Carlos Enrique Tapia
Migración México EU
¿El “nuevo comienzo”?
Miércoles 1 de Julio de 2015
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La mercadotecnia que cobijó al gobernador electo poco tuvo que ver en su triunfo. Fue la combinación del nuevo hartazgo, ahora contra el PRI y sus personajes exhibidos por supuestos vínculos con la delincuencia; el cardenismo que sobrevive a pesar del PRD; el voto duro; la desconfianza al PAN; en menor medida, el voto diferenciado.
Igualmente, la fractura de la izquierda tradicional; las recientes opciones de derecha no tradicional; los infractores del ecologismo verde derechista; la izquierda conservadora de AMLO transmutada en partido político; los saltimbanquis políticos; el enrarecido clima político, matizado por la inseguridad y los problemas económicos, hicieron lo suyo.
Sin duda, el primer gobierno perredista en el estado, a pesar de sus incontables yerros, dejó mejores expectativas que el godoyismo, administración que devino en hartazgo entre muchos michoacanos por su mediocridad e incapacidad para gobernar y por procrear un grupúsculo de funcionarios abusivos, ineptos y proclives a las corruptelas.
El supuesto “nuevo” PRI, en menos de tres años mostró su verdadero rostro: incapacidad para gobernar, supuestos vínculos de connotados miembros con la delincuencia, abusos por doquier y anquilosamiento. La propaganda de su candidato que ponía el orden como principal principio para el gobierno fue una gran pifia.
Michoacán requiere orden, pero Cocoa Calderón y Chon Orihuela se equivocaron. La primera, para poner orden, invocó al fracasado de su hermano e intentó reivindicarlo con su guerra absurda, mientras el segundo pretendió remontar rumores, acusaciones y supuestos vínculos de conspicuos miembros de su partido con la delincuencia.
El orden por sí mismo no va a acabar con la inseguridad, la delincuencia que parece desafiar al gobernador electo, la falta de transparencia, la nula rendición de cuentas, la ineptitud del gobierno actual, priista sin duda, el caos administrativo y la incapacidad para manejar la deuda pública que tendrá que resolverse de algún modo.
Por ello, el “nuevo comienzo”, si no integra un gabinete eficaz y que dé resultados; si se reparten posiciones atendiendo a las mediocridades de las corrientes perredistas, varias de las cuales ocuparon cargos en el lazarismo y godoyismo; si no se mira esta nueva oportunidad políticamente, el fracaso del PRD será más que evidente.
En diversos círculos se menciona que el gobernador electo busca conformar un gabinete plural, que pretende incluir a los derrotados, pero las mafias perredistas insisten en que sus protagonistas ocupen cargos y posiciones como pago a supuestas lealtades y contribuciones. La mediocridad intenta imponerse de nuevo.
Atajar las mediocridades de las tribus y mafias perredistas, de los operadores de la campaña y allegados del gobernador electo que ya “sienten” el poder que podrían tener durante los próximos seis años, será una tarea difícil, pero el señor Silvano Aureoles Conejo tendrá que poner en perspectiva su gobierno y no la entrega a la pequeñez.
El PRD es ahora el partido de la pequeñez, donde reverberan tribus y mafias neoliberales, pactistas, proclives a las corruptelas; la presunta izquierda electoral que decidió su suerte como organización que alguna vez aglutinó a la izquierda mexicana al pactar con las élites políticas, al corromperse por sus vínculos con la delincuencia.
Por ello, el “nuevo comienzo” tendrá que posicionarse sobre bases firmes para gobernar; emprender, no sólo la reingeniería de la administración pública, sino también la reorganización financiera y de las políticas públicas estatales; transparentar el actuar de los funcionarios públicos y aplicar un férreo programa de austeridad.
Probablemente, si en los próximos seis años la pequeñez perredista cumple medianamente las expectativas con las que arriba el “nuevo comienzo”, el PRD se reposicione. Sin duda, tendrá que negociar con las otras fuerzas políticas, con la Federación, pero quizás lo más importante será el actuar de sus huestes convertidas en funcionarios públicos.
