Jerjes Aguirre Avellaneda
¡Para el debate por Michoacán!
Año difícil: presupuesto 2016
Viernes 23 de Octubre de 2015
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El Congreso del Estado dispone de un proyecto de presupuesto inicial para el Ejercicio Fiscal 2016, que debe someterse a la revisión, modificaciones y ajustes, que derivan de dos circunstancias fundamentales relacionadas, por una parte, con los presupuestos federales de Ingresos y Egresos y, de otra, con las políticas, planes y programas que se proponga realizar el nuevo gobierno de Michoacán.
Ha sido anticipado que el ejercicio del año siguiente estará caracterizado en los tres niveles de gobierno por las limitaciones en la disponibilidad de dinero, como resultado principal de la disminución en los precios del petróleo, que provocarán la disminución de las transferencias federales hacia los estados y los municipios.
El mismo gobierno federal se ha planteado la necesidad de racionalizar su gasto, utilizando principalmente las adecuaciones de su estructura de administración, junto a la revisión cuidadosa de su amplio catálogo de programas, para los fines de cancelación, fusión y creación de otros nuevos, para la atención de necesidades de desarrollo y bienestar social.
En este contexto y con el mismo sentido, el gobernador Aureoles dijo en su discurso al asumir el cargo que “próximamente anunciaré un programa de racionalización del gasto público, evitando duplicidades, extinguiendo organismos sin resultados y asegurando una coordinación que nos haga eficientes y libere recursos para la inversión y las tareas más importantes del gobierno que demanda la sociedad michoacana”.
Ante los problemas financieros, las administraciones públicas están corrigiendo, sin que sea un propósito deliberado de reforma administrativa integral, al menos aquellos aspectos que le impiden insertarse con eficiencia en el modelo de mercado, como son los elevados costos y su función de “ gran empleadora” que alivia las presiones laborales.
En el caso michoacano, la administración pública requiere de diversos cambios antes de volverse eficiente y barata. La práctica de crear organismos para cada necesidad social, estructural o de coyuntura tendrá que terminar para iniciar la corrección de un aparato gubernamental excesivo en su tamaño y pésimo en su funcionamiento por la falta de claridad en sus objetivos y metas, ausencia de coordinación y complementariedad y vacío de toda mística de servicio a la sociedad, que expresa la ausencia de compromiso social.
Habría que señalar, además, que hacia el interior de las dependencias ocurre lo mismo con secretarías, subsecretarías, direcciones, departamentos, oficinas, mesas y puestos de trabajo, sin definición de sus objetivos, funciones y cargas de trabajo, sin procedimientos sistemáticos y sin ninguna capacitación, adiestramiento y actualización de la base de trabajadores. La administración pública funciona con predominio de las inercias en un círculo vicioso de siempre lo mismo.
Para colmo, la vigencia del marco jurídico en cada caso presenta una debilidad mayúscula, comenzando porque hay secretarios y altos funcionarios de la administración que desconocen las leyes aplicables, no sólo en su contenido, sino inclusive en el nombre. Las tareas de corrección no son, en consecuencia, pequeñas, y tal vez pudiera tratarse del inicio de un esfuerzo amplio y profundo.
Por otra parte, tratándose del presupuesto, sobre todo de lo que se anticipa gastar, habría que corregir dos cuestiones fundamentales: lo que se quiere y lo que se puede gastar y en qué se debe gastar. En el primer punto ha sido frecuente que sean aprobados presupuestos de Egresos con predominio de criterios políticos, señalando cantidades que “gustan” pero que carecen de respaldo financiero. Una cosa es lo que se “quiere” y otra lo que se “puede”, a menos, claro está, que se pida prestado y ya saben los michoacanos en qué termina esta solución.
El segundo aspecto se refiere a que las cantidades de un presupuesto por sí solas no dicen absolutamente nada; por muy grandes o pequeñas que sean hace falta relacionarlas con su uso, con el en qué y para qué está prevista su aplicación. La calidad de un presupuesto está representada por el uso de que se haga de los recursos, en su aplicación, en el cómo se apliquen y cómo se evalúen sus resultados.
Consecuentemente, las políticas públicas y su traducción en programas gubernamentales, constituyen los elementos básicos en la planeación y el ejercicio presupuestal, en tanto representan los objetivos y los fines en función de los cuales se aplican los recursos. El presupuesto es solamente un medio de trabajo, que tiene significado sólo en su vinculación con los objetivos que busca cumplir. Al margen o despojado de objetivos, el presupuesto es una cantidad de distintos tamaños, pero exclusivamente eso, una cantidad.
Como primer momento importa, por tanto, identificar los problemas que plantea la realidad para elaborar las respuestas apropiadas en prácticas públicas y programas, para luego proceder a las asignaciones presupuestarias que otorguen congruencia a las distintas soluciones, sin la demagogia del “prometer no empobrece” o del compromiso inviable sin posibilidades de cumplimiento.
Consecuentemente, sería de utilidad promover un análisis no del presupuesto a secas, si no de las necesidades de presupuesto que plantea la realidad del campo y la ciudad, la industria, los servicios, la nueva estructura de la población, los problemas nuevos de la mujer, los jóvenes y los viejos, la desigualdad y la pobreza, de modo que la mayor productividad y competitividad, la mayor riqueza producida por los michoacanos deje de hacernos menos desiguales y por el contrario, sean nuevas oportunidades de grandeza para todos.
Un presupuesto sin engaños, para el fomento del desarrollo y el bienestar es indispensable para Michoacán.

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