Alejandro Vázquez Cárdenas
Discurso de odio, Donald Trump
Miércoles 26 de Agosto de 2015
A- A A+

Ya inició la carrera para la candidatura a la Presidencia de Estados Unidos. Por parte del Partido Demócrata la casi segura nominada es la señora Hillary Clinton, política que cuenta, sobradamente, con las suficientes credenciales para aspirar a dicho puesto. Por el Partido Republicano existen varios precandidatos; entre ellos destaca, como una mancha de lodo en una superficie blanca, Donald Trump, multimillonario de conflictivos antecedentes, personaje que se ha propuesto crecer y destacar utilizando un recurso de probada eficiencia y peligrosidad: el llamado “discurso de odio”.
Pero vayamos por partes, primero, ¿qué debemos entender por “discurso de odio”? La popular Wikipedia nos lo define como “cualquier acción comunicativa que tenga como objetivo promover y alimentar las manifestaciones de odio y rechazo hacia determinadas personas o grupos de personas, utilizando expresiones de desprecio hacia el grupo en cuestión por sus características étnicas, religiosas, culturales entre otras”.
Otra definición, más bien orientada al aspecto legal, nos dice que “es una incitación al odio contra un grupo de personas definidas por raza, grupo étnico, origen nacional, género, religión, orientación sexual y similares, especialmente en circunstancias en las cuales la comunicación probablemente provoque violencia”.
Abundando en el tema recordemos algo importante. Las expresiones de odio y el discurso destinado a intimidar son muy antiguos y no tienen fronteras. De la Alemania nazi pasando por el Ku Klux Klan en los Estados Unidos, por Bosnia en los 90 y el genocidio de Ruanda en 1994, se ha empleado este discurso para racionalizar el asesinato.
El explosivo crecimiento de Internet y otros medios ha facilitado la divulgación de expresiones de odio, por eso muchos gobiernos y organismos internacionales han tratado de limitar los efectos de este tipo de discurso. Pero se han encontrado con un detalle: su posible contraposición con el derecho a la libertad de expresión, garantizado por numerosos tratados y legislaciones.
El artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) prevé un amplio grado de libertad de expresión. Este artículo protege esta libertad al proscribir la censura previa y otras restricciones. Pero este manto de la libertad de expresión no es, ni debe ser, absoluto. La CADH, al igual que numerosos pactos internacionales, declara que las expresiones de odio quedan al margen de la protección del artículo 13 y exige que los estados parte proscriban esta forma de expresión.
En el caso de Europa, la Convención Europea de Derechos Humanos (CEDH), en su artículo 2, inciso 10, dice: “El ejercicio de estas libertades, que entrañan deberes y responsabilidades, podrá ser sometido a ciertas formalidades, condiciones, restricciones o sanciones previstas por la ley, que constituyan medidas necesarias, en una sociedad democrática, para la seguridad nacional, la integridad territorial o la seguridad pública, la defensa del orden y la prevención del delito, la protección de la salud o de la moral, la protección de la reputación o de los derechos ajenos, para impedir la divulgación de informaciones confidenciales o para garantizar la autoridad y la imparcialidad del Poder Judicial”.
Como podemos ver, el derecho a la libertad de expresión, por razones evidentes, debe tener ciertas limitaciones; no es ni puede ser la libertad irrestricta, laxa y hasta cierto punto utópica como la pensaron Voltaire, Rousseau o Montesquieu, posición preconizada y defendida por John Stuart Mills.
Debemos, obligadamente, aprender de la historia. Recordemos los resultados del discurso de odio en la primera mitad del siglo XX en un país europeo con graves problemas. El dueño de este discurso fue un personaje de una inteligencia diabólica, Adolf Hitler; el país era Alemania; los enemigos, los judíos y las razas inferiores; el propósito, recuperar la grandeza de Alemania y la pureza de su raza; el costo, 40 millones de muertos en la mayor conflagración que ha visto la humanidad desde que existe.
¿Coincidencias con el discurso de Trump? Cambie “judíos” por “mexicanos” y “grandeza de Alemania” por “grandeza de Estados Unidos” y el discurso es el mismo.
drvazquez4810@yahoo.com.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
Comentarios
Columnas recientes

Eugenesia

El humano y sus errores

Vivir con cargo al estado

País jodido

La revolución traicionada

Un paciente mental

El cerebro político

El timo de la homeopatía

México, entre el odio y rencor social

La depresión y la vejez, un problema que se incrementa

Cómo asaltar el poder

Los “abajoinsultantes”

Delincuencia y periodismo

Vivir en la Rumania comunista

Pacifismo

PRI, el partido que nadie quiere

Las consignas del odio

Premios Darwin

Inteligencia, Hitler y engañar con la verdad

Sectas, un fenómeno religioso y político

Elecciones aristocracia y kakistocracia

Sobre la responsabilidad

Democracia, educación y votos

Recordando al News Divine

Bulos y fake news

La salud y los políticos

La política del chantaje

El señor López Obrador y la educación

Delincuentes sexuales

Pena de muerte, ¿sirve o no?

