Aquiles Gaitán
Ramón Méndez
Martes 13 de Octubre de 2015
A- A A+

Después de encontrar una enredadera con las campánulas silvestres más grandes y bellas que he contemplado, puedo decir que el color del otoño es azul, inmaculado azul, en su revés, una estrella blanca también inmaculada y en su interior un amarillo apenas amarillo. ¡Claro! Los verdes de lujuria, la neblina, los mirasoles, los andanes, las cincollagas; el otoño tiene un nuevo comienzo, como todo en la vida, en el ciclo infinito de la translación sideral. Cuando se piensa en los nuevos comienzos, asalta la mente el concepto de la eternidad, ¿Cuántos nuevos comienzos ha tenido y tendrá la eternidad?, ¿cuándo inició?, ¿vive acaso en el tiempo y en el espacio o nada más es tiempo?, ¿es producto de la mente humana o existe por ella misma?, ¿el Universo contiene a la eternidad? Lo que sí sé es que las flores azules, como la belleza, son efímeras, que esperaré otro otoño para verlas en su nuevo comienzo y que la eternidad existe y se encuentra precisamente ahí, donde termina el infinito.
Este octubre me recuerda a un hijo de Ario, que por razones del destino tomó partido con los conservadores y sirvió al imperio de Maximiliano, Ramón Méndez, el general Ramón Méndez, que siendo coronel fue el responsable del fusilamiento de los llamados hoy “los mártires de Uruapan”, el 21 de octubre de 1865. El general Arteaga, uno de los mártires, el 18 de junio había tomado Uruapan después de una lucha de más de 30 horas y fusilado a las autoridades civiles del imperio; en los primero días de octubre se realizaron los preparativos para una “gran parada” del Ejercito republicano del centro, dos mil 300 hombres armados al mando de los generales Riva Palacio, Zepeda y Arteaga. Después de la “gran parada”, honores militares y pase de lista, se sirvió un banquete y se hizo la fiesta. El entonces coronel Ramón Méndez, conocedor de la región donde se había criado, conocía muy bien veredas y caminos reales, cayó de sorpresa en Uruapan cuando se celebraba la fiesta, salieron apresuradamente tres columnas del Ejercito republicano del centro, una rumbo a los reyes con el general Zepeda, otra rumbo a Paracho con el general Riva Palacio y otra rumbo a Tancítaro con el general Arteaga. Méndez se fue tras la columna de Tancítaro pisándole los talones; de Tancítaro bajaron por el cerro de las vueltas rumbo a Santa Ana Amatlán, donde les dio alcance después de tres días de camino sin que Arteaga y su gente se dieran cuenta del peligro, totalmente desprevenidos fueron presa fácil de Méndez y su tropa. Los soldados que quedaron vivos se dispersaron por el campo, presos quedaron jefes y oficiales; el general Arteaga, el comandante general Salazar, los coroneles Jesús Díaz Paracho, Villagómez, Pérez Milieva y Villada. De Santa Ana Amatlán Méndez partió a Los Reyes y de ahí a Uruapan con los prisioneros a pie, siete días de camino y de ahí al paredón en la plaza de Uruapan, después de una farsa de juicio al amparo del famoso decreto de Bazaine, el mariscal comandante de las tropas invasoras francesas: “No admito que se hagan prisioneros: todo individuo, cualquiera que sea, cogido con las armas en la mano, será fusilado. No habrá canje de prisioneros en lo sucesivo; es menester que sepan bien nuestros soldados que no deben rendir las armas a semejantes adversarios.
“Esta es una guerra a muerte: una lucha sin cuartel que se empeña hoy entre la barbarie y la civilización: es menester por ambas partes, matar o hacerse matar.”
Menciono de manera sucinta este pasaje de la historia Michoacana sin entrar en más detalles, que son muchos, para destacar las circunstancias en que se dan los acontecimientos, ayer como hoy, la razón de la guerra era restablecer la paz y la buena fe para las inversiones internacionales. Maximiliano buscó con ahínco el apoyo de Estados Unidos, no lo obtuvo, pidió prestado hasta la saciedad y hasta perder el crédito para pagar a los mercenarios y a las tropas extranjeras al mando del mariscal Bazaine, una especie de comisionado de Napoleón III. Al retirarse las tropas invasoras Maximiliano quiso jugar su última partida en Querétaro, donde concentro todas sus tropas leales. Puesto en sitio, no pudo salir, ni quiso pelear, simuló vergonzosamente una traición para rendirse y buscar misericordia. La respuesta fue el Cerro de las Campanas. Para el entonces general Ramón Méndez, el fusilamiento en la Alameda de Querétaro, sin mayor preámbulo, a las 08:00 horas del día 19 de junio de 1867. Así es la guerra, hay vencedores y vencidos, vivos y muertos, Ramón Méndez no tiene, ni tendrá, ningún monumento porque su ideología es contraria a los intereses de la patria; como militar comandó la división Méndez, organizó el batallón del emperador, cuerpo del Ejército que se distinguió por su disciplina y organización, él por su honor y valentía que lo distinguieron en la lucha, en su lucha, aunque absurda pero al fin, su lucha. Ese pasaje de la historia tiene un común denominador, como toda la historia, intriga y corrupción, infamias y cobardías, traiciones y mezquindades. Recordando a los mártires de Uruapan recordamos a su verdugo, que a fin de cuentas cumplió con su destino militar y pagó por ello.
El otoño llega con tempestades, con nostalgia por las hojas que caen, pero nos llena de colores para esperar la luna creciente que resplandece como solo las lunas de octubre brillan en el cielo.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

