Columba Arias Solís
Acoger a migrantes
Viernes 11 de Septiembre de 2015
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Ante el éxodo de miles de personas que provenientes de Siria, en una dramática huida de la guerra desatada por el auto llamado Estado Islámico, realizan un peregrinaje en el que han sufrido hambre, maltrato, heridas y muerte en sus afanes de cruzar fronteras para llegar a sentirse a salvo en diferentes países de Europa, desde varios lugares del mundo han surgido voces –no tantas como sería deseable– para abrir fronteras y acoger a las familias que han salido de sus lugares de origen para conservar sus vidas.
En estas difíciles horas para las familias sirias que huyen de su país, en México se recuerdan otras guerras sucedidas tanto en España como en América Latina, que provocaron el exilio de españoles y chilenos cuyo destino final fue México, donde los gobiernos de esas épocas acogieron con generosidad a las familias que se integraron y contribuyeron en muchos campos del quehacer profesional.
Con el recuerdo de esos tiempos, en diversos medios se apremia al Estado mexicano para que abra las puertas a los perseguidos del Estado Islámico, familias completas que huyen de la barbarie y a algunas de las cuales, la Unión Europea se ha visto obligada a establecer compromisos de acogida, determinando las cuotas que corresponderían a cada uno de sus estados miembros.
Mucho tiempo ha transcurrido desde aquellas migraciones a México; este país y sus diferentes gobiernos a lo largo de los sexenios han dado cabal muestra de que ya nada ha sido lo mismo; mientras se denunciaba el maltrato, el hostigamiento y las deportaciones a nuestros connacionales que emigraban en cantidades impresionantes a los Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida, algunas autoridades mexicanas se convertían en los verdugos de miles de migrantes que provenientes de Centroamérica cruzaban suelo mexicano para alcanzar la tierra prometida.
Originada la emigración centroamericana por los conflictos armados surgidos en sus países, luego de concluidos estos, la misma no disminuyó; por el contrario, fue creciendo a causa de la precariedad laboral, el incremento de la pobreza, así como la violencia y la delincuencia en sus lugares de origen.
Desde hace más de 30 años las migraciones de guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y nicaragüenses en tránsito irregular por México con destino a los Estados Unidos ha sido constante, y las condiciones de vulnerabilidad en que se trasladan se han recrudecido por la inseguridad y la violencia en nuestro propio país, donde en los últimos años han padecido secuestro y asesinatos, como en el desgraciado caso de San Fernando, en el estado de Tamaulipas, en agosto de 2010.
Los anteriores no son los únicos casos de violencia sufridos por los migrantes, de acuerdo con el informe sobre migración centroamericana, cuya investigación coordinó el ITAM con la participación de varias instituciones, desde hace años son constantes las expresiones de abuso, marginación y discriminación contra estos, abusos que van desde el incremento de los precios de los productos para los migrantes, el menor pago de salarios y la extorsión por parte de algunas autoridades.
De acuerdo con el informe, la ausencia histórica de autoridades migratorias y de seguridad en algunos de los espacios de mayor tránsito de migrantes ha sido aprovechada por la delincuencia común y organizada para delinquir contra aquellos, facilitadas estas acciones por la corrupción y complicidad de ciertas autoridades locales y federales de seguridad, así como migratorias.
Poco han cambiado en México las condiciones de estancia y atención a los migrantes retenidos en las estaciones migratorias, malas prácticas administrativas, incapacidad y desconocimiento de la ley por parte de los agentes de migración, impiden el acceso a sus derechos, situación que se agrava con las propias políticas de contención de la migración ejercidas por el Estado mexicano.
En ese contexto, si los mecanismos institucionales en nuestro país han sido y son insuficientes para hacer respetar las garantías mínimas a los migrantes provenientes de Centroamérica en tránsito irregular hacia Estados Unidos para evitar los hechos de violencia que padecen en nuestro territorio y para garantizar su acceso a la procuración de justicia, ¿cómo entonces podemos esperar que el gobierno determine recibir, acoger la migración de familias sirias que huyen de la guerra?
Qué bueno que en este país surjan movimientos que promuevan la recepción a ciudadanos afectados por las guerras, qué bien que se incite a la sociedad mexicana a brindar apoyo a las familias perseguidas; en ese camino, es deseable que los ánimos solidarios también se dirijan a hacer un frente de presión para impulsar el mejoramiento de las políticas públicas que tiendan a la protección y al respeto de las garantías individuales de los miles de migrantes centroamericanos que transitan por territorio mexicano desde hace ya más de 30 años.

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