Aquiles Gaitán
La reencarnación
Martes 20 de Octubre de 2015
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Cuando se habla de la reencarnación la mente vuela y en el etéreo de la idea uno se siente águila, gavilán, tigre, colibrí, gobernador del Banco de México, campeón olímpico, gobernador de Michoacán; nadie se siente vaca o cerdo, o policía, o sicario, tal vez caballo. ¿Quién quiere volver a vivir otra vida en otro cuerpo? Reencarnar en el mismo cuerpo no es posible, ni biológicamente; sería resucitar a la vida en un espacio que ya no le pertenece. Reencarnar y reencarnar y reencarnar es simplemente el ciclo de la vida que reproduce las especies, la repetición de los genes, la recurrencia, el retorno puntual, el parto; nacer, crecer, reproducirse y morir, el ciclo se repite, cada niño o niña es, digámoslo así, un nuevo comienzo del ciclo interminable. ¿Hace cuánto fue usted niño?, ¿o niña pues, con esto de la equidad de género?, ¿hace cuánto nacieron sus hijos?, ¿hace cuánto murió y no se ha dado cuenta? O como Sor Juana, “vivo sin vivir en mí”, ¿cómo resucitar si no he muerto? Puedo cambiar de oficio, dedicar mi vida a otra cosa diferente a lo que estoy haciendo, volver a comenzar mi vida productiva una y otra vez, pero no puedo regresar el tiempo, ya está dicho que los hombres y las mujeres enloquecen en busca de la fuente de la eterna juventud, así como algunos y algunas enloquecen en busca de la riqueza, en la antigüedad, adorando al becerro de oro, hoy a Jesús Malverde.
Así pues, como nicolaita que soy, por obra y gracia del espíritu y la idea, quiero reencarnar hoy y aquí en un momento luminoso, como regente del Colegio de San Nicolás, enmendar la plana y cumplir el destino de presentar como es debido la personalidad de un Doctor Honoris Causa, investido como tal por el Consejo Universitario de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, cuya presentación el día del acto dejó mucho qué desear: me refiero a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Entro en materia. Al fin uno de los nuestros, un nicolaita, es distinguido con el Doctorado Honoris Causa, no es fácil ser profeta en su tierra, no es fácil convencer a tirios y troyanos, no es fácil tener la estatura moral para cruzar el pantano de los partidos políticos y la administración pública y no manchar el plumaje, su plumaje es de esos.
He estado presente en dos ceremonias de investidura de Doctorado Honoris Causa y en las dos ha estado presente Cuauhtémoc Cárdenas, la primera en el Doctorado Honoris Causa post mortem a Salvador Allende, en la que acompañó a doña Hortensia Bussi, viuda de Allende, ceremonia celebrada en el Teatro Rubén Romero, en el cual el doctor Luis Mora Serrato fue orador por los concejales maestros y el que esto escribe fue orador con la representación de los concejales alumnos del Consejo Universitario, la segunda, en esta ocasión en que se le otorgó el Doctorado Honoris Causa precisamente a él.
