Aquiles Gaitán
El abrazo amoroso
Martes 27 de Octubre de 2015
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En el numeral cinco de su primer canto, Maldoror le pide a Dios, “a ti te invoco: muéstrame un hombre bueno… pero en ese caso, que tu gracia decuplique mi vigor natural, pues ante el espectáculo de un monstruo tal, puedo morir de asombro: por mucho menos se muere”.
Una sirena lanza sus gemidos al viento con una languidez que se repite incesante mientras las explosiones de las bombas lanzadas por los caza bombarderos, los obuseros y cañones, estallan entre los barrios de pueblos y ciudades de Siria, de Palestina, de Afganistán, de Irán. Es la lucha por el poder, simple y sencilla, hoy llamada guerra, guerrilla, Al Qaeda, los hijos de Islam en pie de lucha buscando saciar su sed de justicia divina y su necesidad de infinito.
Es la invocación a la muerte en su forma más sublime; las sectas de asesinos, las bandas organizadas de narcotraficantes, son juegos de niños frente a las masacres de una guerra fratricida, alentada por el odio de las ideologías, de lo divino o de los intereses mercantilistas.
Es la fiesta de la muerte, la verdadera fiesta de la muerte, la que no se festeja si no se sufre. La naturaleza humana se vuelve animal, el hombre degüella a sus semejantes con la naturalidad con que el águila destroza con sus garras a la liebre orejona.
Ahí nadie llora, gritan maldiciones y oprimen los gatillos. Nadie pone altarcitos, ni disfraza a sus hijos de fantasmita o de catrina, es la propia muerte la que festeja su presencia en cada estallido. No olvidemos nosotros michoacanos, mexicanos, nuestras propias luchas fratricidas, nuestras verdaderas masacres, nuestras verdaderas fiestas a la muerte, cuando se han dado las luchas por el poder en la Independencia, la Reforma, la Revolución y los Cristeros, o en estos tiempos del narco, con los degollados, los del tiro de gracia, o los masacrados.
Hoy y aquí se sigue jugando con fuego, se sigue trivializando con discursos banales la lucha a muerte por el control de territorios del estado, para la producción y trasiego de drogas. Es mejor la acción que la mención, caiga quien caiga; no será con gendarmes, ni policías, tendrá que ser con el ejército, cuyos elementos tienen, además de la paga, el juramento de bandera y la defensa de la patria hasta perder la vida; los gendarmes y policías nomás tienen la paga y no tienen llenadera.
La invocación ritual, la invocación divina de los purépechas del lago, se ha convertido en un producto turístico, en una fiesta común y corriente, con música, licor y todo el folclor que le acompaña. La ocupación hotelera al 100 por ciento, ¡vengan todos!, Michoacán los espera con los brazos abiertos. La fiesta es una tragedia para los cientos, ¿o miles?, de familias que han perdido a sus seres queridos por muerte violenta en manos de criminales, por las balas de las armas asesinas.
Las fiestas de las catrinas en Apatzingán, en la Ruana, en el Aguaje, en todo Tierra Caliente y la Costa, desde Huetamo hasta Aquila, deben estar muy concurridas, las muchachas con sus caras pintadas de cadáver y sus vestidos largos ribeteados de encajes, invocando caguama en mano, simplemente, a la muerte.
¡Qué bonito es lo bonito!, nadie quiere morirse joven, tal vez ni viejo; sólo los viejos muy viejos, o enfermos, o solos, o abandonados, ya quieren morirse, pero no saben cómo, tienen miedo a la invocación, no se deciden a pintarse de catrinas, ni de esqueletos pues están cerca de ver su verdadero rostro en el rictus de la muerte. El que se quiera morir, sin tanto drama, ¡que deje de comer!
No podemos hablar de la santidad de la muerte, ni de la santidad del crimen, pero ya ve usted, existe la secta de la santa muerte, pero hasta la Santa Muerte detesta a los culpables, no los protege; la furia insensata de los criminales, se acaba como la rabia; “muerto el perro, se acabó la rabia”.
Con este ciclón que encapotó los cielos, no es posible ver el claro de luna de octubre y los pensamientos se vuelven taciturnos por la fecha cercana del 2 de noviembre y la del 1º de noviembre, día de los angelitos. ¿No será la muerte nuestra prisión eterna?, ¿o es acaso una liberación? La muerte como imagen es una figura que producimos en la imaginación y por consiguiente, psicológica, que con esa perspectiva se transforma y cada quien interpreta a su manera, desde los polos opuestos de los mártires y los héroes. Sólo podemos explicarnos la muerte desde la vida, la vida nos permite pensar, recrear, imaginar, un esqueleto caminando, una procesión de imbéciles convertidos en “zombis” muertos vivientes, la muerte convertida en elegante dama con rostro descarnado; la juventud se divierte con la muerte, la muerte con la juventud y con todos los que tienen la desgracia de atravesarse en el camino de la delincuencia, esa que invoca su presencia cada día y que tarde o temprano, les llega puntualita si tienen el valor de darle la bienvenida; si son cobardes, como los hay muchos, se van a la cárcel a que los mantenga el gobierno.
Pensé en tres temas para este artículo, en los tres temas que son la constante infinitamente repetida por poetas y escritores, el amor las mujeres y la muerte, así como el título del libro de Schopenhauer, escogí este último sin pensarlo, porque lo tengo en el subconsciente, porque cada día aflora en todas las comunicaciones humanas; igual que el amor que sentimos con nosotros, igual que la mujer que nos acompaña, el tema de la muerte está presente y estará presente hasta el último momento de nuestras vidas, en el que nos vamos a fundir con ella, en un abrazo amoroso.

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