Aquiles Gaitán
El cuarto vacío
Martes 8 de Septiembre de 2015
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El elegido nombrará a sus funcionarios que serán, por su capacidad, quienes decidan en los asuntos especiales que les sean encomendados, la seguridad, las finanzas, la educación, el medio ambiente, la salud, etcétera; tendrán un funcionario responsable de la buena marcha o de los resultados de una toma de decisiones equivocada; enfrentan como funcionarios públicos esa dualidad que fácilmente se olvida, su personalidad de hombre y su personalidad de funcionario, una natural y otra política, que al conjugarse se mimetizan y confunden, una asimila a la otra; el hombre necio, malvado o corrupto será un funcionario con las mismas características a las que sin lugar a dudas se anejará, en la conjunción, la soberbia. La linterna de Diógenes esta prendida en busca de los hombres destinados a gobernar, ojalá su luz ilumine los espacios oscuros de la naturaleza humana y los elegidos sean hombres sabios y buenos para que en su metamorfosis política puedan proyectarse en las decisiones que tomen.
Seguramente no buscarán en la cofradía de las hermanas de la caridad a los funcionarios públicos destinados a salvaguardar la seguridad del estado, pero tampoco sería correcto traer sicarios o personajes “atabilarios” convertidos en jenízaros, como suele acontecer, pues llegan con su costal de mañas acuestas a ponerlos en práctica, para su beneficio personal y en perjuicio de los ciudadanos inermes que viven bajo la amenaza de Tirios y Troyanos.
Que se elija pues, a los que desde la lealtad y cercanía con el gobernador se consideren las mejores opciones, aquí no juega el perfil profesional únicamente, aquí entran otros factores políticos y hasta ideológicos; es preferible que lleguen enseñados, con probada experiencia, de lo contrario, tomará tiempo y dolores de cabeza el aprendizaje de prueba y error, aplicando la frase aquella de que “echando a perder se enseña la gente”.
Hay un clamor de reclamo de los que fueron despojados de sus bienes y propiedades por la delincuencia, los quieren de vuelta, eso implica que se tomen acciones para dilucidar quién tiene las casas, ranchos y huertas despojadas y por qué los tienen. Hay un clamor de reclamo porque aparezcan, los huesos cuando menos, de los desaparecidos. ¿Qué hacer ahí ante la tiniebla del olvido?; hay un clamor porque se actué y se tomen acciones en los pueblos, donde todo se sabe y están identificados los hombres y mujeres que viven de la ilegalidad; hay un clamor inmenso porque esto termine y regrese a Michoacán la confianza en el gobierno, todo lo demás, que si el turismo, que si la cultura, que si patatín, que si patatán, que las inversiones, que si el empleo, todo pasa a segundo plano, no podemos pensar en otra cosa si tenemos el mal adentro.
¿Cómo asegurar que las acciones de un gobierno no se queden en buenas intenciones? Solamente haciendo las cosas bien y evaluando sus resultados con indicadores consistentes y reales, no con estadísticas amañadas, el ciudadano del Michoacán profundo, el campesino de las serranías o valles perdidos, escucha las historias más cercanas o sufre los embates de la delincuencia, se va a los ranchos grandes, a los pueblos o ciudades, hay una migración interna sistemática, cuando no, una emigración definitiva a los Estados Unidos. Se pierden las familias, las costumbres, los apegos, para el migrante ya nada es igual, será de todas partes o de ninguna, su lugar de nacencia, está en el recuerdo, pues ese nunca se puede olvidar, pero el desarraigo existe y persiste, hasta que el tiempo pase inexorable y penetre en los huesos y pare el corazón.
Todos estamos a la expectativa del equipo de gobierno de Silvano Aureoles, de las propuestas de un plan de gobierno que habrán de ejecutar los funcionarios y funcionarias que se nombren, no voy a especular ni opinar sobre el comisionado y sus acciones, sobre los autodefensas, el Mando Único o el programa financiero, eso es el pasado, estamos en el hoy y aquí, con una visión de futuro a seis años, pero de que hay que cambiar, hay que cambiar, bajo la simple lógica de lo que era antes, era antes, lo que es hoy, es hoy.
La situación actual de Michoacán, no es tranquilizadora ni bonancible; pasado el proceso electoral, campea la indiferencia de unos partidos políticos respecto a los otros y lo que es peor, de los ciudadanos. No estamos unidos, estamos divididos en lo fundamental, por intereses de grupo, sindicatos, partidos, grupos étnicos, concesionarios, empresarios, etcétera; nos ha convocado el nuevo comienzo, habrá que ser autocríticos para no repetirnos un nuevo comienzo que inicie con analizar la naturaleza de los conflictos, el fondo del asunto, para no perdernos en dimes y diretes, el reparto de culpas o anatemas morales; con una actitud revolucionaria, con la visión que da el origen de un partido de la revolución, habrá que entender el nuevo comienzo mirando hacia arriba, sin prometer la felicidad o tractores para todos; la actitud revolucionaria y la altitud de miras nos conduce a la organización y a través de ella, a lograr los objetivos planeados iniciando por la unidad de propósitos ¿todos queremos acabar con la delincuencia?, ¿queremos que los grupos de autodefensas se terminen?, ¿queremos inversiones?, ¿queremos empleos?, unifiquemos criterios para poder emprender acciones contundentes y alejémonos de mascaradas y ríos revueltos.
La visión de un gobierno es eminentemente política, con ella, la retroalimentación de los orígenes es necesaria precisamente para volver a empezar, no para copiar y repetir, ¡no!, para volver a empezar corrigiendo lo que haya que corregir, cambiando lo que haya que cambiar, comenzando de nuevo, una tarea que tal parece que siempre está comenzando.
No pequemos de optimismo, no hay otro Michoacán, es el mismo, en el mismo lugar y con la misma gente, más los funcionarios “golondrinos”, que seguramente partirán en este inicio del otoño, buscamos con ahínco las quimeras del progreso y la modernidad, con la misma avidez con que queremos alcanzar el arcoíris, pero cuando creemos haber llegado a él, se hace más lejano o lo que es peor, desaparece.
Tal parece que entramos a un cuarto oscuro sin saber qué existe dentro, a tientas, cautelosos, hasta que encendamos la luz y nos demos cuenta si es una herencia valiosa, los restos de una tragedia o un cuarto vacío.

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