello y lo destrozó; mi compadre Berna Santoyo, atravesó su caballo en los cuernos del toro y se lo destripó, mientras mi vida se escapaba con la sangre a borbotones, la intervención decidida y oportuna de mi estimado amigo don Raúl Villanueva, a quien le habían brindado la monta de aquel toro, me salvó la vida al llevarme en su jeep Willys, que metió hasta el ruedo donde yo estaba tirado, para llevarme al hospital; a Carlitos Vega, el destino le mandó una embolia y quedó como quedan los que les pegan las embolias. ¡Nunca más! Monté en un carnaval, esa fue la promesa que le hice a mi madre.
En la Semana Santa cubríamos los espejos con satín morado, los santos de bulto y los cuadros, igual, los pájaros en sus jaulas permanecían tapados y en consecuencia no cantaban, no se prendía el radio, se hablaba en voz baja y con sigilo, no se comía carne y de la parroquia salía el quejido rítmico de la matraca, anunciando, en vez de las campanas, los oficios religiosos, el Jueves Santo hacíamos la visita de las siete casas e íbamos al lavatorio todos en familia, con recogimiento espiritual y seriedad absoluta. El viernes al pasar el Víacrucis por fuera de la casa, poníamos un cuadro representativo, en la calle, la muchedumbre y por la tarde a rezar el nuestro, estación por estación en el templo. La comida era la compensación por el recogimiento, los torreznos de raíz de chayote, de calabacita, de papa, de zanahoria, del propio chayote, eran un manjar; la sopa de habas, las habas fritas, las lentejas, los chiles rellenos de queso eran una suculencia; el bagre seco guisado al estilo del bacalao, el arroz con camarones secos, la capirotada era una delicia; el Sábado de Gloria cuando el repique de la campana anunciaba que se abría la Gloria, la casa se llenaba de gozo y la comida se convertía en fiesta, puerco relleno al horno, cordero tatemado en artesa, carnitas o puchero de res y de postre, el postre pecaminoso y fantástico que se comía únicamente ese día, patitas de puerco rebozadas, sumergidas en miel de piloncillo, canela y unos clavos.
Hoy las vigilias no se guardan, la vida sigue de fiesta en fiesta, como si la Semana Santa fuera la fiesta de la primavera, el spring break, bajo el lema universal de “bebe, bebe, que la vida es breve” y los rituales católicos se ven como arcaísmos propios de los tiempos idos o un simple folclor que se aprovecha para atraer turistas, que irrespetuosamente andan en su fiesta.
Morelia no es Sevilla, pero cada pueblo tiene sus costumbres y cambian o no cambian como en Tzintzuntzan los penitentes engrillados, en Tarímbaro el Víacrucis de bulto, la Judea de Tierra Caliente, los judas de Pajacuarán y por todos lados los Víacrucis y las manifestaciones religiosas según el cura del lugar. Seamos prudentes y aunque no participemos de los oficios respetemos las manifestaciones de recogimiento espiritual sobre la muerte de Jesús de Nazaret, que finalmente forman parte de la cultura del pueblo michoacano.
El próximo lunes se abrirán las campañas políticas, dos meses de demencia electoral, ¿habrá que creer en los partidos? Tal vez, con la misma confianza de cuando compramos un libro que no contamos las páginas, pero pueden traer vicios ocultos, tal vez muchos, aparte del contenido que pueda ser bueno, buenísimo, malo o malísimo, con ideas propuestas, maduras y razonadas o simples lemas de mercadotecnia para cazar incautos. Es cierto, nadie la tiene ganada hasta un día después de las elecciones; basta que digan los candidatos que estarán contra el crimen organizado, que su gobierno no tendrá compasión contra el tráfico de drogas, el secuestro y la extorsión; que serán implacables contra los corruptos, los gachos y los soberbios; que su gobierno será honesto y franco, que no habrá impunidad, ni ultraje, ni saqueo, ni perdón, ni olvido, para los asesinos y bandidos, con eso, simplemente con eso, basta para ganar. Mi voto será uno, pero así como yo, muchos están esperando que se aplique la ley, que retoñe la esperanza, pues la animadversión que despierta la aplicación de la ley queda aniquilada con el mérito de hacerlo. Los partidos tienen principios y los candidatos dan sustento a los proyectos de nación, que hoy se pregonan ¿Qué proyecto de Michoacán proponen? ¿Qué proyecto de municipio proponen? ¡Ahí se va a ver! Por ahora, el río está revuelto y es la hora de pescar de los pescadores.

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