Aquiles Gaitán
Compañeros nicolaitas
Lunes 18 de Mayo de 2015
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Este mes de mayo vivimos las consecuencias del errático comportamiento de la naturaleza, estallan los volcanes, el mar se agita, la tierra tiembla y cimbra hasta la montaña más alta del mundo, los casquetes polares se deshacen día a día en pedazos descomunales, los cultivos y los animales alteran sus ciclos de reproducción por obra y gracia de la genética, la vida silvestre desaparece paulatinamente, se queman las fuentes de energía acumuladas en millones de años; no es el preámbulo de otro apocalipsis, es apenas un atisbo de la realidad de nuestro mundo, esa que se refleja en la realidad de nuestra sociedad como un juego de espejos que refleja la razón y la emoción, el desdén y el importamadrismo por lo que pasa en ella. Aquí no son terremotos, aquí es la pobreza, el hambre y la miseria, aquí es la necesidad; aquí no es el deshielo, es la indiferencia; aquí no son los volcanes, es el juego perverso de policías y delincuentes; aquí no es el mar de fondo, ni la corriente del niño vuelta loca, es el sistema educativo de calidad que los demoniacos no entienden, que es el único camino para combatir la pobreza, tal vez no este esquema de Peña Nieto, pero si no es por ahí, no es por ninguna parte; aquí no son pesticidas, ni gases con efecto invernadero, es un sistema de salud deprimente, el agua más cara que la leche y la mentira y el insulto en un ambiente político que los michoacanos estamos viviendo, cual circo con animales, antes de que fenezca el plazo de su prohibición definitiva.
Las personas y la instituciones se ganan el respeto por sus acciones, pero también lo pierden por sus acciones, por transgredir las reglas del juego, por faltarse el respeto a sí mismos, por olvidar sus ideales; no hablo única y exclusivamente de los partidos subsidiados por un pueblo miserable, hablo de otras instituciones también subsidiadas por un pueblo miserable, como son las universidades públicas y como lo es la Universidad Michoacana. Es verdaderamente inconcebible el olvido de lo que fue y ha representado en la historia el Colegio de San Nicolás, hoy conocido en la jerga nicolaita como la “prepa uno”, una escuela más, en una universidad más, que como las alacranas, tienen a los alacrancitos subidos en sus espaldas y al crecer, van comiendo lenta y paulatinamente sus carnes para subsistir, hasta que la alacrana ya no puede vivir y dan cuenta de sus despojos los alacrancitos, que dejan el puro cascaron de la alacrana. Después de su agotadora vida laboral, a los trabajadores al jubilarse, los sigue manteniendo el Estado, es decir, el pueblo de Michoacán, pues del dinero del presupuesto, que además se destina para casas del estudiante, con cocineras e intendentes, se sigue pagando el salario a los jubilados y sus dependientes, cuando estos pasan a mejor vida. Debe haber un ¡hasta aquí!, no se puede tener tanto alacrancito porque ya se están comiendo al Estado ¿De dónde cree usted que se originan parte de los préstamos y la deuda pública? Pero no sólo eso, la Universidad se debate en sus contradicciones internas que no tienen solución, pues no se asume el compromiso de hacer las cosas bien, maestros que cobran sin ir a dar clase, que no preparan sus cátedras, que de plano no saben, que llegan tarde y se van temprano, que van al inicio y al final del curso, que acosan a las muchachas, trabajadores que tienen vendimias de alimentos chatarra al interior de Ciudad Universitaria, nóminas sobrecargadas y además, ineficientes.
Habrá que buscar a los buenos maestros para darles diplomas de reconocimiento a su desempeño, no nada más por los años de permanencia, para eso, ¡necesitamos la linterna de Diógenes para buscarlos! Y para colmo de males, la política electoral sienta sus reales en el terreno sagrado de la autonomía, por acuerdo del Consejo Universitario ¿y el rector? ¡Feliz! Presidiendo la tertulia; ¡cuidado!, ¡mucho cuidado! La política universitaria no puede inmiscuirse con los partidos políticos, so pena de abrir la caja de pandora.
