Columba Arias Solís
Insatisfacción social
Viernes 16 de Octubre de 2015
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No parece haber razones para –dijera Monsiváis– documentar el optimismo en México. Acaba de ser presentada la edición 2015 del Informe Latino Barómetro, organismo no gubernamental que desde hace 20 años realiza mediciones sobre la percepción ciudadana en los temas de política y economía en América Latina, destacando en su última medición que sólo el 37 por ciento de los ciudadanos de Latinoamérica señalan su satisfacción con la democracia, y los menos satisfechos resultan ser los mexicanos, con sólo un 19 por ciento a favor.
El estudio, que mide lo que opinan los habitantes de América Latina sobre la economía y la política, realizado en noviembre del pasado 2014, nos muestra que los mexicanos viven profundamente insatisfechos por en lo que respecta a su democracia y su economía; así, mientras que 56 por ciento de latinoamericanos opinan que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, en México la apreciación baja al 48 por ciento.
En cuanto a la economía, el 25 por ciento de latinoamericanos se dice satisfecho con ésta, pero en México desciende al trece por ciento de los que expresan alguna satisfacción; baja más la apreciación de los mexicanos en tratándose de la economía de su propio país y solamente el once por ciento se dice satisfecho con la economía mexicana.
Entre los fenómenos que determinan el poco aprecio de más de la mitad de los mexicanos por el sistema democrático y económico del país resaltan, en primer término, la inseguridad, la mala calidad de los servicios públicos, la pobreza y la desigualdad.
Hay entonces una profunda insatisfacción social en México en relación con el desempeño de sus gobiernos, lo que se demuestra con la pésima opinión sobre la calidad de los servicios públicos, pero en especial con el servicio brindado por las corporaciones policiacas de todos los niveles, ya que el 74.2 por ciento de la población percibe que el servicio brindado por la Policía no tiene ni pertinencia ni calidad que garanticen la seguridad pública en sus localidades.
No parece haber mejorado la percepción ciudadana sobre el desempeño de las fuerzas policiacas, que apenas el pasado año, el Inegi presentaba, destacando el mayor desprestigio policial en el Estado de México, donde el 88.6 por ciento consideraba el servicio de Policía pésimo, en tanto que Michoacán le seguía con un 87 por ciento de población cuya opinión resultaba reprobatoria al desempeño policial.
La presencia de actos de corrupción en la tramitación de algún servicio ante las autoridades de seguridad pública, en la atención a trámites vehiculares, ante el Ministerio Público, el Registro Civil, juzgados y tribunales, así como otros servicios, han provocado que exista una profunda desconfianza ciudadana de las instituciones públicas.
Apenas el pasado 2014, el Informe País presentado por el INE mostraba los bajos niveles de confianza de la población en las autoridades de todos los ámbitos, pero en especial en los gobiernos municipales, donde ocho de cada diez ciudadanos no confían en los cuerpos de seguridad pública.
También por las mismas fechas, el investigador de la Universidad Metropolitana, Ricardo Román Gómez, mostraba en su estudio sobre el desencanto democrático y opinión ciudadana sobre el crimen en Latinoamérica, luego de haber estudiado catorce encuestas del Latino Barómetro, que cuando los ciudadanos perciben un incremento en los niveles de criminalidad, la satisfacción democrática disminuye, así como su aprecio por las instituciones públicas.
En el caso de Michoacán, no obstante el nombramiento de un comisionado plenipotenciario designado por decreto presidencial para combatir la inseguridad, sanear las finanzas públicas y en general atender los problemas de gobernabilidad que pusieron a la entidad al borde de un Estado fallido y suscitaron las propuestas de declarar la desaparición de los poderes, y aunque dicho comisionado, luego de un año de desempeño y avasallamiento de prácticamente todos los espacios de gobierno, de justicia y del Poder Legislativo, se jactara –al dejar el estado– de que Michoacán era otro, y que en ciudades como Morelia, la capital, “los ciudadanos pueden asistir a conciertos y espectáculos nocturnos” o comer tacos en la madrugada, cuando no podían hacerlo antes de su llegada a la entidad; lo cierto es que nada de ello es cierto.
En Morelia, como en otras poblaciones, los ciudadanos se encuentran a merced de la delincuencia: atracos en las calles a los peatones, en los comercios, en las casas, robos en las oficinas y despachos de profesionistas. Hay una sociedad inerme ante los malhechores, una sociedad impotente, indignada, inconforme. ¿Dónde están los resultados positivos del comisionado?

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