Aquiles Gaitán
¡Arriba Apatzingán!
Lunes 20 de Julio de 2015
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Desde la época porfirista, el valle de Apatzingán ha sido considerado como una zona productora, altamente productora de alimentos, productos agrícolas y ganado. La leyenda de Dante Cusi, se cuenta como la época de oro de la región, sin embargo, la época del agrarismo y la organización campesina para administrar el agua y los cultivos de alto rendimiento opacaron la leyenda para dar paso al auge agroindustrial y a la producción de melón, de sandía, de sorgo, ajonjolí y algodón, con las consabidas despepitadoras, centros de acopio y empaques, que vieron su deterioro paulatino por el exceso de químicos en el combate de plagas, herbicidas y abonos a la agricultura, que causaron finalmente que la tierra se quemara y que las plagas del algodón como el famoso gusano soldado se volvieran indestructibles por las mutaciones sufridas, las parvadas de güilotas y tordos que nublaban el cielo desaparecieron al desaparecer los granos; empezaron las huertas y los mariguaneros y de ahí p’al real, es otra historia, es la historia trágica del culto a los delincuentes que está en una agonía que no termina su estertor ¿Qué sigue para la tierra de Juan Colorado? ¿Cuál será el nuevo comienzo para esa tierra hermosa? La morisqueta no se va a acabar, ni las arpas se van a callar, los caballos seguirán bailando, únicamente se requiere organizar la producción, definir políticas, ¡alto al narco! Y convocar a los dueños de las tierras y el agua a recobrar el ánimo y el tiempo perdido.
Ya se vio que la transformación del campo a través del crédito convirtió a los campesinos en instrumento de los banqueros, es decir del capitalista, que requiere recuperar el dinero prestado, los intereses y su ganancia dejando al campesino sumido en una tragedia, que los hace esclavos de sus nuevos amos con las tierras hipotecadas. Los agraristas corrieron la suerte del banco agrario, se extinguieron como organización política y productiva, hoy son dueños de sus parcelas y tienen huertas los más, ¿cómo organizar la producción?; así como se organizan para administrar el agua, por necesidad imperiosa para subsistir.
No hay que olvidar que el pago de impuestos gravita sobre la producción y la tierra, que por ahora no pagan, pero que tarde o temprano tendrán que hacerlo. Abrir nuevos mercados, producir lo que se venda y se venda bien, cuidar los fumigantes utilizados y sobre todo, así como en cualquier empresa productora que se respete, orden y limpieza.
La importancia de la producción agrícola como generadora de materias primas para la industria y la ganadería, y por supuesto como proveedor de bienes de consumo directo para la población está fuera de discusión, ya que el Valle de Apatzingán es el prototipo de una región propia para aplicar un programa de desarrollo regional en todas sus vertientes, social, productiva y de infraestructura.
Se debe salir del círculo vicioso de los policías y ladrones, del ejército policía, de la Policía Federal, la confusa policía estatal, la Policía Municipal y la policía de autodefensas que conduce a los apatzinguenses a un estado policiaco donde actúan en la clandestinidad las hordas de Atila. El desarrollo regional propicia la convergencia de las fuerzas productivas lejos de las fuerzas policiacas, propicia la confianza entre los participantes y sobre todo, orienta y organiza a la población hoy desconcertada y en desánimo, desconfiada y escéptica. Apatzingán es el símbolo y prototipo del desarrollo agrícola y ganadero, bien se justifica un plan de desarrollo regional que tenga en esas actividades su base de sustento y a la vez termine con la estigmatización de Apatzingán como un pueblo sin remedio. Tendrá que volver a brillar la estrella del progreso en Apatzingán, tiene todo para que eso suceda, lo único que falta es organización y antes de eso planeación. Que las próximas fiestas del 22 de Octubre encuentren un Apatzingán diferente; una población como esa, irradia sus bienes o sus males a los municipios que sobre ella gravitan, habrá que terminar lo que inició Lázaro y siguió Godoy, no digo el endeudamiento, digo la Presa Francisco J. Múgica, que le faltan los canales, habrá que revestir los canales existentes para evitar fugas, tendrán que ir los representantes del gobierno federal y estatal a las asambleas de los distritos de riego, de los ejidatarios y productores para poder hablar cara a cara sin miedo al compromiso; la escuela práctica de Agricultura de Antúnez, otrora orgullo de la región, está en el abandono, ¿no se podrá recuperar como un ejemplo de lo que debe ser? La Presa Zicuirán y El Chaus, en La Huacana, Nueva Italia, Lombardía, Parácuaro, Buenavista Tomatlán y Tepalcatepec, además está la Presa de Chilatán, tres presas en una región que están unidas geográficamente con Apatzingán, la suerte del principal la corren los accesorios, lo que hace la mano hace la tras, son la Tierra Caliente que palpita a su ritmo y que impone su ritmo a Michoacán. Una planeación acertada será la premisa verdadera para desarrollar acciones y llegar a conclusiones verdaderas, para rehacer a Apatzingán. Hasta hoy los planes sacados de la manga como el Plan Michoacán, son planes de atole con el dedo, burocráticos, de arriba hacia abajo, sin base social; un plan de desarrollo regional viene de abajo hacia arriba, con sentido común y respaldo social, respaldo de los productores agrícolas y ganaderos, de ovinos y caprinos, de productos acuícolas, de comerciantes e industriales, sobre la base de la utilización racional de los recursos de la región y la integración de los productores con los mercados de consumo y los mercados de materias primas para la industria; los bailables en las plazas, la presentación de artistas, la sinfónica y los discursos, son el circo sin animales, que como los húngaros de antes, levantan el campamento y se van a otros pueblos, el desarrollo regional se da con la participación de los de ahí, los beneficios serán para los de ahí, los oficios y las pequeñas industrias son de los de ahí y si progresan, las utilidades no se van a ningún lado, se quedan ahí, producen empleos ahí, los dueños de la tierra en Apatzingán y la Tierra Caliente tendrán el respaldo de un compromiso serio y decidido para lograr el desarrollo; y como dicen los de allá, ¡arriba Apatzingán! Que ahí nadie se raja.

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