Columba Arias Solís
La administración que viene
Viernes 26 de Junio de 2015
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Pasado el calor y la pasión de la contienda electoral, independientemente de los anuncios de dirigentes partidistas sobre las impugnaciones presentadas, en especial a la elección a gobernador del estado, la atención ciudadana ha derivado hacia las y los posibles ciudadanos que integrarán la administración que sucederá a partir de octubre a quienes hoy se desempeñan en las diferentes dependencias que integran la estructura del Poder Ejecutivo, sea la centralizada por medio de las diferentes secretarías, o bien de los órganos de la Administración Pública Paraestatal.
De acuerdo con lo señalado por el artículo 51 de la Constitución Política del Estado de Michoacán, el gobernador entrará a ejercer su cargo el día primero del mes de octubre del año de la elección y no podrá durar en él más de seis años.
Por su parte, el artículo 60 del máximo ordenamiento de nuestra entidad federativa, establece las facultades y obligaciones del Poder Ejecutivo, entre otras, dispone en la Fracción XIV, las de nombrar y remover libremente a los funcionarios y empleados de la administración pública estatal, cuyo nombramiento y remoción no estén determinados de otra manera en la propia Constitución o en otras leyes; en tanto que el artículo 6° de la Ley Orgánica de la Administración Pública, establece que el gobernador del estado podrá autorizar la creación o supresión de las unidades administrativas que requiera el desempeño de la función ejecutiva.
Conocidas esas amplias atribuciones, en los corrillos y mesas de café, en ciertas columnas de medios locales, y por supuesto en las oficinas gubernamentales, los comentarios esperanzadores o pesimistas van y vienen, según el nombre que en el momento se maneje como cabeza de determinada secretaría, e incluso hay quienes tajantemente afirman que tal o cual persona que advirtieron cercana en la campaña política, habrá de ser titular de determinada dependencia.
Según pasan los días, la especulación crece a diestra y siniestra sobres los supuestos (as) que integrarán tanto el gabinete como otras áreas de gobierno y acompañarán en la administración al gobernador electo el pasado 7 de junio.
Más allá de la especulación hasta cierto punto normal en todas las épocas poselectorales, luego de la elección del titular del Poder Ejecutivo, lo cierto es que hay entre la ciudadanía preocupación ante la eventual designación de las personas que habrán de encabezar las oficinas de la burocracia estatal, considerando las difíciles condiciones en que el Estado se encuentra: una elevada deuda a cuyos intereses y capital deben destinarse una parte importante de recursos, déficit en materia de seguridad, altos índices de desocupación, un magisterio belicoso que desde hace años pone contra la pared al gobernante en turno, y un presupuesto absolutamente acotado.
El gobernador electo, desde su campaña electoral se comprometió a la integración de lo que llamó un gobierno de coalición, figura que en el presente caso no podría realizarse, habida cuenta que éste se forma después de las elecciones cuando dos o más partidos políticos deciden unirse para gobernar en forma conjunta; es decir, establecen una alianza intrapartidista a fin de gobernar en corresponsabilidad.
De acuerdo con la definición de los especialistas, la coalición generalmente consiste en un acuerdo que se basa tanto en las coincidencias o aproximaciones programáticas que se definen en un programa de gobierno conjunto, así como en la distribución de los cargos gubernamentales disponibles.
En ese sentido, difícilmente podría establecerse en la administración que viene en Michoacán, el llamado gobierno de coalición, es bien sabido que quien obtiene el voto, obtiene también la responsabilidad, y conforme la praxis y cultura politíca imperante en nuestro país, el poder no se comparte; tal vez el gobernante electo más bien pretendió referirse a integrar un gobierno plural, con mujeres y hombres provenientes de diversos espacios partidistas o sin partido e incluso de personas que en algún ámbito de trabajo se hayan destacado por sus aportes al estado, pero ante las circunstancias diferentes a las que preceden a los gobiernos de coalición en otros países, no parece que habría de formarse próximamente un gobierno de coalición.
Para nadie es un secreto que las condiciones por las que atraviesa el estado de Michoacán son de una complejidad elevada al máximo, pero independientemente de coaliciones o pluralidad, con ellas o sin ellas, lo que realmente se requiere en nuestra entidad tiene que ver con la recuperación de la confianza ciudadana en las instancias de gobierno, cuestión que solamente podrá iniciarse si se designan ciudadanos probos, capaces, que no tengan conflicto de intereses con personas o empresas; desligados de personajes cuestionados por sus malos manejos, ajenos a los cacicazgos políticos y comprometidos con el bienestar general de la población, no con el de sus bolsillos particulares.
De nada serviría la anunciada reingeniería administrativa que pretende aplicar el gobernador electo, en aras de eficientar las tareas de gobierno, si a la cabeza de ésta no van los más capaces y probos.

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