Columba Arias Solís
De las cualidades para gobernar
Viernes 25 de Septiembre de 2015
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La Constitución Política del estado de Michoacán, en el artículo 49, dispone que para ser gobernador se requiere, además de ser ciudadano michoacano en pleno goce de sus derechos, tener 30 años, haber nacido en el estado o tener residencia efectiva no menor de cinco años anteriores al día de la elección.
Como puede observarse en estas disposiciones, además de los requisitos señalados la norma no incluye ningún otro, nada de tener un título profesional en tal o cual área o haber adquirido experiencia en tantos o cuantos años en el arte de gobernar, y en ese contexto, lo mismo han estado al frente de las responsabilidades de gobierno economistas que abogados y hasta a un físico matemático –el “hasta” no es en sentido peyorativo, sino por la rareza de encontrar a este tipo de profesional en tareas de gobernanza–, además de otras personas que sin tener algún diploma universitario se desempeñaron como titulares del Ejecutivo en las primeras décadas del siglo pasado.
Más allá de los requisitos constitucionales y a propósito de la inminente ascensión de un nuevo gobernador en el estado de Michoacán, ante la expectación generada en torno a quienes encabezarán las diversas instancias de gobierno, algunos de los cuales ya se pasean y regodean contando las horas de su entronización, vale en este espacio rescatar y compartir las ideas del jurista Miguel Carbonell, quien en junio de 2012, previo a las elecciones a la Presidencia de la República, reseñaba las cualidades que un individuo debiera tener para ser un buen gobernante*.
Con las licencias del caso –Carbonell se refería a la figura de presidente–, aquí se maneja la de gobernador, pero en esa línea, quien aspire a ser un buen gobernante debe tener habilidad como comunicador público, es decir, tener buenas ideas no sirve de nada si no se tiene la capacidad para explicarlas y defenderlas. Siguiendo el pensamiento del investigador, en una democracia los políticos no deben sólo vencer, sino además convencer, lo que solamente puede lograrse hablando, dialogando, comunicando proyectos, iniciativas, propuestas; es decir, debe tener la capacidad de dialogar con todo tipo de interlocutores a fin de hacerles llegar sus ideas.
Un buen gobernante debe tener una buena capacidad organizativa, habida cuenta que encabezará la administración pública integrada con dependencias y oficinas de toda clase, debe entonces tener la capacidad suficiente para elegir buenos colaboradores, he aquí el gran reto, los mejores en cada área, y hacer que trabajen de forma coordinada, conformar un equipo, pero además la capacidad de supervisar el trabajo de sus colaboradores y el temple necesario para realizar los cambios y ajustes indispensables.
Debe el buen gobernante tener liderazgo político, tener claridad del rumbo que le quiere dar a su gobierno, de las medidas que se deban asumir para lograr las metas trazadas, así como de los apoyos que se requieren a ese fin. Debe entonces dar muestras permanentes de liderazgo, diseñando una agenda pública sobre los diferentes temas a largo plazo. Tener la capacidad de encabezar las principales negociaciones políticas del Estado entre los propios actores de la sociedad. Capaz de interactuar con académicos, empresarios, periodistas, organizaciones sociales, defensores de derechos humanos; en fin, con los diversos sectores de la compleja sociedad michoacana, y ofrecerles algún tipo de respuesta a la problemática planteada.
Otra cualidad consiste en la claridad en sus políticas públicas, un plan de gobierno debidamente articulado en los propósitos a lograr, las áreas responsables, los tiempos de ejecución de los proyectos y la forma en que se evaluarán avances. En la idea de Carbonell, como una especie de retrato hablado, los malos gobernantes navegan sin rumbo, atendiendo el problema que surge a diario, apagando fuegos aquí y allá, sin haber trazado una ruta y sin tener la capacidad de identificar los pasos a seguir para generar políticas públicas exitosas.
La inteligencia emocional es una cualidad de gran importancia para el buen gobernante, considerando que a diario recibe un cúmulo de malas y buenas noticias, informaciones, datos negativos y positivos, debe ser capaz de ejercer un gran autocontrol sobre sus emociones, no debe permitir que le gane el enfado, el coraje, la rabia, tampoco la indolencia o desinterés en algún tema. Su presencia pública debe ser comedida, calculada; no podrá hacer todo lo que le guste ni decir todo lo que piense, pero eso sí, deberá pensar muy bien todo lo que diga.
Difícilmente se puede estar en desacuerdo con el anterior resumen de cualidades para el gobernante señalado por Carbonell, si bien habría que aumentar los temas de honestidad, transparencia y rendición de cuentas. Claro, también alguien preguntará ¿y tenemos, entre los que conocemos, un gobernante de cualquier nivel de gobierno que se ajuste siquiera a la mitad de las cualidades aquí reseñadas? Se reciben propuestas.

*Mayor información en Cualidades de un presidente, en www.miguelcarbonell.com.

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