Aquiles Gaitán
La rebanada de pastel
Martes 6 de Octubre de 2015
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Debemos partir de la interpretación; no del universo ni del mundo, de la realidad, para transformarla; de lo general a lo particular, de lo universal a lo individual, al yo para poder decir nosotros; frente a lo cotidiano, a lo que nos afecta o beneficia sin caer en las resignaciones, como el destino del buey que tiene que arar a donde quiera que vaya. Conjugar los intereses políticos, religiosos, económicos y sociales es de por sí complicado, agreguemos las asechanzas del crimen, las malas prácticas y la corrupción policiaca, los sindicatos, el dinero presupuestal acotado por las deudas y la mesa está servida, “bienvenidos los invitados a la mesa del señor”.
Si preguntamos en todos los confines michoacanos qué quieren los michoacanos, contestan primero los dueños de la tierra y los medios de producción, ¡respeto y garantía a la propiedad! No es mucho pedir pero a la vez es mucho pedir, el respeto al artículo 27 constitucional es un derecho que todos tenemos y es una obligación del Estado asegurar que eso suceda. ¿Cuántos propietarios de ranchos, huertas y casas sufrieron el despojo no sólo de la propiedad, sino hasta de la vida? Revertir la desgracia es difícil pero no imposible. El Estado debe abrir esa página del libro de la ignominia y actuar en consecuencia. Parto de la garantía de la propiedad privada como la piedra angular del sistema capitalista en que vivimos; no voy a soltar los sueños de un socialismo inalcanzable, necesitaríamos otra revolución y, como dicen todos los soñadores, las condiciones no están dadas; si no hay garantía, absoluta garantía de la propiedad privada, las inversiones, como las golondrinas de Becker, esas no volverán y, ¿cómo se podrá tener esa absoluta garantía? It is the question, ese es el gran reto legal, moral, administrativo y político, porque aquí gritan todos: indígenas, ejidatarios, pequeños propietarios, mineros, empresarios, todos los dueños del dinero que finalmente es la manzana de la discordia a la que todos le quieren dar la pecaminosa mordida.
Sobre la propiedad se da la vida, se producen alimentos y desechos, tan importantes unos como los otros, con la particularidad de que los desechos a nadie le importan y están siendo hoy y aquí un verdadero problema que trasciende el ámbito municipal y nos afecta a todos; basura por aquí, drenajes por allá, humos sin control, al poco tiempo esto simplemente será un muladar y, ¡claro!, cooperamos con nuestros granos de arena a la destrucción global debiendo ser al revés, cooperar con nuestros granos de arena a la preservación global del medio ambiente.
El comercio solamente se puede dar dentro del respeto a la propiedad privada y por supuesto a la vida humana. Que los michoacanos nunca volvamos a ser víctimas de extorsiones, que los michoacanos nunca volvamos a quedarnos callados ante la injusticia y el crimen, que los michoacanos nunca volvamos a tolerar y menos a convivir con delincuentes, que los michoacanos nunca volvamos a gastar más de lo que tenemos. Somos celosos guardianes de nuestro pasado y cada año repetimos lo mismo en las ceremonias cívicas que rinden culto y pleitesía a los héroes de la patria y al gobernante en turno, se ensalzan las políticas públicas del momento aunque atenten contra los principios sobre los que está fundada esta nación, todo el tronco suena tan hueco como un árbol hueco; si seguimos las inercias, el continuismo, el importamadrismo, el tápale el ojo al macho, no habrá nuevo comienzo, seguirá la farsa y aquí todo es paz y sosiego, habrá libertad, sí, de que cada quien haga lo que quiera dentro o fuera de la ley, libertad de ser arbitrario, libertad de abusar del poder, libertad de pedir prestado, libertad de dejar hacer y dejar pasar. ¿De qué nos sirve festejar con bombo y platillo la constitución de Apatzingán si la que hoy tenemos nos deja vulnerables al capital extranjero, ofrece el petróleo, la minería, los ferrocarriles, las carreteras, la producción de energía al mejor postor , deja vulnerables a los municipios dueños del territorio nacional ante un federalismo gandalla y convenenciero en materia hacendaria y fiscal, así como en materia de seguridad pública?; dije dueños del territorio porque la suma de los territorios municipales nos da el estado, una figura virtual y la suma los estados nos da el país, otra figura virtual que por obra y gracia del federalismo nos tienen sojuzgados por los siglos de los siglos, si es que antes no ocurre otra cosa, como esperamos que suceda.
El próximo 22 de octubre se recuerda banalmente la Constitución de Apatzingán, es un referente histórico que simboliza, justamente, la excepción mencionada en el párrafo anterior, resumen de las libertades deseadas en aquella época, establece que la soberanía dimana del pueblo y la define como “facultad de dictar leyes y establecer la forma de gobierno que más convenga a los intereses de la sociedad” así como “alterarlo, modificarlo y abolirlo totalmente cuando su felicidad lo requiera”.
Menciono este documento histórico como un marco de referencia que desde la Guerra de Independencia está en el ánimo de los mexicanos y de los michoacanos, refrendado en el Plan de Iguala y en la Constitución de 1824 y posteriores; me refiero al Plan de Iguala original, el de la consumación de la Independencia, no el actual Plan de Iguala donde se masacró a 43 normalistas de Ayotzinapa cuyo desenlace todavía está por verse y que ha puesto en entredicho la forma de gobierno que tenemos, ¿es el gobierno que conviene a los intereses de la sociedad? La pregunta está en el aire y las respuestas también quedarán ahí porque este sistema de la democracia representativa nos lleva a la administración del botín, pactada públicamente por todos los partidos políticos, que entre gorritos y serpentinas se llevan su rebanada de pastel.
Por México Hoy, con Cuauhtémoc Cárdenas, es una luz de esperanza que puede abrir caminos, pero es necesaria una convocatoria más abierta, más amplia, buscando el esquema del frente popular, de los comités de defensa popular y comités de defensa rural, ¡animo! Es hora de chirriar las pitas que el pial ya está ensartado.

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