Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
El nuevo comienzo, sólo con pueblo y gobierno
Viernes 9 de Octubre de 2015
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Sin duda, en el discurso pronunciado por el gobernador Aureoles, en el acto de rendición de protesta constitucional, el pasado 1º de octubre, fueron abordados los temas que más preocupan e influyen en el comportamiento de la sociedad michoacana. Pudo percibirse un gobernador con conocimiento e interés por resolver los viejos y nuevos problemas de Michoacán. Objetivamente, habría que esperar que las políticas anunciadas pudieran cumplirse y tener éxito por el bien de los michoacanos.
Conocido el pensamiento del gobernador Aureoles, la gran tarea inmediata consiste en convencer para compartir los objetivos, las responsabilidades y los esfuerzos de todos los sectores y organizaciones, en la reconstrucción y construcción de Michoacán, recuperando procesos y creando otros, en la convicción de que las grandes transformaciones no sólo son el resultado de las acciones del gobierno, sino de todo el pueblo, de toda la sociedad.
Un gobernador tiene amplísimas facultades de decisión y conducción para influir y orientar al conjunto de la sociedad. Tiene a su cargo la fuerza pública y la función acusatoria en la comisión de delitos, maneja los recursos económicos y asume la posibilidad inmediata en la formación de las generaciones de relevo y la salud de la población, designa discrecionalmente a sus colaboradores y formula, pone en marcha y fija los criterios con que deben evaluarse los planes de desarrollo para destacar sólo algunas de sus atribuciones.
No obstante, la historia michoacana muestra la verdad de la tesis que sostiene, como condición de avance, la unidad entre pueblo y gobierno. Por amplias que sean las cualidades y facultades de los gobernantes, así como sus posibilidades de decisión, la grandeza y la prosperidad material y espiritual de la sociedad, son imposibles sin la convicción de la sociedad de que el gobierno no la sustituye, como tampoco la confronta, sino que se trata de ella misma en una forma específica de organización.
La historia se inicia en 1825 con Antonio Castro como primer gobernador de Michoacán, seguido, entre otros, de Melchor Ocampo, Francisco Silva, Epitacio Huerta, Mariano Jiménez y Aristeo Mercado, con un total de once gobernadores en el siglo XIX independiente, seguidos de 29 mandatarios en la etapa de convulsión revolucionaria entre 1911 y 1940 del siglo XX, incluyendo los generales Francisco J. Múgica y Lázaro Cárdenas, para concluir en una etapa de estabilidad a partir de 1940 y hasta el presente, con un total de 22 gobernadores, entre los que se encuentran Félix Ireta Viveros, David Franco Rodríguez, Agustín Arriaga Rivera, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Fausto Vallejo Figueroa, para citar sólo algunos.
En total 61 gobernadores, sin contar el actual Aureoles, que en el curso de 190 años no pudieron sentar las bases para construir una sociedad michoacana de vanguardia y justa. Seguramente que cada uno de los gobernadores tenía las mejores intenciones de trabajo y realizaciones, de avance y progreso, que no pudieron alcanzar por la presencia de factores fuera de su control.
Ello muestra y demuestra que las voluntades individuales no son suficientes para determinar los procesos de desarrollo. Los avances y grandes transformaciones son procesos complejos que desbordan a los individuos, aún si guardan la condición de gobernantes con amplias atribuciones. La estructura de organización de la sociedad, sus instituciones, normas y cultura, los niveles de desarrollo precedente, la conciencia colectiva y la capacidad para fijar y compartir objetivos, comprometiéndose con ellos son condiciones y causas multívocas de los grandes cambios.
Hombres inteligentes siempre han existido, líderes también. Los hubo en el México prehispánico, colonial, independiente, revolucionario y neoliberal. No obstante, lo que cada uno pudo hacer estuvo condicionado, permitido o impedido por la realidad de cada tiempo y lugar. No fueron moralmente ni buenos ni malos, simplemente fueron personajes que no pudieron leer o leyeron equivocadamente las características y posibilidades de su tiempo.
Por eso, ahora, además de los propósitos, importa saber si el Michoacán al que se propone un nuevo comienzo tiene las posibilidades reales de cumplimiento o lo que hace falta para lograrlo. De ninguna manera podrá prescindirse de involucrar a toda la sociedad michoacana, con absoluta comprensión del porqué y para qué del proceso, con disciplina e inclusive disposición para la espera de los resultados que no podrían preverse inmediatos.
Habría que destacar que los tres primeros meses del nuevo gobierno estatal parecerían de ensayo en el cumplimiento de los objetivos anunciados por el gobernador Aureoles. En cambio, para el ejercicio del año entrante, todos los factores que intervienen en la dinámica michoacana tendrían que lograr la suficiente integración para que su funcionamiento fuera exitoso en los próximos seis años. Así tendría que ser. Es lo mejor para todos.

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