El pasado 8 de mayo, me llamó el abogado Ramón Oseguera desde Los Reyes, Michoacán, donde ejerce su profesión y vive una vida monacal, ¿sabes qué día es hoy? ¡Sí! Es el 8 de mayo, natalicio de don Miguel Hidalgo; te llamo para recordar el día en que fuimos con un ramo de rosas rojas al acto del 8 de mayo en Chihuahua, al lugar donde sacrificaron al prócer, ¡y no había nadie! Hicimos una guardia de honor, solos, ante la mirada de asombro de los que por ahí pasaban. Dejamos las flores justo en el lugar de fusilamiento y nos fuimos en silencio. Entonces trabajábamos en el ferrocarril Chihuahua al Pacífico, conocido como el “CHP”. El pasado día 8, no fui al acto del colegio, que se ha convertido en un acto más, de pompa y circunstancia de la burocracia universitaria, con los consabidos exabruptos de las casas del estudiante. ¡Qué lejos están aquellos actos de oradores de renombre!, aquellos asaltos de tribuna con oradores encendidos que llevaban la rebeldía a flor de piel, elocuentes y convincentes, ¡era otra cosa la política estudiantil! De ahí salían los dirigentes políticos del estado. Hoy, salvo Jaime Darío Oseguera, los demás quién sabe dónde estudiaron, un chapinguero, uno de la UNAM y los otros no sé; los nicolaitas ya tuvimos la oportunidad y exhibimos el cobre.
Salvador Jara cerrará un ciclo de nicolaitas en el poder, o en el no poder, según están las cosas, que nos hacen aflorar los sentimientos de pérdida y soledad, de preocupación, no sólo por el desdibujamiento de la identidad de la Universidad, no sólo porque no fuimos capaces de transmitir una ideología que fuera el faro del pueblo michoacano, sino por la sensación de haber destruido la obra de Vasco de Quiroga, de Hidalgo, de Melchor Ocampo. Importan los contratos colectivos de trabajo; la vida académica, la investigación científica, la vinculación universitaria con la sociedad, ¡eso es secundario!, los profesores y los trabajadores administrativos y de mantenimiento se jubilan del Seguro Social y la Universidad les sigue pagando sin tener un fondo de pensiones al que hayan cotizado durante su vida laboral, puede ser legal por su Contrato Colectivo, pero no es ético, es un insulto al pueblo de Michoacán. Celebrarán el centenario de la Universidad Michoacana, el Colegio de San Nicolás, es el pasado remoto, para las nuevas generaciones no existe el compromiso, Hidalgo es un muerto más del panteón de la patria.
Es difícil para mí recordar, o hablar, o escribir sobre el Colegio de San Nicolás y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, ahí me formé, ahí concebí el universo, ahí estudié las doctrinas filosóficas, ahí aprendí mi oficio, pero también aprendí el significado de la palabra independencia y la palabra libertad a partir de Miguel Hidalgo, de su ejemplo y su acción demoledora contra una sociedad explotadora de un pueblo miserable.
Ahí aprendí a ser consecuente con lo que se dice, se hace y se piensa, a levantar el puño cuando hay que levantarlo, a levantar la voz cuando hay que levantarla, a luchar contra la injusticia y contra las acciones que lastiman a los michoacanos; nosotros los que fuimos, dejamos ¡otro colegio!, ¡otra universidad!, los que la tuvieron en sus manos y la desmadraron, son los responsables de la alevosía; cuando fui y renuncié como tesorero de la Universidad Michoacana, después de llegar hasta el hartazgo, escribí en mi renuncia las razones de la misma y dije que renunciaba como aquel que dispara el último tiro en su corazón; así de dolorosa fue mi separación, desde entonces mantengo una sana distancia de la Universidad y observo, desde lejos, su absurda metamorfosis, su deterioro; en estos tiempos de saltos hacia adelante, de tecnologías aplicadas a las ciencias médicas, ingenierías, contabilidad, etcétera, la Universidad da un salto hacia atrás con los neanderthales sindicales y las casas del estudiante, con programas académicos obsoletos, con el olvido de la historia que hoy cuenta de 100 años para acá, con tanto alacrancito que día a día le pega de mordiscos a su madre.
Al escribir este artículo lo hice pensando en Miguel Hidalgo, en el 8 de mayo aniversario de su natalicio, en el Colegio de San Nicolás, donde fue bachiller, profesor, tesorero y rector. Hidalgo es nuestro por su propia naturaleza de hombre comprometido con el ideal del nicolaicismo, que es el ideal del conocimiento científico, es el ideal de luchar contra la explotación del hombre por el hombre, contra la esclavitud, el ideal de lograr un reparto justo de la riqueza, el ideal de la libertad y la independencia, de la lucha contra la opresión, el hambre y la ignorancia. ¡Compañeros nicolaitas! ¡Larga vida al Colegio de San Nicolás! ¡Loor a Hidalgo, por los siglos de los siglos!

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