Columba Arias Solís
Las mujeres y el voto
Viernes 23 de Octubre de 2015
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El pasado día 17 se cumplieron 62 años del decreto que concedió a las mujeres mexicanas el derecho al voto, mismo que se publicó el 17 de octubre de 1953 luego de varios intentos frustrados que incluyeron la aprobación, por parte del Congreso y de las legislaturas locales, de la iniciativa enviada por el presidente Cárdenas, en la que se incluía en la definición de ciudadanía a la mujer, pero cuyo procedimiento se dejó inconcluso toda vez que en el Partido Nacional Revolucionario, entonces el partido oficial, se consideró no continuar con el procedimiento por temor –según lo explicó algún diputado– que las mujeres, a la hora de emitir su voto, pudieran ser influenciadas por el sector conservador.
En el periodo de la administración de Miguel Alemán se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma al artículo 115 constitucional que concedía el derecho de votar a las mujeres pero solamente en las elecciones municipales.
Fue al iniciar su gobierno, el presidente Adolfo Ruiz Cortines, cuando finalmente se concedió el derecho que venía siendo demandado por diversas agrupaciones femeninas desde finales del siglo XIX y que adquirió mayor fuerza en las primeras décadas del siguiente, con un importante antecedente en el estado de Yucatán, durante el gobierno de Felipe Carrillo Puerto, en que tres mujeres resultaron electas diputadas, aunque a la muerte del gobernante tendrían que dejar sus escaños.
El derecho obtenido por las mujeres en 1953 se haría efectivo hasta dos años después, en las elecciones de julio de 1955. Consecuentemente el pasado julio se cumplieron 60 años de ese primer ejercicio, donde se registraron 365 candidatos a diferentes cargos de elección, de los cuales apenas 20 fueron mujeres, resultando cuatro de ellas diputadas federales.
En México, tan tortuoso como el camino de acceso al voto para las mujeres, lo ha sido también lograr una importante presencia de estas en las cámaras federales y locales y no se diga en el ámbito municipal; por muchos años su inclusión en los cargos de elección popular fue prácticamente testimonial. Ha sido como consecuencia de la firma por parte del Estado mexicano de acuerdos y tratados internacionales que lo comprometen a realizar acciones, establecer mecanismos y disposiciones legales para facilitar la participación de las mujeres, que se ha ido incrementando la presencia de estas en ciertos espacios de elección popular.
Apenas y como consecuencia de poner en práctica acciones afirmativas en materia de participación política, en las elecciones celebradas en 2012 por primera vez se logró una importante representación parlamentaria de mujeres en la historia: 37 por ciento en la Cámara de Diputados y 33 por ciento en el Senado, empero en el ámbito municipal apenas se logró el siete por ciento.
En las últimas elecciones federales, celebradas en julio del presente 2015, a la Cámara de Diputados accedieron por el principio de mayoría relativa 183 hombres y 117 mujeres, mientras que por la representación proporcional, 107 hombres y 93 mujeres, lo que representa el 58 por ciento de hombres y 42 por ciento de mujeres.
Por supuesto, como ya se apuntó, esa importante presencia de mujeres en las últimas elecciones, no es fortuita sino que responde al establecimiento de cuotas de género impulsadas por los distintos partidos y el propio gobierno, a fin de cumplir con los compromisos firmados con las diferentes convenciones internacionales y que recibidos en nuestra legislación mexicana, obligan a los partidos a cumplir con las cuotas establecidas para garantizar la paridad política de los géneros, que en nuestro país se ha logrado con la última reforma constitucional del pasado 2014.
Las cuotas de género no han estado exentas de controversia, entre quienes son adversos a su establecimiento y aquellas personas que las consideran indispensables a fin de evitar que siga prevaleciendo en el ámbito político el predominio de un solo género. Y si bien las acciones de afirmación para aumentar la presencia femenina, han tenido resultados positivos en los niveles federal y local, pero hace falta aterrizarlas en el ámbito municipal, donde sigue siendo por de más escasa la participación de las mujeres al frente de los gobiernos municipales, que son monopolizados por los varones.
En este tiempo hay una presencia numerosa de mujeres en el Congreso, sin embargo no existe todavía una completa paridad que refleje el porcentaje mayor de mujeres en el padrón electoral; el Legislativo federal no debe obviar su compromiso de promover estrategias que posibiliten el fortalecimiento de las legislaturas locales y de los cabildos municipales hacia el cumplimiento de los ordenamientos internacionales y de la propia Constitución en materia de derechos de las mujeres.
Con la presencia numerosa de mujeres en los Congresos, el reto siguiente debe atender a que a esos espacios lleguen por capacidad y meritocracia, no por la influencia de protectores políticos.

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