Columba Arias Solís
Las encuestas electorales
Jueves 21 de Mayo de 2015

“Los números no mienten, pero con los números podemos decir las mentiras que queramos”.

(Ignacio Román, investigador de ITESO)

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Desde el inicio de las campañas electorales con rumbo a la jornada comicial del ya próximo 7 de junio, la proliferación de encuestas electorales ha desatado una suerte de guerra mediática para posicionar a determinados candidatos (as) como los punteros en las preferencias de los electores, utilizando la encuesta como un instrumento más de propaganda en favor de ciertos candidatos.
Sin embargo, no debe perderse de vista que la encuesta es una investigación realizada sobre una muestra de sujetos representativa de un colectivo, que utiliza procedimientos de interrogación con intención de obtener mediciones cuantitativas de una variedad de características objetivas y subjetivas de la población (García Ferrado). Luego entonces, la encuesta es una técnica para el estudio de las actitudes, valores, creencias, motivos de las personas, y se adapta a todo tipo de información, permite recuperar datos sobre sucesos acontecidos, estandarizando los datos para el análisis posterior, obteniendo gran cantidad de información a un precio relativamente bajo y en breve tiempo (G. Ferrado).
En ese contexto, las encuestas se realizan sobre una parte representativa de la población denominada muestra, en la idea de que una vez obtenidos los resultados, estos puedan ser trasladados al conjunto de la población. La Red de Conocimientos Electorales ACE considera que si se utilizan adecuadamente las encuestas o sondeos de opinión, resultan ser un método útil para determinar lo que los electores piensan sobre temas electorales, partidos y candidatos, es decir, ayudan a mejorar las decisiones democráticas.
Sin embargo, el riesgo de las encuestas electorales radica en que pueden ser manipuladas desde el momento mismo en que se seleccionan las preguntas, la muestra o el momento de aplicarlas, además por supuesto del margen de error que en forma natural conllevan estos ejercicios.
En México -como en muchos otros temas- se llegó tarde a la regulación de las encuestas, fue hasta la reforma electoral de 1993 que se establecieron las normas relativas a la realización y difusión de encuestas electorales, y en 1994 el Consejo General del IFE creó una comisión encargada de determinar los criterios técnicos y metodológicos a que debían sujetarse las empresas u organismos para la realización de encuestas y sondeos tanto los días previos como el día de la jornada electoral.
Con la reforma de 1996, se dispone constitucionalmente que el Instituto Federal Electoral se encargará de regular las encuestas y sondeos de opinión, para lo cual se establece un sistema de derechos y obligaciones de índole administrativo, una norma legal punitiva de orden penal, y una facultad reglamentaria a cargo de la autoridad administrativa (Córdova y González Matus); así, en el último párrafo de la fracción III del artículo 41, se establece que el Instituto Federal Electoral tendrá a su cargo la regulación de la observación electoral y de las encuestas o sondeos de opinión con fines electorales.
En ese contexto el artículo 190 del Código Electoral establece las directrices a que habrán de sujetarse las encuestas y sondeos de opinión sobre asuntos electorales, de tal forma que si una encuesta se difunde por cualquier medio, debe entregar copia del estudio completo al Instituto Electoral, además de que para realizar dichos ejercicios, las empresas u organismos están obligados a adoptar los criterios generales de carácter científico determinados por el Consejo General.
Señala el especialista Roy Campos, que en México la aplicación de las encuestas electorales a la comunidad no diagnostican, sólo sirven para pronósticos y generar una idea de quién va a ganar; recuerda que esos ejercicios realizados en las elecciones de 2012 se hicieron para que los políticos marcaran estrategias, los medios hicieran su información, análisis y crónica y los analistas pronosticaran, pero no para que los ciudadanos decidieran su voto, cuestión que se confirmó en esas elecciones, donde siete de cada diez personas no cambiaron su voto al final de las campañas. Vale agregar que la mayor parte de agencias encuestadoras en esas elecciones dejaron en entredicho su credibilidad, pues la mayoría pronosticaban el triunfo del candidato priista con entre diez y 18 puntos de ventaja, cuando la realidad fue una diferencia de apenas seis puntos entre el ganador y el segundo lugar.
Por su parte, uno de los pioneros de las encuestas en México, Enrique Alducín, ya en el año 2006 señalaba como el gran reto de las agencias encuestadoras, la inducción de las encuestas por partidos políticos, y el hecho de que algunos encuestadores se dejen corromper al reportar resultados de encuestas “a modo”.
De entonces a la fecha, nada parece haber cambiado toda vez que los partidos y candidatos no resisten la tentación de direccionar en su favor encuestas y sondeos, algunos tan burdamente, que son levantados desde la comodidad de conocido café perteneciente a una franquicia internacional, sin tener en cuenta que las encuestas no modifican la intención del voto.

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