Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
¿Es posible un gobierno sin mitos?
Viernes 2 de Octubre de 2015
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Un nuevo gobernador ha jurado el cargo ante los representantes del pueblo michoacano para cumplir y hacer cumplir las constituciones federal y local, así como las leyes reglamentarias que de ellas emanen. En el acto de toma de posesión, el nuevo gobernador pronunció un importante discurso, anunciando lo que su gobierno se propone realizar, hasta en tanto pueda conocerse el Plan de Desarrollo Integral de Michoacán, que legalmente debería orientar el trabajo gubernamental durante los próximos seis años.
Mientras tanto, las acciones anunciadas del gobierno merecen analizarse con detenimiento, para entender los efectos que se proponen producir en el conjunto del desarrollo michoacano. Esta es una tarea pendiente para los viernes siguientes, toda vez que por razones de tiempo y necesidad de entrega de esta colaboración, solamente se hace referencia en general a lo que se esperaría que cambie el nuevo gobierno, en especial ante la necesidad de terminar con los mitos michoacanos, llenando de nuevos contenidos la vida de la sociedad.
Estos nuevos contenidos debieran convertirse en una esperanza para los michoacanos, por tratarse de un gobierno que no refuerce los mitos, sino que los elimine, para colocar en su lugar el sentido común de la existencia colectiva. Ello porque los michoacanos se merecen una conciencia y una práctica, que tenga en su sencillez la grandeza de la autenticidad, sin demagogia, simulación y engaños.
No es ocioso repetir que en el inicio de cada gobierno, al margen de partidos y colores, las expectativas de cambio son especialmente grandes. Los ciudadanos muestran interés por las características de los gobernantes designados y por el cumplimiento de los encargos recibidos. En la mentalidad colectiva, se trata del comienzo de una nueva etapa y casi de una nueva era, en la que todo podría ser cambiado, para bien de cada uno y de todos.
Es la ilusión, el sueño, que anuncia el tamaño de las necesidades y que potencialmente puede relacionarse también con el tamaño de los desencantos y las frustraciones. En la cultura de todo México se cree que el gobierno lo puede todo, y como lo puede todo, tiene capacidad para resolverlo todo y, si no lo hace, es porque los gobernantes carecen de interés o tienen incapacidad para cumplir con sus responsabilidades. Este es uno de los grandes mitos de la política, pensar que el gobierno lo puede todo porque tiene todo el poder.
La realidad muestra que tener el gobierno no es igual a tener el poder. El poder que debiera corresponder a toda la sociedad para ejercerlo a través del gobierno, ha devenido en el mundo del mercado, en el poder de los poseedores del capital, cuyos intereses ahora, debe representarlos el gobierno. En estas condiciones, el gobierno estaría limitado en lo que hace e inclusive, en lo que piensa, dependiendo de lo que convenga o deje de convenir, a quienes tienen capacidad para invertir, crear empresas y empleos, aplicar innovaciones, disponer de la opinión pública y de un marco jurídico ampliamente favorable para desarrollarse. Los ciudadanos, la gente, la sociedad, dejarían de tener prioridad en el contexto de estas realidades políticas.
El otro gran mito, se refiere a que sin apoyo del gobierno federal, las entidades federativas carecen de posibilidades para su desarrollo y bienestar, ante el supuesto de cumplir con el imperativo de que con la Federación todo y sin la Federación nada, en una dinámica con la que el todo devora a sus partes o les permite vivir.
Sin duda, un mito enorme, en tanto la responsabilidad del desarrollo corresponde a las entidades mismas, dependiendo de sus recursos, organización y voluntad de su propia población. Pensar que otros van a venir a resolver las necesidades de transformación y bienestar de Michoacán, es obviamente un gran mito.
Adicionalmente, existe el mito de las obras, que consiste en calificar como “bueno o como malo” a un gobierno, dependiendo de las obras físicas que realice, con el argumento de que se satisface la demanda de empleo y se estimula la inversión privada. Como el gobierno ha prescindido de la función de invertir en empresas propias, entonces las obras que se construyen, tendrían la finalidad de facilitar los buenos negocios privados. Por eso la identificación que se hace de los “buenos gobiernos”, con las obras realizadas de beneficios directos para los negocios particulares.
Sin embargo, las necesidades de la población no se refieren solamente a los contextos materiales, sino también a los aspectos de conciencia, al conjunto de la vida subjetiva de la sociedad, incluyendo la confianza y la desconfianza, que explican las actitudes que confieren a la política, a los partidos, políticos y gobernantes, los atributos de la mentira, la manipulación y las prácticas corruptas. Estos factores subjetivos, cohesionan o desintegran. La confianza cohesiona y potencializa sus posibilidades, la desconfianza desintegra, debilita y arruina. La calidad de las personas, de los ciudadanos, de las mujeres y hombres, de los jóvenes y los viejos, es el resultado de su vida subjetiva y de la estructura interna que todos tienen y que ninguna política pública debe olvidar.
Consecuentemente, el mito del gobierno sólo de obras provoca daños excesivos a la sociedad, puesto que oscurece lo que es y se quiere ser, de sus potencialidades y de sus pensamientos grandes. Este mito se relaciona con otro, referido a que el gobierno nunca se equivoca y por tanto, deja de necesitar la participación y ayuda de la sociedad. Nada más falso que eso. Ciertamente hay gobiernos con mayor talento que otros, pero entre más inteligencia se tiene, más cerca, más comunicación y compromiso existe con la población, con el pueblo. La historia muestra que todos los obstáculos y peligros, son absolutamente vencidos cuando han sido enfrentados por la unidad entre pueblo y gobierno.
Estos y otros tantos mitos tendrían que sustituirse con una visión estratégica que permita cancelar la crisis y la decadencia michoacana. Evitar profundizar esta decadencia con nuevas improvisaciones y la manipulación mediática. Por el contrario, hablar con sencillez y con verdad es la mejor forma de entenderse, confiando en la capacidad de la sociedad michoacana, para comprender sus propias circunstancias y poner en movimiento los medios y acciones para corregirlas.
Dos siglos y 61 gobernadores de Michoacán generaron procesos que condujeron a los resultados críticos que hoy se viven. ¿Será capaz el nuevo gobierno de evitar hacer más de lo mismo?

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