López Obrador y su personalidad

Qué hacer después de los 60

Culpables fuimos todos

Autoridad moral y las redes sociales

Paz a toda costa, ¿eso queremos?

Criminales y maltrato animal

Ideologías totalitarias

Justicia, al servicio del poder

Pactar con el narco

Una alternancia fallida

La objetividad y el periodismo

Suicidio en el anciano

Incitatus, el Senado, el IFE y el PRI

Lectura, un hábito en extinción

Trastorno paranoide, datos

Hablando de diputados

Llegar a viejo, datos

Cuba, peligrosidad predictiva

Pax Narca

Amanuenses, más vivos que nunca

Religiones y sectas

Nicolás Chauvin, ignorancia y necedad

Cuando nos negamos a ver, el caso de la CNTE

La salud y los políticos

Votar con el hígado

Ignorancia radioactiva

Tomar decisiones. No todos pueden

Pertenecer a la izquierda

Fanatismo y política

Congreso sordo y caro

Productos milagro, las ganas de creer

Un partido sin remedio

Intelectuales y la violencia

Nuestros impuestos (no) están trabajando

La congruencia y la izquierda

La estupidez

Medicina y comercio

Tener fe, la justicia en México

Simonía y delincuencia

El cerebro de reptil

Abortar o no abortar

Cocaína, heroína, éxtasis y tachas

Hablando de genocidios

Política, odio y resentimiento

Información y noticias falsas

Hablando de totalitarismo y mesianismo

Un modelo de universidad

Feminicidios, misoginia y machismo

1° de mayo, algunos datos

Un crimen sin castigo

Con licencia para matar

México, su educación y cultura

IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia

IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia

No pasa nada

Corrupción, un problema severo

Philip Roth, sus libros y la vejez

Patognomónico y probable

Don Alejo, un ejemplo

Periodismo y poder

¿Son iguales todos los humanos?

La historia se repite

Notas sobre la evolución

¿Quién mato a la gallina?

Reflexiones sobre la ignorancia

Pemex, ¿petróleo de los mexicanos?

Un problema diagnóstico

Carta de Esculapio a su hijo

Secuestros en México

Fabula de la cigarra y la hormiga

Cuba y Castro, algunos datos

Trump, datos y reflexiones

Democracia y elecciones en Estados Unidos

Investigación médica, mentiras e Internet

La fábula del escorpión y la rana

Reflexiones sobre religión y ciencia

Cómo transformarse en un intelectual

El mono desnudo

Diálogo, ¿qué es eso?

Septiembre, ¿que celebramos?

Incompetentes o cómplices

Universidad Michoacana y la CUL

La democracia y los democráticos

Periodismo, sesgo y derechos humanos

Gana la CNTE

Las tres “C”

Usos y costumbres

¿Hasta cuándo?

Fanatismo y terrorismo, un peligro

Agnosticismo y ateísmo

A 28 años de un 6 de julio

Opiniones respetables

Paro médico

Miedo

Enfermedades psicosomáticas

La CNTE y sus mentiras

El toreo y la mente humana

El principio de Peter y los abogados

1º de mayo y los sindicatos

Productos pirata

Un nuevo tropiezo, la CNTE en Michoacán

La injusticia en México

Ferias y peleas de perros

Los nombres de los hijos

El “Justo Sierra” y la autonomía universitaria

Aristocracia y kakistocracia

La farsa de las terapias pseudocientíficas

PRI, un aniversario más

La educación universitaria en México

La visita del Papa

Medicina, pronóstico reservado y tanatología

El fuero ¿debe desaparecer?

Los gobernantes que merecemos

Cambio de placas, mal asunto

Escepticismo y credulidad

El debate, despenalizar o no las drogas

Terminó un mal año

Una carta para los mexicanos

Los perros no son juguetes

Silvano, el desencanto