A Michoacán le urge un gobierno que no descanse en la mercadotecnia; transparente y que rinda cuentas; un funcionariado comprometido, eficaz y que no convierta su puesto en patrimonio personal; desburocratizado y que promueva el cambio; sancionador y vigilante del actuar de los funcionarios; que refrende el supuesto “nuevo comienzo”.
Las finanzas públicas, la inseguridad, la CNTE, el caos provocado por grupúsculos de todo tipo, la limpieza efectiva de delincuentes, la reorganización administrativa que termine con ineficacias, gastos superfluos y duplicación de actividades, deben ser enfrentados políticamente y con el Estado de Derecho en el programa de gobierno.
Ningún plan de desarrollo estatal conocido por este escribano ha sido realmente llevado a cabo. Los informes anuales y los anexos estadísticos dan cuenta de obras y discursos triunfales, pero las desigualdades, la pobreza, la marginación, el desempleo, no han sido resueltos. Datos oficiales desmienten cualquier afirmación sobre ficticios avances.
El estado entonces necesita humildad política, desburocratización de la labor gubernamental, un funcionariado comprometido con los michoacanos, sobre todo las mayorías marginadas, pobres y carentes de bienestar, y un programa de gobierno realista y realizable en el corto y mediano plazo. Los neoliberales deberían hacerse a un lado.
No me queda la menor duda que el “nuevo comienzo” está más cerca del neoliberalismo que de las causas de las que abreva la izquierda, pero su acercamiento y contacto con múltiples grupos sociales durante la campaña electoral supondrían la atenuación de una ideología que prácticamente ha desfondado el país con sus mentiras programáticas.
Michoacán no requiere a los neoliberales de los gobiernos de Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy Rangel; a las mediocres tribus perredistas que se incrustaron en ambas administraciones; a quienes extendieron privilegios y cheques cuantiosos a la CNTE o los funcionarios que hicieron de sus cargos patrimonio personal y corruptelas.
El estado requiere del gobierno una mirada a la desigualdad, que incluya políticas y mecanismos reales para enfrentarla. El mercado jamás la resolverá, es momento que el gobierno intervenga. El empleo, en sí mismo, tampoco; menos la inversión pública y privada. Son necesarios, pero no pueden ser el eje de las políticas públicas.
Tampoco los programas focalizados, como Prospera, atención a adultos mayores, becas, despensas, desayunos, útiles escolares, subsidios, empleo temporal. Son necesarios y deben seguir existiendo; pero urge transversalizarlos, hacerlos parte de la política económica y deshacerlos del asistencialismo y la caridad en la que descansan.
Más del 50 por ciento de los michoacanos vive en pobreza, marginación y desigualdad. El problema no se resuelve con empleo, subsidios y caridad. Es necesaria una política pública que surja de la gente y el gobierno, con estrategias y mecanismos para comenzar una tarea que no se resolverá en los próximos seis años, pero se pondrían las bases.
La desigualdad es un monstruo de mil cabezas. La delincuencia organizada supo aprovechar la ruptura del tejido social, penetrar con miedo y dádivas. Por ello, la lucha contra la desigualdad tiene que incluir estrategias y mecanismos para recomponer el tejido social, repeler la delincuencia y resarcir los daños por tanto abandono y miedo.
El abandono gubernamental, que por décadas ha sido usado como forma de control y dominación política, abonó al huevo de la serpiente, lo que fue aprovechado con creces por la delincuencia, los caciques locales, las élites económicas y políticas corruptas, las estructuras partidistas que en parte se nutrieron del roto tejido social.
Obviedades. Única: ¿El vandalismo de esas turbas mafiosas que exigen cobrar, golpear, sin hacer nada, quién lo resolverá? ¿El gobernadorcito viajero o el “nuevo comienzo”?

Sobre el autor
Antropólogo social, doctor en Historia. Colabora en Cambio de Michoacán desde 1996, con una breve interrupción en 2001-2003. Se especializa en estudios migratorios, en particular la historia y problemática actual de la migración México-Estados Unidos, Michoacán-Estados Unidos, y problemas relacionados con políticas públicas, desarrollo socioeconómico, tendencias políticas y partidistas, participación ciudadana. Por ello dedica también sus columnas a entender y analizar el rumbo social, económico, político y cultural de Michoacán y México en general, desde una perspectiva crítica y ciudadana.
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