Alejandro Vázquez Cárdenas
Hiroshima, 70 años
Miércoles 12 de Agosto de 2015
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Este 6 de agosto se cumplió un aniversario más de ataque nuclear a la ciudad de Hiroshima. Nuevamente aparecen los discursos \"políticamente correctos\" y los lectores de algunos medios reafirman con entusiasmo su ignorancia y sus prejuicios. Pero no todo es blanco y negro. Vale la pena recordar algunas cosas.
El 7 de diciembre de 1941, sin mediar declaración de guerra, Japón ataca la base de Pearl Harbor, Hawái, hundiendo 18 buques y causando cuatro mil bajas. La poderosa Flota Norteamericana del Pacífico dejó de existir en escasas dos horas. Al día siguiente, Roosevelt declaraba la guerra a Japón.
Inicia entonces la guerra del Pacífico, y a la altura del verano de 1944, ya estaba en condiciones de ser ganada por los aliados. La superioridad en aviación de los japoneses había desaparecido después de la batalla en el mar de Filipinas. En octubre de 1944 los norteamericanos desembarcan en Leyte, pero fue necesaria una larga guerra de trincheras y no pudieron instalar campos de aviación útiles para llegar hasta Japón debido a la orografía de la isla. En enero de 1945 se produjo el desembarco en Luzón seguido por el ataque a Manila. La barbarie de los defensores japoneses produjo un elevado número de muertos entre la población civil y también entre los norteamericanos, hasta el punto que el caso de la capital filipina puede compararse con el de Varsovia en cuanto a grado de destrucción.
Mucho más decisiva para el avance de los aliados fue la toma de Iwo Jima, un islote a medio camino entre las Marianas y Japón que tuvo utilidad como base aérea de bombardeo, imposible de realizar desde las Filipinas. Pero en Iwo Jima los norteamericanos comprobaron cómo la cercanía con Japón endurecía los combates de un modo espectacular. Los norteamericanos tuvieron siete mil muertos, mientras que de la guarnición japonesa, de unos 20 mil soldados apenas si sobrevivieron unos 200.
Para esa fecha era muy claro que Japón no podría jamás vencer a Estados Unidos pero en sus fríos cálculos la camarilla militarista que dominaba en Japón consideraba que podría vender su derrota a precio muy alto. Sacaban sus cuentas, la invasión de las islas niponas de ninguna manera sería como el desembarco en Normandía, pues a diferencia de Europa, Japón es un archipiélago.
El intento, calculaban, costaría entre cinco y diez millones de vidas japonesas, y lo más grave, Japón estaba dispuesto a pagarlas. Para los Estados Unidos el desembarco y conquista costaría un millón de vidas norteamericanas y de ninguna manera estaban dispuestos a aceptar ese costo. Aquí debemos recordar algo básico: la visión de la vida y de la muerte no tenía, ni tiene, el mismo significado para Oriente que para Occidente.
La estrategia nipona consistía en tratar de causar al adversario tal número de bajas que les obligara a plantearse la posibilidad de un pacto lo más beneficioso posible para sus intereses. Para ello utilizaron procedimientos que eran en realidad una combinación entre la obstinación y la rabiosa impotencia, los kamikazes. Razonaron que sus aviadores, en manifiesta inferioridad, resultaban mucho más efectivos en ataques suicidas estrellándose contra el adversario. Iniciado a fines de 1944, este sistema se generalizó a partir de abril siguiente, cuando los norteamericanos invadieron Okinawa. Sin embargo, Tokio mantuvo una reserva de cinco mil aparatos suicidas destinados a enfrentarse con quienes quisieran desembarcar en Japón.
A la hora de decidir fue evidente que el costo de un millón de bajas aliadas y presumiblemente ocasionar un numero muy superior de bajas en el propio Japón era un factor de peso para optar por el uso de una arma con una capacidad de disuasión enorme y que acortara el término de la guerra, de un año o más, a sólo unos días y, por lo tanto, evitar una millonaria pérdida de vidas.
El arma ya existía, era la bomba atómica, y el 6 de agosto de 1945 el mundo conoció su potencia al ser arrojada sobre Hiroshima. Tres días después otra fue detonada sobre Nagasaki. Unos días después Japón se rendía. La pesadilla había terminado.
¿Fue buena o mala la decisión del uso de esta arma? La respuesta depende de la correcta valoración de todos y cada uno de los datos. Opinar a la ligera es irresponsable.
drvazquez4810@yahoo.com

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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