Martes 23 de Junio de 2015
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Para el inicio no existe el tiempo, a partir del inicio, inicia el tiempo, su tiempo, su instante, su ciclo. Cada gobierno que inicia niega al precedente, se aparta de él, lo critica, corrige, endereza; destrozando al anterior, afirma y cimenta sus políticas públicas, cuando no aplica en actitud benevolente, el simple olvido. Pero el mismo que pide pan y circo, ese mismo pueblo pide que no exista ni perdón ni olvido.
De cara al futuro, algo así como a la eternidad, se generan las propuestas y se sueltan las ideas a retozar en la campiña michoacana, con optimismo ¡claro!, pues no podemos imaginar un futuro de desgracias más allá de las que ya tenemos, sería el futuro del horror y ya de horrores estamos hasta la coronilla. Con pleno optimismo pues, tenemos que concebir un cambio radical que nos permita construir un nuevo Michoacán. En estos términos un plan de desarrollo debe implicar en su puesta en marcha, un plan de choque que permita poner el barco en su línea de flotación, nivelarlo para surcar las aguas del mar de fondo para usar un término en boga; ¿qué será más importante?, el saneamiento y la preservación del medio ambiente o el saneamiento financiero, cuidar los bosques o cuidar las huertas de aguacate, fortalecer las políticas municipales o fortalecer a las autodefensas, organizar comités de defensa ciudadana o comités de promoción económica, seguir pavimentando calles y baches, drenajes y electrificación a colonias que organizan vividores o que cada quien busque casa, vestido y sustento o que el estado nos de casa, vestido y sustento, que haya hambre o beneficencia, podría seguir y seguir y seguir escribiendo políticas equidistantes, pero eso será motivo de análisis y de toma de decisiones del nuevo gobierno que asume la representación del pueblo michoacano, de los 112 gobiernos que asumen la representación de 112 municipios y en función de las definiciones, aplicar el presupuesto; para ir hacia adelante tenemos que partir del presente, del hoy y aquí, y hoy y aquí estamos todavía, en el desconcierto preguntándonos cómo le irán a hacer. La nueva clase política michoacana electa limpiamente o como haya sido, tendrá que entender las protestas de los grupos sociales, no como una aberración ni como un síntoma de decadencia, sino como una manifestación de la pluralidad, de la diversidad que prevalece en la sociedad, sin olvidarse que el juego de intereses por el reparto de dádivas proviene del juego perverso de la aberrante contratación colectiva, de la falta de atención a problemas ancestrales o la corrupción lisa y llana que propicia delincuencia enquistada en las zonas rurales, donde tienen sentados sus reales y en los pueblos donde todos sabemos quién es quién, de quién es el perro mocho del rabo, de quién es la cucha placera, de quién es el burro suelto. Habrá que entender a los jóvenes que como todos los jóvenes son rebeldes y se sienten oprimidos y sin un futuro claro, lo que tenemos no los motiva ni llena sus aspiraciones, esperan la aparición de otro momento social, cultural, económico, otro presente que les motive, no este que no entienden ni los entiende; los jóvenes de hoy tienen otros valores, tienen su verdad y la defienden, en su definición esta la magia de saberse ellos mismos, de su identidad, sin perder sus orígenes de clase, pues no son lo mismo los jóvenes de la Costa, que los de la Meseta Purépecha, los del campo que los de la capital del estado, y ahí todavía, la periferia, el Centro y Altozano, pero en todos está presente el elemento de ruptura con lo actualmente existente. “El futuro es de ustedes”, escuché decir en la fiesta de graduación mi ahijada Azuladna, pero no, el futuro no es de nadie, el presente es nuestro, tuyo, mío, de todos; el futuro es quimérico y no pretende construir, como los jóvenes de los años 70 del siglo XX, una nueva sociedad; hoy los jóvenes esperan o buscan que el presente se destruya y construir el suyo, a su modo, reinventar, volver a la naturaleza, a lo orgánico, al pacifismo, a la contemplación. ¡Claro!, con excepción de los “ultras” de siempre, hoy llamados anarquistas.
