Aquiles Gaitán
¡Viva la libertad!
Martes 15 de Septiembre de 2015
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El que tenga una piedra, que agarre una piedra; el que tenga un palo, que agarre un palo; el que tenga un machete, que agarre el machete; el que tenga un tridente, que agarre el tridente; el que tenga una pistola, que agarre la pistola; el que tenga un rifle, que agarre el rifle; el que tenga una escopeta, que agarre la escopeta, ¡ha llegado el momento de levantarnos! Es la voz de Ho Chi Minh convocando al pueblo vietnamita contra el dominio de Francia sobre su país. ¿Cuáles serían las palabras de Hidalgo la noche del 15 de septiembre de 1810? Algo similar debió haber sido porque la historia novelada que nos han contado dista mucho de la verdad histórica; la arenga de Dolores después del repique de las campanas debió ser un reclamo furioso e incendiario contra el colonialismo español en franca decadencia, contra la España arrodillada ante los franceses y los reclamos de independencia, libertad y autodeterminación de los nacidos en México, de los anatemas contra la esclavitud y la oligarquía peninsular dueña de vidas, haciendas y minas. ¡viva la Independencia!, ¡viva la América!, ¡muera el mal gobierno!, aquellos hombres apostaron su vida a la lucha por sus ideales, dejaron su vida por sus ideales, pelearon con las armas en mano por sus ideales, tuvieron el impulso del ideal de la libertad y concibieron un mundo diferente al de la explotación y la injusticia. ¿Fueron homicidas?, ¡por supuesto!; en una guerra, la lucha es a muerte y que nadie se sienta agraviado, porque de un lado y de otro la vida va de por medio, Hidalgo y los suyos tuvieron la visión de la independencia, de crear un Estado, esa visión, que se concretó años después en Chilpancingo, Zitácuaro, en Ario, en Apatzingán, ya pasados los días iniciales del levantamiento. Hidalgo es el paladín de los primero días, de Dolores a Puente Calderón en Guadalajara, fue muy poco tiempo, pero suficiente para incendiar la pradera y encender la pasión libertaria de los ciudadanos dispuestos a dar su vida por la libertad y la independencia.
La traición de Allende a Miguel Hidalgo es una acción deleznable que únicamente se explica por las ambiciones de poder. Imaginemos a Hidalgo esposado, con grilletes y cadenas, montado en una mula, llegando a la emboscada en las norias de Acatita de Baján, así lo llevó prisionero el traidor Ignacio Allende después de la derrota de la batalla de Puente Calderón, donde el infortunio se ensañó con los insurgentes y la suerte operó a favor de los realistas.
El 30 de julio de 1811 Hidalgo es fusilado y decapitado en el interior del patio de lo que fue el Palacio de Gobierno de Chihuahua, hoy convertido en museo, en cuyo sótano está el famoso calabozo con los versos de hidalgo a su carcelero. Por cierto, en Chihuahua esa fecha pasa desapercibida como una vergüenza de ese pueblo, como una ofensa para la patria. Tampoco a ningún gobierno, nicolaita o no, se le ha ocurrido ir esa fecha a rendir homenaje a Hidalgo en el sitio de su sacrificio.
A las 5:00 de la mañana del 16 de septiembre de 1810, en el atrio de la parroquia de Dolores, Guanajuato, inició el desafío, inició la Guerra de Independencia, inició la epopeya que durante once años enfrentó a miles y miles de insurgentes contra el gobierno virreinal español.
Hoy las proclamas de independencia no se escuchan, mucho menos las de ¡muera el mal gobierno!, porque los gobernantes son los que dan el grito, hoy se grita ¡viva México! pero en la mente de miles y miles de mexicanos resuena incesante la consigna de Hidalgo ¡muera el mal gobierno!, ¡viva la independencia!; hoy la independencia es un mero referente histórico y político, en esta aldea global del siglo XXI existe la interdependencia y la absoluta dependencia económica de inversiones extranjeras destinadas a explotar nuestros recursos y compradores extranjeros de exportaciones de lo que producimos. Las reformas estructurales son la antítesis perfecta de la independencia. El eterno juego el hombre, de dominar a otros hombres y otros territorios, la recurrencia, el sometimiento, entonces la bandera fue la virgen de Guadalupe, que convocó a la unidad en torno de las ideas de los insurgentes, de los conspiradores de Querétaro, en contra de la esclavitud, el pago de impuestos y la independencia, ¿hasta cuándo duró el influjo de la divinidad?, la rapiña y el hurto fue el botín de la chusma, imposible controlar a miles de esclavos, artesanos, peones y gente de los pueblos, en las ciudades donde a su paso arrasaron todo, San Miguel el Grande, Celaya, Guanajuato, Toluca, Valladolid, Guadalajara, en la batalla del Monte de las Cruces se dio el primer gran desacuerdo entre Hidalgo y Allende sobre la ocupación de la capital. Hidalgo, sabedor de las debilidades con una multitud sin armas, cansada y sin alimentos, las pocas armas sin municiones, después de la batalla opto por el no; Allende, con el sabor del triunfo militar por el sí, Hidalgo se impuso y emprendieron la retirada uno a Valladolid y otro a Guanajuato. Se reunirían en Guadalajara donde la historia se termina el 17 de enero de 1811, en la batalla de Puente de Calderón con la estrepitosa derrota y el rompimiento total, sometimiento y encadenamiento de Hidalgo por Allende. Cuatro meses duró Hidalgo, el capitán general del Ejército Insurgente, al frente del movimiento de independencia, ahí cambió la historia de este pueblo que hoy se debate en una democracia incomprendida y errática, sujeta a los caprichos de la naturaleza humana y a los invitados al reparto del pastel llamados los partidos políticos.
La historia se repite, el pensamiento del eterno presente que desde la antigüedad platónica motiva los razonamientos de múltiples pensadores, nos hace tomar conciencia que vivimos ahora, pero nos hace entender nuestro pasado, a los hombres que como Hidalgo iluminan hoy todavía nuestro camino, pero a la vez, nos hace tomar conciencia de que los ideales se vuelven realidad tarde o temprano, aunque en su búsqueda se nos vaya la vida. Otros vendrán tras de nosotros que levanten la bandera de la independencia y la libertad, otros michoacanos forjarán el Michoacán que muchos soñamos, el México que muchos soñamos, hoy, con este mugrero, si repicamos las campanas a rebato, sin organización y sin conspiradores, no acudiría nadie.
Amo a Michoacán porque mis ancestros son michoacanos, los bisabuelos de mis bisabuelos, todos mis seres queridos, somos de Ario, pensamos libremente y actuamos; ahí está el polvo de sus huesos enterrado; cuando pienso en la patria pienso en Michoacán y en Ario, en el Colegio de San Nicolás, ¡ay, pobre Colegio!, en mis ideales y las acciones de mi vida, ¿a quién le importa la patria?, ¿a quién le importa lo que yo piense?, tal vez a nadie, pero no me entristece ni me acongoja, ni me da pena levantar mi puño izquierdo cerrado y gritar a los cuatro vientos: ¡Viva la libertad!, ¡viva Miguel Hidalgo!

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