Francisco Lemus
Visor
¿Es necesario dejar de crecer?
Miércoles 2 de Septiembre de 2015
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La obsesión del crecimiento económico se ha vuelto un imperativo que se supone nadie debe poner en duda, pero empiezan a abundar posturas, sobre todo vinculadas a la preservación ambiental, que estiman necesario detener el crecimiento y cambiar la visión económica, pero qué tan viable es esto.
Crecimiento cero o decrecimiento se presentan como una propuesta imperativa dadas las presiones que la humanidad ejerce sobre el planeta y sus recursos; si a ello sumamos el hecho de que el crecimiento sin precedentes de la época contemporánea también ha dejado millones de pobres, es lógico que haya quienes cuestionen si es pertinente esa obsesión por el crecimiento.
Si el crecimiento cero o el decrecimiento fuera la panacea que se requiere, habría que felicitar entonces a los últimos gobiernos de México por sus esfuerzos, que han llevado al país a las tasas más bajas de crecimiento desde la guerra de Revolución.
En la mayoría de los casos de la naturaleza existen límites físicos para el crecimiento, crecer más allá de eso implica gigantismo y seguramente un mal funcionamiento de las partes. En un sistema social el gigantismo que vivimos, donde unos pocos acaparan grandes riquezas, mientras que un grupo grande está desprovisto de posibilidades de desarrollo, no puede ser saludable.
Pero clamar por el cese del crecimiento en las actuales condiciones no es en absoluto garantía de que las riquezas ya generadas van a repartirse de manera automática entre las mayorías; los bajos niveles de crecimiento de los últimos años han significado incremento de la polarización de la riqueza, demostrando que el problema no es crecer o no crecer, sino un mejor reparto de la riqueza.
En las condiciones actuales dejar de crecer implica más desempleo y pobreza para la mayoría de los países. En México, aunque algunos tengan sus necesidades más que satisfechas, hay millones que no tienen un empleo, o por lo menos no uno seguro; millones más carecen de un hogar y de los recursos necesarios para alimentarse apropiadamente.
Como en cualquier desastre, los primeros en sufrir las consecuencias del desastre económico que representa el no crecer son los que menos tienen; mientras que otros ven en esto la posibilidad de hacer nuevos negocios aprovechándose de la necesidad de las personas; un ejemplo de ese emprendimiento ya se vive en Sonora con los vendedores de niños.
Si hubiera sido de lo más ingenuo luchar por los derechos humanos de los esclavos sin discutir la necesidad de que dejaran de ser propiedad de otra persona, hoy es igualmente ingenuo discutir la necesidad de no estar sometidos al crecimiento económico obsesivo, si esto no es más que una consecuencia de todo un sistema económico que parte de la desigualdad y diferencia de clase.
Un negocio, a diferencia de un organismo, podría no tener límites para su crecimiento, y de acuerdo con la lógica del capital tiene como imperativo crecer o desaparecer, pero incluso las más grandes empresas tienen un límite, transgredir esos límites implica destruir a otros negocios y, si es necesario, a otras economías.

Sobre el autor
Francisco Javier Lemus Yáñez Es doctorante en Ciencias de la Sostenibilidad por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en Estudios Políticos y Sociales por esta misma universidad, y Licenciado en Economía por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). En 2010 inició sus labores como reportero de economía en Cambio de Michoacán, desde 2011 colabora con el segmento Visor en el cual trata temas de economía, política y sociedad. Es profesor de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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