Todos los cambios se gestan en la cultura, por lo que habrá que precisar si el concepto de la cultura que han tenido y tienen los burócratas de la cultura, es válido para los jóvenes de hoy. Cómo se expresan, cómo se visten, cómo se divierten, cómo sueñan, cómo son. Los jóvenes que fuimos nos repetimos en ellos, convergemos en ellos, volvemos a ser, ¿por qué no los entendemos?, ¿por qué no nos entienden?; buen reto político tiene el próximo gobierno con la juventud en manos del sindicalismo ramplón en materia educativa, de amateurs en el deporte y la cultura, que son los tres pilares de la formación de los pueblos: educación, deporte y cultura. ¡Atízalos calor!, grita el vendedor de “pabellones” de hielo raspado en Nueva Italia; los jóvenes tienen, tuvieron, tuvimos, la tradición de la ruptura, recordemos a Regis Devray, “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Pero también recordemos a Ocaranza: “No hay nada más triste que un revolucionario desactualizado”.
Necesitamos poner en libertad el pensamiento para poder concebir nuevas acciones, con la limitante de que habrá poco dinero; el que sepa hacer algo, que lo haga y el que no, que lo aprenda, la meta sería cero ninis; el que vaya a la escuela, que estudie y aprenda la profesión que haya elegido y la ejerza y la ejerza bien; las universidades no pueden ser ni fábrica de desempleados ni fábrica de empleados; son, por su naturaleza misma, fábrica de emprendedores, de apasionados emprendedores que acorten la brecha entre acción y el sueño. El Estado tiene la fuerza pero no la aplica con la contundencia requerida, prefiere el diálogo, que desemboca en negociación, en pesos más, pesos menos, en tolerar por tolerar lo intolerable, ¿acaso no debemos construir una política de persuasión que concurra con la fuerza, en la consecución de los grandes objetivos sociales, con el interés público y con el bienestar de todos? Si ya no se necesitan combis ni taxis, pues ya no hay concesiones, ¿o se requieren sistemas alternativos o sistemas de transportación colectiva urbana y suburbana?, y con ello, menos contaminación y conflictos viales; ¿Por qué motivos se autorizan desarrollos urbanos a las orillas de las carreteras o en zonas privilegiadas que requieren carreteras y túneles, los dos extremos condicionan a los municipios y al estado a procurar servicios públicos forzando el empleo del presupuesto para ello, más aún, acentuando el conflicto, de la preservación ¿o destrucción? Del medio ambiente ¿y si en vez de casas pusieran fabricas pestilentes?
La planeación urbana es simplemente un instrumento de decoración que se actualiza conforme la destrucción avanza y se aplican medidas de remediación e índices de contaminación tolerables y se olvidan del medio ambiente y de la salud de los ciudadanos. ¿En manos de quien está el cuidado de nuestro territorio, de nuestro desarrollo como sociedad, de nuestro bienestar como pueblo?
¿De Jara?, ¿de Silvano?, ¿de Peña Nieto?, no, ellos tienen solamente dos manos, dos ojos, un cerebro y aquí se requieren miles de manos, miles de ojos, miles de cerebros, pero además, miles de voluntades, de decisiones y de valor para hacerlo.
“Hay que anteponer el interés colectivo, al interés personal”, es un pensamiento cardenista que está inscrito en la “luneta colorada”, ahí en Ario, donde está el busto del general, presidiendo la calzada de Canintzio.
La obsesión por el cambio nos conduce a la cultura del cambio, al cambio infinito, al cambio sin sentido, al cambio por el cambio ¿cambiar para qué?; partidocracia, democracia, mediocracia, ya Platón decía que la democracia “es el peor de los buenos gobiernos, pero es el mejor entre los malos”, en la democracia todos cabemos, burgueses y proletarios, políticos y burócratas, sindicalistas y patrones, campesinos y obreros, terratenientes, ganaderos, huerteros, sembradores del bien y del mal, ilustrados e ignorantes, todos cabemos, aunque los ideales los guardemos como el tesoro mejor guardado.

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