El pájaro

El sol de la mañana

La catrina

Nuestra cultura

El abismo

Recuerdos a la luz de la luna

El ensueño

El castillo

¡Viva la farsa!

¡Viva la farsa!

Los espejos

A los pobres

¿Dónde estás, confianza?

El reverso del júbilo

¿Dónde está la Patria?

Auditoría forense

El Manos

La nada

El caballo de Atila

En manos de 113

Reina por una noche

Día del padre

Para que no se olvide

La manzana

Los pasos perdidos

El atole con el dedo

Foco rojo

La organización

Mayo florido

¿Cómo quieres que te quiera?

Nada ha cambiado

Las conciencias

La primavera

La ilusión

A nadie le importa

Pan y circo

El buey

Los rostros verdaderos

Los mercaderes

Las palabras

¡Viva la farsa!

Las manos temblorosas

El corral de la patria

Los mansos corderos

Las pedradas a la luna

Un abrazo amoroso

¡Viva mi desgracia!

¡Aquí nadie se raja!

La leve sonrisa

Desarrollo con justicia social

El rapazuelo triste

El cambio de Michoacán

El arca de Noé

Día de Muertos

Dialéctica social

La luna de octubre

En el desierto

¿Entierro o incineración?

Derroche de optimismo

El elefante

Los atenazados

La tetilla izquierda

Hasta el copete

Los cuervos

Las nubes

La imaginación

El último recurso

El principio y el fin

Las calenturas ajenas

Un nuevo país

¡Esta es su casa!

Nacionalismo como alternativa

La inquisición

Sin remedio

La última palabra

Bajo el palio

Los miserables

El tañer de la campana

La libertad del llano y la historia mentirosa

A 400 años, recordando a Cervantes

Los buenos deseos

El Caos

¡Soñemos muchachos!

Eternamente agradecidos

El nuevo evangelio

¿Por dónde comenzamos?

Entre el llanto y la risa

Los cascabeles

Los factores del poder

Desde el corazón

La espiga solitaria

El galope despiadado

La tierra de nadie

La catástrofe

El manantial

Carta a los Santos Reyes

Amor y odio

¡Feliz Navidad!

Los ojos cerrados

El enigma

El granito de arena

Los elegidos

El cariño y el rigor

Una canción desesperada

El disentimiento

El abrazo amoroso

La reencarnación

Ramón Méndez

La rebanada de pastel

El gallo muerto

El soñador

¡Viva la libertad!

El cuarto vacío

El primer día

A mi manera

El ocaso

La farsa

Aquí no hay quien piense distinto

La Luna de queso

¡Arriba Apatzingán!

Las fumarolas

Los “vurros”

El tesoro

El único camino

Los dioses vivientes

Compañeros nicolaitas

El día de la verdad

Nota de viaje

La vaca sin leche

Nosotros mismos

Nosotros mismos

¡Desde arriba, hasta abajo!

La locura

Los pescadores

La divina comedia

Vasco de Quiroga, ni mártir, ni héroe

La primavera

Honor a quien honor merece

El modelo deseado

Carta abierta a mi tierra

Metamorfosis

A mi manera

La movilidad social

Felices para siempre

Levantando bandera

¡Feliz Navidad!

El Titanic

La felicidad

El caballo brioso

La revolución michoacana