Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
Los michoacanos, principio y fin del desarrollo
Jueves 16 de Julio de 2015
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Con frecuencia se olvida que el desarrollo lo hace la gente y que el fin último de éste es el bienestar de la misma gente. Medio y fin de cuanto se hace es la gente, es la población asentada sobre un territorio, que en este caso se llama Michoacán.
La política misma tiene como materia prima a la gente, los ciudadanos son igualmente medio y fin de la política, en tanto se hace por ellos y para ellos. El error más grande de un político es alejarse de la gente, para actuar al margen de ella, sin conocerla, sin percatarse de cómo piensa y de cómo siente, de todo aquello que la mueve y la paraliza, de sus deseos íntimos y de sus sueños.
En Michoacán, ahora que habrá nuevo gobierno y que hay preocupación principal por quienes integrarán el gabinete, es útil insistir en la prioridad de un buen programa de gobierno y de un buen Plan de Desarrollo del Estado, considerando que será bueno todo esfuerzo colectivo, si parte y sólo si parte de las características y necesidades de su propia población.
Por ello, conviene señalar algunas de las características principales de la población michoacana, como una manera de destacar las grandes necesidades que un programa y un plan debieran considerar como el principio y el fin de la racionalidad que representan.
En estas condiciones, el punto de partida son los cuatro millones 551 mil 300 habitantes que Michoacán tenía en el 2014, según el Inegi, de los cuales el 28 por ciento son rurales y el 72 por ciento urbanos. Aquí hay todavía un gran pendiente: estadísticamente la sociedad michoacana sería predominantemente urbana, pero ¿sociológicamente seria esto cierto?
Hay más, la población de Michoacán se encuentra distribuida en nueve mil 730 localidades, grandes, medianas, pequeñas y minúsculas, con una extraordinaria dispersión, toda vez que dos mil 931 localidades, el 30.12 por ciento, cerca de la tercera parte, tienen menos de 100 habitantes; mil 114, menos de 500, y 624, menos de mil. En contrapartida, las seis principales ciudades michoacanas: Morelia, Uruapan, Zamora, Zitácuaro, La Piedad y Lázaro Cárdenas, concentran un millón 250 mil habitantes, equivalentes al 27.47 por ciento de la población total.
Por otra parte, los michoacanos son mayoritariamente pobres y su número sigue en crecimiento. Entre el 2010 y el 2012 aumentaron en 22 mil 900 personas, al pasar de dos millones 424 mil 800, a dos millones 447 mil 700 dos años después. En cuanto los pobres extremos que son los miserables y hambrientos, no han dejado de crecer: en el 2010 eran 598 mil, en el 2012 se elevaron a 650 mil 300 y, para el 2014 ya eran 728 mil 208 personas, según datos del Coneval.
Se sabe que el desempleo crece, toda vez que sobre una demanda de 50 mil nuevos empleos anuales apenas si pueden crearse una quinta parte, con lo cual, sin trabajo y sin ingreso, aumenta la pobreza, la vulnerabilidad social y la exportación de mano de obra con el consecuente despoblamiento de la entidad. Michoacán sigue ocupando el primer lugar nacional en expulsión de población, con 32 mil migrantes anuales a los Estado Unidos y 28 mil michoacanos hacia otros destinos en el interior de la República. En Estados Unidos viven hoy tantos michoacanos como los que se han quedado aquí y el proceso de despoblamiento no podrán detenerse en los próximos 35 años, hasta el 2050.
Mientras tanto, la población michoacana seguirá envejeciendo y en el presente, los mayores de 60 años, suman 480 mil personas, el 10.9 por ciento de la población total, según datos de la Secretaría de Salud para el 2015. La realidad de estos viejos es dolorosa en la mayoría de los casos, es una verdadera tragedia humana de abandono y soledad en sus hambres, enfermedades y muerte.
Otros fenómenos han aparecido, como resultado de circunstancias de violencia e inseguridad, como ocurre con los desplazados en las distintas áreas de conflicto en la entidad. Hombres, mujeres, jóvenes, viejos y niños, huyendo para proteger sus vidas o simplemente para vivir con un poco más de seguridad. El problema no es menor según datos de la Encuesta Nacional Sobre la Dinámica Demográfica para este año, los desplazados michoacanos se elevan a 273 mil 78 personas, equivalentes al seis por ciento respecto del total de michoacanos.
Estas son realidades de la gente, de los michoacanos, que concentran distintos retos para orientar las políticas públicas, los planes y los programas de desarrollo. Es imperativo atender con acciones específicas las desventajas de la enorme concentración y dispersión de la población, el combate y la eliminación de la pobreza, la generación de empleos con metas verificables y la atención a los grupos vulnerables.
Debe evitarse la dependencia de las grandes ciudades del trabajo de toda la sociedad, del mismo modo que la existencia de minúsculos caseríos, como refugio de pobladores consumidos por el abandono. En cuanto a los empleos, ¿quién debe crearlos? Habrá que compartir las responsabilidades con los empresarios, el gobierno y la propia gente.
En relación con la pobreza, ¿podemos, como michoacanos, eliminar la pobreza, dejar de ser pobres, cancelando el pensamiento acerca de que la pobreza es una fatalidad impuesta, en tanto que la desigualdad corresponde a la naturaleza humana? En la confianza en nosotros mismos, podemos izar la bandera del triunfo y eliminación radical de la pobreza en sus distintas manifestaciones.
Es posible lograr que ningún niño, joven, adulto o viejo, pueda sentirse en el abandono. La solidaridad de acciones permite construir una sociedad de confianza, orgullosa y optimista, segura de sí misma y por ello imbatible.
El desarrollo no es por tanto la suma de lo económico, lo social y lo cultural. El desarrollo es la capacidad para que cada persona, cada grupo y el conjunto de la sociedad, pueda atender y satisfacer sus necesidades de distinto tipo.
Se ha dicho que a partir del primero de octubre de este año habrá en Michoacán un nuevo gobierno, que marcará un nuevo comienzo. En estas condiciones habría que preguntarse: ¿Qué tendrá de nuevo ese comienzo, en los principios y el método, en los valores y en la ética?

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