Martes 18 de Agosto de 2015
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Desde siempre los hombres se han fascinado por la obtención del poder, pero a la vez, por la pérdida del poder; son dos cosas distintas, dos escenarios diferentes, dos actitudes diferentes de quien lo detenta a la hora de asumir el compromiso político de tomarlo, y otra, al dejarlo. En ambas situaciones y momentos se debe estar preparado, en una para ser y en otra para no ser. Tal vez esta última sea psicológicamente más compleja y por ello más difícil; tal día, a tales horas, el sueño se disipa, la pompa de jabón estalla, el encanto de las hadas se termina, es el momento de no ser, el momento de la partida, de recoger las redes que pueden ser llenas o vacías, de levantar la cosecha de lo sembrado que igualmente puede ser abundante o magra, según se hayan aplicado las mejores técnicas o las mejores prácticas en un cultivo, siempre a expensas de plagas devastadoras o granizadas fatales. Día a día el momento del ocaso nos invita a la reflexión, es un fenómeno que deslumbra a todos, nos enmudece, nos confronta y nos conforta a la vez con nosotros mismos; hay ocasos bellos, bellísimos, nublados, lluviosos, tristes o alegres, cada día es diferente, igualmente, en el ocaso del ejercicio del poder, los calificativos proliferan pero la realidad es una y ahí está, todos la vemos, todos contemplamos al sol desgarrando nubes perdiéndose lenta y paulatinamente en la línea del horizonte; se va la luz, llega la noche, la silla ha quedado vacía. Mañana, cuando llegue la luz, será otro día, otro amanecer, despertamos del sueño con la esperanza de encontrar el amanecer más bello, la silla será ocupada nuevamente, los espejos del poder reflejarán nuevos rostros, los ojos de ayer, casi sin luz y con nostalgia, ya no estarán, los ojos de hoy tienen la luminosidad y los destellos de los elegidos. Queda la enseñanza, queda el apotegma de que otros pueden decidir si tú no puedes.
Posiblemente en las urnas se haya evaluado el desempeño de los gobiernos que se van; en cada pueblo se dieron las elecciones, los costales de mañas abrieron sus bocas, cada quien buscó el triunfo con ahínco, el resultado todos lo sabemos; si pagaron justos por pecadores, si alguien rompió los platos y otros los pagaron, si uno fue más hábil que otro para realizar la labor del embeleso, eso parte de las historias que habrán de comenzar, el día 1º de septiembre y el día primero de octubre. “Al odio le dejaré, mi camiseta de navío, mis zapatos de caminante, mis herramientas de carpintero…” eso dice Pablo Neruda en su “Testamento”, que puede leerse completo con su dramático final como un recordatorio para muchos que se van y muchos que comienzan. Cité a Neruda y con él, cito a un poeta militante. Con él quiero cuestionar, a partir de él quiero analizar cuál ha sido en Michoacán el destino de las bellas artes en los últimos años. Confinada la política pública de la cultura a una Secretaría sin recursos humanos, materiales y financieros suficientes, poco se puede hacer más allá de lo poco.
La cultura es a la vez la civilización y la educación, las bellas artes y al ciencia, lo artístico, lo intelectual, al hablar de una Secretaría de Cultura, ¿de qué estamos hablando? Puede ser agencia de publicaciones de todo tipo, ¡todo es cultura!, la cultura de los pueblos originales es muy diferente a la de Tierra Caliente, o de la Costa, o la de los pueblos de Tierra Fría, los habitantes del bosque o los del valle, ¿la cultura es Morelia?, ¿la cultura en manos de michoacanos? ¡Buenas noches señores! El sol se ha ido. ¿Siempre fue de noche?, estamos perdidos en los laberintos de la burocracia, el esquema de casas de la cultura está agotado, son callejones sin salida. ¿Cómo podemos liberar la creatividad, el ingenio, cultivar los talentos sin apartar el arte del compromiso social?, ¿o no deben tenerlo? Los poetas, los músicos, los pintores, los bailarines, los escultores, los escritores, los artistas deben tener una clara y firme actitud política, o simple y llanamente, dedicarse a lo suyo, ser apolíticos, inofensivos al régimen en turno, en esta sociedad democrática de la partidocracia. Si es así, los artistas e intelectuales vivirán en sus torres de marfil, es metáfora, ¡claro!, aislados del mundo y no habrá quien pida castigo para los responsables del delito de la desilusión social.
Pero viene el nuevo día, un nuevo amanecer, dicen, un nuevo comienzo. Ahí se va a ver, ¿cuál será la política cultural del nuevo gobierno? La Orquesta Sinfónica sindicalizada, los premios, exiguos premios a los concursantes que no se pagan, un presupuesto inexplicable, el Teatro Matamoros que como las obras de los poetas y escritores, no se terminan nunca, se abandonan, pero implican mucho dinero, cuya inversión habrá que hacerla productiva y explicarla. Las empresas que promueven los festivales de Música y de Cine sangran al gobierno con la misma fruición que los de Antorcha Campesina, que para el caso es lo mismo, las cocineras tradicionales y los danzantes de los pueblos son un folclorismo más con tintes turísticos. ¿A quién benefician?, es cultura o turismo, o el turismo es cultura, o la cultura es turismo, “el turismo cultural” que simplemente lleva estas acciones hacia un marcado interés económico.
“Más vale flaco en el llano que gordo en caballeriza”, fortalezcamos lo nuestro, en nuestros pueblos y comunidades, cada quien desde su propia libertad, expresar sus aportaciones, sus críticas, sus propuestas y que la burocracia siga su camino rumbo a la media luna, por los caminos que no saben si van o vienen, por los caminos que nos conducen a ninguna parte, ahí donde el arte es libre pero mudo, donde se vende bien y los turistas se van complacidos; habrá que explotar el morbo de la violencia extrema con un festival el Apatzingán. Al secretario de la pequeña Secretaría le corresponderá el privilegio de trastocar el mundo, su pequeño mundo vallisoletano y hacerlo crecer; sin dinero no hay programa que se pueda hacer y lo poco que hay, se irá en pagar compromisos y apoyos convenencieros. Por ahora contemplemos el ocaso, así como se contemplan los ocasos, sin apartar la vista del sol que se despide.

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