Rafael Mendoza Castillo
Escribir y pensar sobre el poder de explotación
Lunes 20 de Julio de 2015
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Inicio estas reflexiones con un pensamiento crítico de Lorenzo Meyer: “Que la desigualdad en México es extrema a nivel nacional e internacional y que tamaña desigualdad está ligada a la histórica y nada democrática concentración del poder político. Se trata de un claro círculo vicioso que obstaculiza un desarrollo colectivo sano”.
Volver a escribir, después de una experiencia burocrática, implica, retomar la crítica al poder. Porque quien lo ejerce actualmente, lo hace a favor de los que han venido acumulando demasiada riqueza (plutocracia). En este caso el uno por ciento más rico le corresponde el 21 por ciento de los ingresos; el diez por ciento más rico concentra el 64.4 por ciento de toda la riqueza del país.
La riqueza de los millonarios creció en 32 por ciento entre 2007 y 2012, y excede por mucho las fortunas de otros en el resto del mundo, 16 multimillonarios mexicanos cuya importancia y magnitud han aumentado. En la periferia de este modelo económico de acumulación privada de dinero, quedan más de 40 millones de mexicanos en la extrema pobreza. Eso muestra que se produce una desigualdad brutal en la sociedad mexicana. A esto último se le llama injusticia social, la cual deja dolor físico o anímico en millones de mexicanos.
Todo lo anterior evidencia que el poder público y su entramado institucional ejercen una dominación mental y física sobre el conjunto de la sociedad. Ese tipo de dominación se vincula con un modelo de explotación, cuyo fin es concentrar el excedente de capital solamente en cinco familias mexicanas. Así, se hacen visibles los Slim, los Salinas Pliego, los Bailleres, los Azcárraga y los Larrea. Como atinadamente afirma Denise Dresser: “Beneficiarios de la falta de impuestos a las ganancias del capital en el mercado accionario. Beneficiarios de la ausencia de impuestos a las herencias”.
Es indudable que un intelectual progresista o de izquierda, produce ideas emancipadoras, liberadoras, frente a un orden o régimen político, que hoy se presenta en favor de pocos y en contra de la mayoría. Pero también el mismo poder produce sus propios intelectuales para engañar y mentirle a la población. El orden político y su régimen, los distribuye estratégicamente en los medios de comunicación, ya sea en prensa escrita, en la televisión o en la radio y otros.
El poder de dominación y de explotación tiene al frente a un príncipe o presidente, que responde a los intereses privados. Ese mismo poder se inventa formas para colocar en las instituciones a sus príncipes o virreyes. Una de esas formas son los procesos electorales como los del 7 de junio de 2015. Y otro mecanismo para reproducir el orden de explotación son los partidos políticos, ya sean de izquierda reaccionaria (cúpula perredista) o de derecha extrema (prianismo).
El príncipe, presidente, líder partidario, diputado, senador y ministro de la Corte, asumen y practican la voz del capital. Es a través de estas figuras que la clase oligárquica acumula su riqueza y produce en la mayoría de la población hambre y miseria. Esta clase oligárquica inventa sus propias leyes para controlar a la población y sus clases subalternas.
No podemos olvidar leyes y reformas constitucionales para vender al extranjero y a empresarios nacionales petróleo o electricidad. Pero menos olvidar leyes para privatizar la educación pública y culpabilizar a los docentes de la catástrofe ruidosa, que no silenciosa del sistema educativo nacional. Así, el sistema autoritario funda su pretendida Reforma Educativa en una lógica de rentabilidad financiera cuyos conceptos de calidad, productividad y evaluación, se desprenden de la imagen empresarial, alejada totalmente de los procesos escolares. A nivel macroeconómico imponen el individualismo opuesto a la idea de comunidad, la competencia opuesta a la solidaridad y, todo ello, bajo el manto de la racionalidad instrumental opuesta a una racionalidad crítica y disruptiva.
Escuchemos la voz del telepresidente (EPN): “Trabajar en unidad con pensamiento optimista, positivo, para modelar el México que queremos”. Eso es lo que desea el amo del poder y ese deseo se lo impone la oligarquía nacional y extranjera (grandes corporaciones). Pero la mayoría de la población no coincide con ese deseo, sin embargo, se lo imponen al pueblo. Lo que nosotros queremos como pueblo no es lo que desea la clase en el poder y los poderes facticos, con sus reformas estructurales. Esto lo rechazamos. Porque el proyecto de sus reformas se orienta hacia el interés privado de las corporaciones económicas, empresariales, políticas y mediáticas, nacionales y extranjeras.
El discurso de la clase política en el poder de dominación está plagado de mentiras y engaños. Dicho discurso excluye y margina la voz, la voluntad del otro. El queremos de los dominadores tiene como referente al rico, al burgués, esto es, a la oligarquía y excluye el nosotros. Así, el queremos del presidente espurio es un universal falso, cuya pretensión es el ocultamiento del verdadero interés en la defensa de un objetivo particular. En el queremos de los ricos está el modelo de acumulación de capital, de ganancias en pocas manos o familias, las cuales se roban el 40 por ciento del ingreso nacional. El queremos de los ricos destruye la vida de millones de mexicanos y de paso a la naturaleza.
La voluntad del poder de dominación es proteger el interés privado, secuestrar a lo público, alienar a la condición humana y convertir a ésta en una mercancía. El querer del pueblo es el rescate de lo público, del trabajo y de lo humano. En este caso se aprecian dos opciones, dos proyectos de país y de nación. Cuando el amo presidencial reclama la unidad su interés es ocultar las contradicciones que se presentan entre las clases sociales, realmente existentes y, sobre todo, pretende hacer invisible la desigualdad social, económica, cultural, científica y tecnológica, que sufren millones de mexicanos.
Cuando los ricos y sus voceros hablan de unidad, se están refiriendo a los miembros de la clase de los ricos, es decir, de los dueños del capital. En esa unidad quedan excluidos los marginados, los pobres, los desempleados y en general, los explotados. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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