Rafael Mendoza Castillo
El poder, el diálogo y el nuevo comienzo
Lunes 26 de Octubre de 2015
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Inicio estas reflexiones con un pensamiento de Juan Rulfo escrito en su novela Pedro Páramo: “La semana venidera irás con El Aldrete. Y le dices que recorra el lienzo. Ha invadido tierras de la Media Luna –Hizo bien sus mediciones. Me consta –Pues dile que se equivocó. Que estuvo mal calculado. Derrumba los lienzos si es preciso –dice Pedro Páramo. ¿Y las leyes? –Pregunta Fulgor Sedano –¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora en adelante la vamos a hacer nosotros”.
En la democracia representativa liberal y ahora neoliberal, el pueblo, las clases dominadas, explotadas, marginadas y olvidadas, delegan el poder en sus representantes (elecciones). El problema de este tipo de democracia es que los representantes ejercen el poder de forma arbitraria y para sí mismos. Partidos, funcionarios, oligarquía y corporaciones, se convierten en autorreferentes, es decir, se consideran la fuente del poder (la política se corrompe).
El poder que el pueblo delega en sus representantes no se usa para la búsqueda del bien común, de lo público, sino que el representante lo usa para el bienestar de sí mismo y para el bienestar de sus amos de la oligarquía financiera y económica, nacional y extranjera (fetichismo del poder). En este tipo de relaciones de poder se mueve hoy el “nuevo comienzo” que está instalado en el Solio de Ocampo.
Si entendemos el nuevo comienzo como origen o principio, entonces debemos pensar sobre qué principio o fundamento el gobernante orienta sus acciones políticas, sociales, económicas, culturales, educativas, esto es, a favor de quién y a favor de qué. Ese principio puede ser una idea que despierte entusiasmo, deseo de cambio, ánimo emocional o intelectual, ser diferente al anterior. Pero también ese principio puede ser un acontecimiento que oriente una alteración del orden constituido o puede ser la continuidad del mismo orden, sin novedad.
Me parece que el “nuevo comienzo” no tiene en su horizonte esa idea nueva y ese acontecimiento de coyuntura crítica. Su gobierno arranca con mecanismos que le impone la Federación y sus aliados, los poderosos de Michoacán, esto es, aplicar la ley a secas, cumplir con los dogmas neoliberales: Estado achicado, reducir el gasto público, desregular y privatizar. Las declaraciones del gobernante del “nuevo comienzo” se colocan en ese tipo de poder caciquil y feudal. Figuras que se alejan de la izquierda.
Si el “nuevo comienzo”, en teoría, se coloca en la izquierda, debe escoger ideas y acontecimientos que apunten en ese horizonte histórico y social. Pero su inicio, en el ejercicio del poder público, apunta a servirle al grupo o clase que ha acumulado dinero y privilegios. En la forma y el discurso son de izquierda pero en la realidad se inclinan por la derecha. Eso demuestra que la esquizofrenia es una cualidad del poder en México.
Si el “nuevo comienzo” privilegia la razón de la fuerza y deja de lado la fuerza de la razón comete un grave error. Se olvida de la política como acción constituyente para transformar la realidad y, sobre todo, colocarle un límite a la voracidad de acumulación de capital en pocas manos. Es claro que el poder público, aunque lleve el adjetivo de público, no es neutral ni inocente.
Pregunta de la filosofía política, ¿a quién sirve el poder del “nuevo comienzo”? La Federación le impuso funcionarios, la estrategia contra el crimen organizado es la misma, hacer leyes y aplicarlas con justicia y gracia para los amigos y para los enemigos la ley a secas (Benito Juárez), se alía con grandes empresarios y su mejor aliado es la Federación. Se olvida de que en Michoacán existen fuerzas progresistas, democráticas y socialistas, mismas que son ignoradas y, lo peor, se violenta la soberanía del Solio de Ocampo. Respuesta: el poder sirve a los satisfechos, a los poderosos.
El nuevo comienzo está en tiempo y espacio, de elegir a sus nuevos aliados, los olvidados, los maginados, los explotados, los pobres, no importa que le digan populista, o continuar defendiendo el consenso y contrato del orden existente, que ha producido pobreza, miseria, violencia oficial, criminal y dolor, en la mayoría de los michoacanos. El pleito de la historia, el poder para servirle a la gente o el poder para servirle al capital y sus dueños, los oligarcas de siempre.
Las voces de los poderosos le dicen al gobernante del “nuevo comienzo” que aplique la fuerza policiaca y militar contra quien disiente del consenso del orden existente, el cual es injusto y provoca dolor, sufrimiento mental y físico en la mayoría de los michoacanos. Otras voces le señalan que aplique el diálogo de la política, que escuche al otro, que haga más política y menos administración, control y disciplina, que erradique la corrupción y la impunidad, que castigue a los que endeudaron al estado, que deje de pensar en 2018,etcétera,etcétera.
Pregunta de la filosofía política, ¿qué dicen el Poder Legislativo y el Poder Judicial sobre el proyecto del “nuevo comienzo”?, ¿van a seguir subordinados a las decisiones del Ejecutivo o van a ejercer el poder que les otorga su autonomía y las facultades inherentes a su función? Muchas voces, tanto mediáticas como de la sociedad civil, sólo visualizan al gobernador Silvano Aureoles como la síntesis salvadora de la crisis que vive Michoacán. ¿Para qué sirve entonces la división de poderes que, por cierto, es muy costosa y poco productiva?
Centralizar las decisiones políticas o administrativas en la persona del Ejecutivo o en la Federación, además sustentadas en la fuerza policiaca y militar, en la aplicación de la ley para eliminar al otro, sin escuchar su verdad, sus razones, es un proyecto de sociedad, que le apuesta a lo homogéneo, el cual anula lo plural, la diversidad y sólo escucharemos la voz autoritaria del amo capitalista.
El centralismo, el autoritarismo, el uso de la fuerza, aunque sea legítima o no, el uso a modo de la ley, siguen siendo elementos no racionales, los cuales anulan la acción política emancipadora, alejan al ciudadano del espacio público, lo hacen indiferente ante los asuntos de la comunidad, fomentan el individualismo y lo colocan en lo privado. Crean la ilusión de una sociedad sin política. Esto quiere el neoliberalismo. La fuerza bruta que se aplica al otro, sobre el que se rebela por el orden injusto, se coloca del lado de los poderes fácticos, de los oligarcas, de los explotadores. El “nuevo comienzo” elige de qué lado está. En política no se es neutral. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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