Martes 11 de Agosto de 2015
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Tendremos que entrar en un proceso de curación pues todos estamos heridos, algunos del consciente, otros del inconsciente, pero esta sociedad, la michoacana, requiere atención urgente. Sean bienvenidos los exorcismos y conjuros, sea bienvenida la esperanza, la confianza en que las cosas mejoren. Un montículo de arcilla, una piedra en manos virtuosas, se vuelven esculturas, vasijas, se convierten en expresiones de la belleza, son útiles; en manos lerdas seguirán siendo piedra y arcilla.
El ejercicio elemental del poder se basa en la planeación y el financiamiento, uno y otro son vasos comunicantes, no puede existir uno sin el otro, ni tener más fuerza, ni contenido, uno que el otro, son extensión y a la vez límite. Los ingresos son la base del financiamiento del sistema de planeación, de la satisfacción de los gastos públicos destinados a cubrir el interés público, que no precisamente las necesidades de la población, pues se corre el riesgo de seguir por el desfiladero del populismo o lo que es peor, de las oportunidades de negocio que aunque parezca absurdo, acomodan la planeación y las acciones que de ahí se derivan, a otros intereses. El contrapeso de la balanza es el control, un control apegado al sentido común; si no hay dinero no hay inversión ni gasto. Un control que ejerza una acción positiva y evite endeudamiento, dispendio o rapiña; un control alejado del burocratismo aberrante que despierta animadversión. ¿El control es malo?, no, en manos creativas se vuelve escultura u objeto utilitario y deja de ser la piedra o el montículo de arcilla.
Debemos entender que la planeación y el financiamiento son la base de una administración sólida, consistente, exitosa; por el contrario, su ausencia produce el lastimero estado en que nos encontramos, postrados ante la barbarie, entre los neandertales de los cuernos de chivo y los agiotistas. “Ya nos robaron, ¡no nos volverán a robar!”, la frase lapidaria de López Portillo antes de nacionalizar la banca cobra vida en otro contexto; ¿y ahora qué?, ya mancillaron a la doncella, ya destrozaron la cristalería las chivas locas, ya trastornaron al estado, pues si, se requiere un nuevo comienzo.
Expliquémonos la realidad bajo el concepto del contenido y el continente, el continente es el territorio del Estado, el contenido somos nosotros. Un simple análisis, simplista y simplón, nos dice que debemos cuidar el continente, es decir, el territorio del Estado, desde el Estado mismo que es al que le corresponde cuidar los elementos que lo integran: territorio, gobierno, pueblo y soberanía; en esos términos el territorio es el medio ambiente que debemos cuidar con orden y limpieza y hacer del medio ambiente el referente obligado para ejecutar las políticas e inversiones públicas. Si usamos el agua y la dejamos sucia a que corra por ríos y arroyos, que se vaya sucia a los lagos, presas o al mar, estamos cometiendo un ecocidio sistemático que destruye y trastoca la vida; si los basureros están a cielo abierto y el basural está por todas partes, también a cielo abierto, estamos cometiendo un ecocidio; si los humos desde las humildes y paupérrimas tabiqueras hasta las pocas industrias madereras, refresqueras, papeleras, siderúrgicas, químicas están sin control, estamos cometiendo un ecocidio; ya ni pensar en los bosques y la vida silvestre, en los mal llamados parques nacionales, llenos de vendedores ambulantes, de fritanga y mugre. ¿Cómo parar el ecocidio?, pues con orden y limpieza sobre todas las cosas, empezando por las plantas de tratamiento de aguas y confinamiento de residuos sólidos y, por supuesto, los desechos peligrosos, radioactivos o biológico-infecciosos, hoy igual que los otros, sin control.
El continente, el territorio, se destruye sin misericordia. Si no rectificamos las políticas públicas, el Michoacán de los lagos azules, los llanos dorados, hoy llenos de pulgones amarillos y los bosques legendarios, pronto será un triste recuerdo.
El contenido que somos los que habitamos el continente debemos sujetarnos a las normas de convivencia llamados comúnmente leyes. En un pueblo de bárbaros, el bárbaro más bárbaro atropella a todos y dicta sus propias leyes, por la fuerza domina el continente, su territorio y al contenido, los ciudadanos, de manera contundente, pues “no hay cerro que se le empine ni cuaco que se le atore.” Ante la ineficiencia y la ignorancia supina de la realidad michoacana de quien toma las decisiones, pero no sólo eso, la ley no se aplica por miedo a las consecuencias de aplicarla mal, es como el rucio aquel que no rebuznaba por miedo al aparejo.
Hay pues políticas públicas que deben ser, otras que obligan a adoptar las circunstancias y otras las que se obliga a seguir, son tres cosas distintas que hay que tener en cuenta en el ejercicio del poder o no poder para alinear las acciones a desarrollar.
¿Qué pasará si se replican las organizaciones del corte de antorcha campesina?, ¿si las Normales rurales y la CNTE siguen en las suyas?, ¿si sigue el mando único y la Fuerza Rural y los autodefensas?, ¿qué los cuernos de chivo, AK-47, no estén prohibidos por la Defensa Nacional, hasta para los policías estatales?, ¿si siguen llegando a cerrar la Avenida Madero y el Libramiento frente a Casa de Gobierno grupos de ciudadanos con problemas sindicales, estudiantiles, locales de los municipios o ranchos del estado?, pues seguirá el desmadre en que encontramos al continente y el contenido, poco deben importar en el ejercicio del poder, ante este escenario, los respetables intereses de los inversionistas, empresarios y dueños de los medios de producción, sus intereses son privados, el Estado tiene que cumplir una función social de interés público, aplicando la ley, los intereses privados se beneficiarán en consecuencia, pero hasta después; los intereses privados no pueden ser sinónimo del interés público, esto hay que tenerlo presente, las ganancias y las oportunidades de negocio vendrán después. Por algún lado debemos comenzar, las policías municipales constitucionalmente son competencia de los municipios, son parte de los servicios públicos municipales que señala el 115 fracción III inciso h) constitucional y tienen sus atribuciones definidas en el artículo 21 constitucional; las policías estatales nacidas al fragor de la batalla son híbridos sin un perfil preciso, nacieron de los tristemente célebres GOE, hoy Fuerza Ciudadana, para todos simples granaderos, de función evidentemente represiva, tal vez, según el cristal con que se miren, necesarios. La Policía Federal por el mismo camino, pero son federales, ¿pueden y deben combatir delitos federales? La respuesta es sí, pues a darle que hay mole de olla; en la confusión del mando único, entra la licuadora de la responsabilidad y caben todos los excesos, desde las casas de narcos que simplemente encuentran vacías hasta los tiros de gracia. Los municipios deben tener sus policías, el estado los suyos y la Federación lo suyo, cada quien según su competencia constitucional y el Sistema Nacional de Seguridad Pública, la que también establece el concepto de coordinación entre ellas, no el de subordinación. Debemos saber cómo se gobierna a través de políticas claras y responsables, donde se le dé a cada nivel de gobierno el respeto que debe tener, Federación, estado y municipio, que cada quien enfrente su realidad y los ciudadanos les daremos el respaldo; pero si vivimos en un mundo irreal, de tirones y jalones, de mentiras e incompetencias, en este Michoacán de fachadita, seguira la tramoya y los actores representando la farsa.

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