Columba Arias Solís
Michoacán, gobernabilidad, autodefensas
Jueves 9 de Julio de 2015

“Con gusto tomo las armas nuevamente, si antes lo hice, ahora tengo más motivos para volver a hacerlo”.

(Hipólito Mora)

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El pasado 4 de julio, este diario Cambio de Michoacán, con motivo de sus 23 años de vida hizo entrega de su reconocimiento al Mérito Ciudadano, un galardón que reconoce a las personas físicas o morales que se hayan distinguido por emprender acciones o contribuido en beneficio de la seguridad, la paz, la prosperidad del estado y del país, y que no hayan sido reconocidos lo suficiente, y que en esta ocasión, por decisión de su consejo, recayó en los fundadores de las autodefensas: Hipólito Mora Chávez y José Manuel Mireles Valverde, personajes -uno en la cárcel todavía- que lideraron los movimientos en defensa de los habitantes y de sus bienes en una parte del territorio michoacano, cuando la ineficacia, la indiferencia y la complicidad de autoridades dejaron a poblaciones enteras inermes e indefensas ante el ataque de la delincuencia organizada.
Vale la referencia a este acontecimiento -entre otros motivos- porque la intervención de Hipólito Mora en dicho acto, mueve a la reflexión sobre el estado de gobernabilidad o la falta de ésta en nuestra entidad federativa.
Antes de la entrega del reconocimiento y durante su intervención luego de aquel, Hipólito Mora reseñó ante los asistentes las graves condiciones de inseguridad, la impunidad en que actuaba la delincuencia, asolando sus pueblos y comunidades, lo que los obligó a organizarse para defender sus vidas y bienes, surgiendo las autodefensas aquel 24 de febrero de 2013, agregando Mora que Michoacán “es un desmadre”, ya que la situación de violencia e inseguridad en Tierra Caliente sigue latente en la zona, porque el comisionado federal se unió a los delincuentes y en lugar de detenerlos decidió perdonarlos y dejarlos del lado de las autodefensas. A su decir, el comisionado permitió que se infiltraran delincuentes en el cuerpo de los verdaderos autodefensas, por lo que las condiciones de inseguridad siguen siendo graves.
Si la gobernabilidad, como han señalado algunos de los teóricos de la ciencia política, es la capacidad de un gobierno para elaborar y presentar a los ciudadanos sus planes de políticas públicas, pero además se obtiene el respaldo social y político en su realización, y se preservan en el desarrollo de sus acciones tanto el orden como la paz social, podemos entonces cuestionar luego de la amplia reseña de Hipólito sobre el accionar de la delincuencia y la omisión o colusión de autoridades ¿existe la gobernabilidad en nuestro estado?
¿Se puede hablar de la existencia de gobernabilidad, ante los elevados índices de violencia, ineficacia y corrupción tanto en las llamadas fuerzas del orden, o ante la descoordinación de las áreas de gobierno encargadas del diseño de las labores de inteligencia, tanto federales como del estado?
Existe gobernabilidad, y sobre todo gobernabilidad democrática, cuando -como señala Seara Vázquez-, las autoridades establecidas proceden de un mandato ciudadano otorgado a través de elecciones libres, se respetan las garantías, los derechos humanos, las libertades cívicas.
Siguiendo la línea de pensamiento del autor referido, si la gobernabilidad radica en el mantenimiento de la estabilidad presente, por un lado, y por el otro en la acción transformadora para pasar del desequilibrio o de la inestabilidad, a una situación más ordenada y basada en un orden jurídico justo, ¿se puede, entonces, hablar de que ese estado de cosas impera en Michoacán? ¿Se puede acaso considerar que no hay crisis en la legitimidad de la autoridad, en la aplicación del Estado de Derecho, en el deterioro de acciones de gobierno?
La ciudadanía en Michoacán acaba de renovar dos de los poderes en que se sustenta el estado: el Poder Legislativo y el Ejecutivo, además de los gobiernos municipales, a través de las elecciones efectuadas el 7 de junio de este 2015, por lo que los integrantes del primero asumirán sus cargos el primero de septiembre, en tanto que el titular del segundo, hará lo mismo un mes después que los legisladores.
Al asumir su encomienda, en el caso del titular del Ejecutivo, lo hará en medio de múltiples dificultades: carencias económicas, quebranto en las finanzas públicas, sin claridad sobre los presuntos responsables, déficit presupuestario, problemas de inseguridad graves ante la permanencia y reaparición de fuerzas delincuenciales, conflictos sociales por demandas y protestas sin fin de diferentes grupos a lo largo y ancho del estado de Michoacán.
Son enormes los retos a los que habrán de enfrentarse las recién electas autoridades, quienes han recibido la voluntad mayoritaria que es la única base legítima de poder, y que –parafraseando a Seara- tendrán la obligación quienes detenten ese poder recibido, de ejercerlo de acuerdo con lo que establecen las leyes; si el que recibe dicho poder, no lo ejerce, incurre entonces en una grave responsabilidad, porque el que lo acepta no puede ampararse ni siquiera en su propia conciencia para no aplicar la ley.
Hipólito Mora dejó señalado que para ser buen gobernante debe tenerse inteligencia, honestidad y huevos; agrego que además deben tenerse conocimientos, capacidad y compromiso cabal de ejercer el poder para generar condiciones favorables para la sociedad, para su desarrollo, abatir la pobreza, propiciar la creación de empleos, cumplir y hacer cumplir la ley, hacer imperar un verdadero Estado de Derecho. Eso es la obligación del buen gobernante.

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