Cuauhtémoc Cárdenas despertó los sueños de los michoacanos la primera ocasión que buscó la gubernatura del estado y fue designado verticalmente Carlos Torres Manzo como candidato a gobernador; desde entonces tomó conciencia que la lucha política sería una tarea de largo aliento; en el siguiente relevo de la gubernatura de Michoacán fue designado candidato por el entonces partido hegemónico, el PRI, y fue gobernador de Michoacán. Queda para la historia del ejercicio del poder en aquel tiempo, así como queda la convocatoria, para constituir la corriente democrática del PRI, posteriormente el Frente Democrático Nacional y la fundación del Partido de la Revolución Democrática, en aquel tiempo volvió a despertar los sueños de los mexicanos como candidato a la Presidencia de la República, buscando que la limpia democracia privara en las elecciones presidenciales; fue despojado limpiamente del triunfo en las elecciones por Carlos Salinas de Gortari y Manuel Bartlett; millones de mexicanos partidarios de su candidatura se quedaron con la pólvora asoleada, las uñas enterradas en los puños y una desilusión que los hundió en la más grande de las tiricias, que a muchos los acompañó hasta sus últimos días. Cuauhtémoc Cárdenas, estoico, invocó a la democracia y la vía pacífica para lograrla; en aquellos tiempos todavía estaba en el ánimo internacional el apotegma de que “el poder solamente se conquista por medio de las armas”. Hoy sigue en su pertinaz lucha; desde los años 80, con su documento La revolución a futuro, delineó las líneas de acción que hoy se materializan en su convocatoria a través de la organización Por México Hoy, en busca de un proyecto de nación diferente al actual. Resulta ocioso narrar su paso como jefe de Gobierno del Distrito Federal u otros puestos burocráticos, estoy presentando a un hombre que, por sus acciones, por su coherencia entre el pensar, decir y hacer, es digno merecedor de esta distinción que nuestra Universidad le otorga con orgullo a un hijo del Colegio de San Nicolás, de esa escuela que ha iluminado el camino de la cultura y la libertad desde don Vasco, su fundador; su alumno, rector y tesorero, Miguel Hidalgo; su alumno, José María Morelos; su benefactor, Melchor Ocampo, y una pléyade de hombres como los que pelearon en el Batallón Matamoros contra la invasión norteamericana, contra la Intervención Francesa, en la Independencia y la Reforma, en la Revolución, de esa estirpe ideológica es Cuauhtémoc Cárdenas, de esa estirpe son los nicolitas honestos, que luchan cada día por hacer de Michoacán y del país el mejor de los mundos posibles.
Con educación de sombra, al lado del señor Lázaro Cárdenas, desde joven recorrió las brechas y carreteras de balaste de aquel tiempo, convivió con los amigos del general y los hijos de los amigos del general, convivió con los habitantes de los pueblos, de la cuenca del Balsas y comunidades indígenas, de los beneficiarios de cientos de obras y acciones que a través de la Comisión del Río Balsas llegaban a los michoacanos y a los habitantes de los pueblos de Guerrero; en torno a ese programa de desarrollo regional, considerado como una experiencia de planeación regional exitosa y de las mejores prácticas, se concibieron las presas del Cupatitzio, del Cobano, Zicuirán, se concibió el gran proyecto de la Presa del Infiernillo, de la Villita, el de la Siderúrgica Las Truchas, después Lázaro Cárdenas – Las Truchas y hoy Mittal Steel, es decir, en manos extranjeras; ahí estuvo Cuauhtémoc en la fundación de la siderúrgica, del puerto y de la nueva ciudad de Lázaro Cárdenas, hoy sumida en la desgracia, de ser un gran puerto y una gran empresa, frente a un medio ambiente hostil, una gran pobreza y un terrible deterioro social que inhibe cualquier intento de desarrollo.
Cuauhtémoc Cárdenas, por supuesto, lleva el orgullo de ser hijo del general Lázaro Cárdenas, como seguramente el general Lázaro Cárdenas estaría orgulloso de su hijo, como hoy lo está la Universidad Michoacana al reconocer su valía, por eso estamos aquí los nicolaitas hoy, entregando el grado de Doctor Honoris Causa a un ex alumno de San Nicolás que ha puesto en alto el nombre de la universidad Michoacana.
Honor a quien honor merece y él, Cuauhtémoc Cárdenas, lo merece.
Hoy nuevamente ha despertado los sueños de los mexicanos, propone formular una nueva Constitución y un nuevo modelo de país, a lo cual ha convocado mediante la organización Por México Hoy. Si cristalizan los sueños o no, si existe capacidad para organizar un cambio democrático por la vía pacífica o no, ¡ahí se va a ver!, sin atacar a nadie, sin pelear con ninguno, la voz de Cuauhtémoc se escucha y su pensamiento brilla como un faro que guía y aparta a las naves del naufragio.
Los vende patrias, los apátridas, los que buscan tapar el sol con un dedo, los neoporfiristas genuflexos al capital extranjero, los delincuentes y los corruptos, los egoístas y explotadores, aquí no tienen cabida.
Que las virtudes y la ideología de Cuauhtémoc Cárdenas sigan honrando a la Universidad Michoacana, a Michoacán y a México.
Hecha la abstracción de la reencarnación y vivido el momento de la presentación, regreso a mi destino de simple escribidor, con la proa visionaria hacia una estrella.

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