Aquiles Gaitán
Los dioses vivientes
Martes 2 de Junio de 2015
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En esta inmensidad, en esta indigestión, en este hastío de promesas llenas de creatividad y fantasía, los dioses vivientes andan por los pueblos, pisando entre las nubes, predicando desde lo alto del ladrillo donde están subidos, en olor de santidad, creyendo –¡todos!– que van a ganar las elecciones. Qué terrible resulta la naturaleza humana, egocéntrica por naturaleza, cuando se levita, cuando se pierde el piso, cuando los individuos se sienten líderes de verdad; pero, ¿serán hombres libres en su albedrio o están sujetos a la sumisión de su partido?; el que salga electo como gobernador, ¿podrá decidir con libertad y cumplir las tantas promesas? Recordemos que existe un pacto federal, que estamos sojuzgados a un gobierno federal simulador del centralismo despiadado del siglo XIX y que en ese contexto la democracia no existe, es un simple sistema electoral para lograr, como ahora, que los ciudadanos sueñen por un rato, aspiren y suspiren por alcanzar el poder, un poder acotado por un sistema político que aplasta. Hoy son más los lamentos, las quejas, las lágrimas, las esperanzas, que los momentos felices o la ilusión, al menos la ilusión de lograr un Michoacán con empleos para todos, con emprendedores exitosos, con propietarios de los medios de producción justos y respetuosos con sus trabajadores y el medio ambiente, con oportunidades de negocio para los comerciantes e industriales. Todo parte de una realidad, las armas en manos de particulares que se dedican a hacer el mal; o nos dejan tener armas a todos para defendernos o les decomisan las armas a todos los que las tienen para delinquir, no hay de otra, o cada quien organizará su autodefensa en cada rancho y cada pueblo como está la tendencia en este proceso irrefrenable de una balcanización estilo Michoacán, más aún, si los que cuidan la seguridad de los michoacanos están en entredicho, son tropas extranjeras, mercenarias, ajenas a la idiosincrasia de los michoacanos que, por supuesto, los repudian.
Todos los discursos son adulaciones para el pueblo michoacano, ¿y quién es el pueblo?, los ricos y los pobres son igualmente pueblo, pero piensan diferente, sienten diferente, comen diferente, viven diferente, es ahí donde está el punto de quiebre; hace años escuché del poeta non, Martínez Ocaranza, un poema que ilustra este contraste: “Yo vi una vez un rapazuelo triste pedir limosna en el jardín de un rico, y yo le dije al rapazuelo triste, rómpele la madre al rico y quítale lo que antes le pediste”, este fragmento de poema es una manera de pensar. ¿Cuántos piensan igual?, ¿cuántos piensan en cambiar por su cuenta lo que el sistema no puede cambiar, a pesar de su deterioro y fetidez?; habrá que preguntarnos una y otra vez por qué luchan los hombres. Por su libertad, por el derecho a la vida, a trabajar, a pensar, a escribir en general por sus derechos, que también incluyen el derecho a defenderse de las opresiones, de las dictaduras, de los abusivos, y es aquí donde las formas de lucha marcan la diferencia: en la paz o en la guerra, en la democracia o por medio de las armas, ¿qué determina el rumbo?, ¿quiénes determinan el rumbo?, los torturados, los desaparecidos, los asesinados, los enterrados en tierra bruta, los humillados, los extorsionados, ¡esos! Desde su silencio cuentan y dicen mucho, es cuando el miedo pasa y se decide pelear, se decide actuar. Hoy, en vísperas del día de las votaciones, está en puerta la posibilidad de poner remedio a los males o hacerlos más grandes. Confió en lo primero porque todavía tengo la visión de que las cosas pueden ir bien, dije visión sin que ese concepto tenga connotaciones proféticas, la visión imagina, pero a la vez impulsa las acciones, nos permite actuar sin detenernos ya ni a dudar, ni a juzgar, ni a lanzar anatemas contra los corruptos, los ineficientes, los simuladores, los delincuentes disfrazados, ya sabemos que su pena será, dos padres nuestros y dos aves marías o un encierro por largo tiempo estilo Caro Quintero; ¿y qué vamos a hacer? No pudimos, no hemos podido durante todo este tiempo de crisis y deterioro generar acciones alternativas para salir de la crisis, diferentes a lo que está establecido y que obviamente no han funcionado porque seguimos en la crisis. Debemos partir desde la oscuridad, avanzar desde la oscuridad, pero avanzar con el firme propósito de hacerlo y hacerlo bien, sobre la base de una planeación diferente, no como la tenemos en la actualidad, un plan de desarrollo, un presupuesto, un programa y un “tápale el ojo al macho”, ¡eso ya no es posible! La planeación debe hacerse todo el tiempo, mediante el toque mágico de la evaluación, ¿sirve o no sirve?, ¿funciona o no funciona?, y cambiar lo que haya que cambiar, empezando por la misma mentalidad de los ciudadanos, trabajadores y empresarios, burócratas y gobernantes.
En un análisis de fortalezas y oportunidades, debilidades y amenazas, ganan estas últimas para los pesimistas, para los optimistas las primeras; los primeros pasos siempre son difíciles para dar el segundo, habrá que dar el primero y quien gane las elecciones a gobernador, quien se gane la rifa del tigre, lo tendrá que dar; esperemos el milagro de la resurrección de la cultura, de la economía, de la seguridad, de la agricultura, de la ganadería, de la pesca, de la minería, del turismo, del comercio, en una palabra de este Michoacán moribundo que se debate entre la vida y la muerte; tal vez sea necesario un simple Vida Suero Oral o hasta una cirugía mayor, pero habrá que actuar y pronto, de lo contrario seguiremos agonizando, entre lamentos y lamentaciones aireadas a los cuatro vientos, antes, durante y seguramente después de la refriega electoral. La acción cambia el destino, únicamente se requiere vencer los miedos y al vencer los miedos, es cuando aflora esa rareza humana que se llama valentía.

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