Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
Nuevas visiones para los nuevos ayuntamientos
Viernes 4 de Septiembre de 2015
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La realidad económica, social y política de Michoacán se encuentra en los municipios. Esa es una realidad concreta, perceptible, de lo que es Michoacán. También de lo que pudiera ser. Allí está la historia, los recursos, el trabajo, las formas de la tristeza y la alegría, el conocer quién es quién, el cómo se gana la vida y el cómo unos se hicieron ricos y otros siguen siendo pobres.
Por eso los municipios son, ante todo, comunidades humanas con identidad propia, a quien se dotó de un territorio y una forma de organización política, de gobierno, para que representara y administrara los asuntos de todos. Cuando se constituyeron, las consideraciones sobre el desarrollo y su capacidad para lograr autosuficiencia en la atención de las necesidades de su población, no fueron tomadas en cuenta, simplemente se fundaron.
En el sur de Michoacán había mucho territorio y poca población, con actividades principalmente ganaderas y forestales que demandaban poca fuerza de trabajo. Ahí fueron establecidos municipios grandes, extensos, con escasa población, como escenarios de pobreza y grandes rezagos sociales hasta el presente. Aquila, Arteaga, Huetamo, Tiquicheo, son apenas algunos ejemplo de esta descripción.
En cambio, en el norte, con terrenos aptos para la agricultura, el latifundio y la gran hacienda florecieron, con sus pueblos de peones acasillados o “cascos” de hacienda cuyo crecimiento obedeció a la reproducción amparable de la “peonada”. Los grandes intereses latifundistas impulsaron el establecimiento de municipios minúsculos, en la coincidencia frecuente de un municipio con un latifundio, hasta convertirse en una fragmentación irracional en términos de autonomía y desarrollo.
El resultado consistió en que Michoacán pudo convertirse en un mosaico irregular de municipios desordenados en su tamaño, niveles de desarrollo y potencial de crecimiento; con estructuras culturales diferentes que identifican la diversidad y la riqueza de etnias. Hay el Michoacán de la Costa, de Tierra Caliente, del Bajío, del Valle Morelia-Queréndaro y del Oriente, teniendo en todos los casos sus propias particularidades: en su pasado, en su presente y de frente al porvenir.
Esta es la realidad y de ella habrá que partir para resolver las circunstancias de crisis de todo Michoacán, de sus regiones y de sus municipios, ahora que nuevos ayuntamientos asumen las responsabilidades de gobernar. Si los gobiernos municipales lo hacen bien, si rompen inercias, son creativos y aplican principios que modifiquen rumbos, a los municipios les irá bien y, por tanto, a las regiones y a Michoacán también les irá bien. Puede comenzar en los municipios una manera distinta para el inicio de una nueva época para todos los michoacanos.
El Ayuntamiento está obligado, por ley, a formular el Plan de Desarrollo Municipal como documento rector del desarrollo, que debe elaborarse con la mayor responsabilidad y el mayor rigor técnico. Estos planes municipales no son un simple requisito de trámite, producto de la ocurrencia de los legisladores, sino que representan la expresión y el compromiso de lo que se propone hacer el gobierno municipal, de las metas por alcanzar, de la evaluación de los resultados y de la supervisión ciudadana. Requisito fundamental de los planes de desarrollo municipal es el que se refiere a la participación de la gente en los diagnósticos, la identificación de las prioridades y las líneas de trabajo, los programas, proyectos y acciones que corresponden. Planes que dejan de ser de los escritorios municipales para convertirse en planes de corresponsabilidad ciudadana.
Por otra parte, es imprescindible considerar que en el corto y mediano plazo, la prospectiva de los municipios michoacanos no es de elevado optimismo. Las limitaciones financieras provocadas por un marco recaudatorio municipal minúsculo, junto a las restricciones de los gobiernos estatal y federal, impactarán desfavorablemente la atención de los servicios públicos que los habitantes municipales demandan. Al mismo tiempo habrá más desempleo, más migración y despoblamiento y más amplios riesgos de inseguridad y violencia.
Estas son las tendencias no deseables pero probables y frente a ellas, los gobiernos municipales tendrán que actualizar sus atribuciones para intervenir directamente en los procesos de desarrollo, colocando sus tareas de fomento en el centro de sus actividades, de modo que pudieran ampliar su papel como gestores de recursos con el trabajo con la gente para planear, incidir en la producción, acceso a los insumos, la asistencia técnica y la comercialización, entre otros muchos aspectos. Lo que los ayuntamientos pueden hacer en términos de desarrollo depende sólo de su imaginación y creatividad como cuerpos colegiados.
Nada impide que los gobiernos municipales actúen como promotores de inversión, de innovación, de organización, capacitación y adiestramiento, impulsado el establecimiento de instancias de ahorro, crédito y financiamiento, o como gestores comerciales y factores fundamentales en el establecimiento de mecanismos solidarios para la eliminación de la desigualdad social y la pobreza.
De elementos pasivos, los gobiernos municipales tendrán que transformarse en elementos activos para mover y estar con la gente en la satisfacción de sus necesidades y expectativas. La gente, en sus distintas condiciones concretas, como campesinos, obreros, clases medias o empresarios, artistas o intelectuales, constituyen el elemento esencial en el desarrollo y el bienestar. El reto es para la sociedad y el gobierno, unidos para alcanzar la grandeza colectiva.
En el ámbito jurídico es indispensable la actualización del marco legal municipal para reorganizar el territorio michoacano y otorgar viabilidad a todos los municipios, a la vez que se fortalecen las atribuciones de los ayuntamientos para participar en la dinámica integral del desarrollo municipal. Rigurosamente, visto de otro modo, esto puede representar una vía de desarrollo de abajo hacia arriba, con el compromiso de toda la sociedad.
En otra perspectiva, un problema relevante consiste en que los municipios y sus gobiernos deben resolverse a comprender qué carencias y demandas no tienen posibilidades de solución dentro de los límites estrictos de sus territorios. El criterio de la autosuficiencia en todo y para todos es completamente inviable tratándose de municipios con limitaciones y carencias de distinto tipo.
A los sistemas económicos cerrados es preferible oponer los conceptos y las prácticas de la relación, colaboración y complementariedad entre unos municipios y otros, en la solución de dificultades comunes y en la realización de acciones de beneficio compartido en el marco de una sola región. Viejos prejuicios atentan contra esta forma de trabajo. Sin embargo, es la tendencia lógica de los hechos, que siempre testarudos, terminarán por imponerse en definitiva.
En última instancia, queda claro que los nuevos ayuntamientos michoacanos tienen retos mayúsculos, a la altura de la crisis y de lo que los michoacanos en cada municipio se merecen.

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