Jerjes Aguirre Avellaneda
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En el PRI, ¿sólo cambio de dirigentes?
Viernes 21 de Agosto de 2015
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El Partido Revolucionario Institucional está culminando el proceso de renovación de su dirigencia con Manlio Fabio Beltrones como presidente del Comité Ejecutivo Nacional. En este proceso, las características personales del sonorense tienden a sustituir el análisis riguroso de los problemas estructurales del PRI, junto a lo que tendría que hacerse para que corrija errores, desviaciones y traiciones, generando las condiciones para la recuperación de la más amplia confianza y apoyo ciudadano.
La historia del PRI explica aspectos fundamentales de la historia de México en el siglo pasado. Como partido político dominante, su presencia se extendía desde una Encargatura del Orden hasta la Presidencia de la República, pasando por los ayuntamientos, congresos locales y gubernaturas, diputados federales y senadores. Nada importante podía pasar al margen de las siglas del Partido Revolucionario Institucional.
Su inmenso poderío obedecía a una visión ideológica consistente y a su identificación con el proceso de la Revolución Mexicana. Era el partido de la Revolución, el partido de los campesinos y la Reforma Agraria, de los obreros y los derechos laborales, de clases medias, de los soldados y los empresarios, de todos los sectores identificados con los grandes cambios, con la independencia, soberanía y grandeza nacional. Todo esto se decía y se creía. Había legalidad revolucionaria y legitimidad revolucionaria, sentido, orgullo y entusiasmo para construir un México nuevo, con democracia y justicia social. Las ideas valían y el compromiso con las ideas era una característica de todo ciudadano que se respetara a sí mismo.
No obstante, la ideología de la Revolución Mexicana fue formándose con las aportaciones de destacados revolucionarios, organizaciones y grupos, hasta la promulgación de la Constitución de 1917, que otorgó estructura jurídica al Estado revolucionario, a la vez que integraba el programa de acción y el diseño de una sociedad con principios y valores originales. El principal objetivo del partido político de la Revolución, en cualquiera de sus formatos, era, por tonto, el cumplimiento de la Constitución que se identificaba con su propio programa de acción, en coincidencia con el gobierno que debía cumplirla y hacerla cumplir. Partido y gobierno fueron complementarios, como circunstancia que explica las referencias al PRI como “partido de Estado”.
A cada modificación de la Constitución y de las condiciones internas e internacionales correspondió una modificación de la organización política de los revolucionarios. Las circunstancias mundiales de preguerra facilitaron la radicalización del proceso revolucionario de acuerdo con los tiempos y las posibilidades proletarias, hasta que el desenlace del conflicto armado inauguró la Guerra Fría y México hubo de alinearse con Estados Unidos. Así, en la década de los años 20, el Partido Nacional Revolucionario tuvo una identidad; en los 30, el Partido de la Revolución Mexicana tuvo otra y, el PRI, en los años 40, una identidad final y definitiva, que fue disolviéndose con el tiempo hasta la pérdida total de su significado original.
Hoy en la geometría política al PRI no se le ubica en la izquierda, tampoco en la derecha, sino en el centro, sin más explicación y argumento. Respecto a la izquierda, ciertamente el PRI no está de lado de los campesinos y los obreros por más que las inercias del pasado faciliten el uso de un lenguaje comprometido. En cuanto a la derecha, las convergencias son mayores con los intereses empresariales nacionales y extranjeros al nivel que permite destacar las coincidencias entre el PRI y el PAN. Lo cierto es que cuando Fox se hizo cargo de la Presidencia de la Republica pudo declarar que sus estrategias de desarrollo eran las mismas que las del PRI y que él sólo las estaba continuando. Más complicada resulta la posición de centro, que es estar y no estar, con un vacío de rumbo.
Por otra parte, hacia adentro, en su organización, que en el pasado fue de vigorosos sectores y organizaciones más su estructura territorial que otorgaban al PRI fuerza y capacidad de respuesta a los desafíos nacionales, hoy la debilidad en evidente, ya no hay sectores y organizaciones relevantes. Al darse por terminada la alianza política entre el gobierno y los trabajadores, las organizaciones obreras y campesinas iniciaron su acelerado declive. Igual ocurrió con la difusa clase media, con la CNOP, que permitía aglutinar importantes sectores populares urbanos, y las organizaciones de mujeres y jóvenes. Se llegaron a niveles de confusión y debilidad que pudieron provocarse absurdos gigantescos, como el protagonizado por los diputados campesinos priistas, que en 1992 votaron a favor de las reformas al artículo 27 constitucional, que permitían la venta de tierras ejidales, con lo cual se proporcionaba una herida mortal a la propiedad social emblemática del campo y las luchas campesinas, como en la propiedad ejidal. La CNC fracturó con aquella medida sus cimientos sociales y políticos, transformándose en una organización que tiene pendiente la reformulación de su ideología y de su plataforma de acción.
En cuanto a la estructura territorial, comenzando por los comités seccionales y municipales, carecen de actividades partidistas hacia adentro con la militancia y hacia afuera con los ciudadanos. Sin influencias relevantes, estas instancias viven penuria ideológica, táctica y estratégica, que impiden hacer aportaciones para la reconstrucción y rectificación en los rumbos políticos del PRI.
Antes de los tiempos de Salinas de Gortari también hubo de mencionarse la conveniente transformación del PRI para adecuarlo a los grandes cambios neoliberales que estaban en marcha. Ahora, en el acto priista del pasado 25 de julio, Enrique Peña Nieto expresó: “(El PRI) se debe actualizar en su organización y estructura para reflejar las nuevas condiciones y dinámicas sociales del país”.
En estas condiciones Manlio Fabio Beltrones es el nuevo dirigente, pero ¿eso será todo? Es evidente que si eso ocurre habrá frustración y los problemas habrán de complicarse. Habrá que atender las exigencias de la realidad y una de esas exigencias, la fundamental, es la definición del tipo de partido que corresponde al PRI, a quien sirve y a quien no sirve, a favor y en contra de quien está el Partido Revolucionario Institucional.
Por ahora, ¿cuántos mexicanos seguirán creyendo que el PRI es revolucionario como su nombre lo indica?

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