Aquiles Gaitán
El cariño y el rigor
Martes 17 de Noviembre de 2015
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La sangre de muchos michoacanos a humedecido las piedras con las que se ha construido la historia, esa historia que tiene como hilo conductor el tiempo que a veces se detiene para escuchar los latidos de los corazones, los pasos perdidos, la puerta que se abre. Hoy apostamos por la no violencia, por la paz y la tranquilidad, eso no es posible en un pueblo de guerreros, eso no es posible en los pueblos donde los habitantes viven de la agricultura y la ganadería y existen jornaleros que no tienen más que su fuerza de trabajo y la tierra que traen entre las uñas. ¿Qué ha pasado aquí? Todo se traduce a la organización y la desorganización, a producir y no producir, a tener trabajo o no tener, a comer o no comer; la tenencia de la tierra está marcada por el destino, desde el Plan de San Luis de Francisco I. Madero, defendiendo a las comunidades indígenas despojadas al amparo de la ley de terrenos baldíos, y el Plan de Ayala de Emiliano Zapata, en defensa de los pueblos y ciudadanos bajo el lema de “la tierra es de quien la trabaja”, ahí se hace constar “que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques, a la sombra de la tiranía y la justicia venal, entrarán en posesión de esos muebles inmuebles desde luego los pueblos y ciudadanos que tengan sus títulos correspondientes a esas propiedades, manteniendo a todo trance con las armas en la mano la mencionada posesión…” plantear movimientos revolucionarios a partir de la organización de los campesinos a estas alturas del siglo XXI, puede ser un disparate, pero no es tan disparatado ver a miles de campesinos sitiando el congreso de la unión en el Distrito Federal en días pasados con motivo de la discusión del presupuesto, reclamando recursos para el campo y una revisión a fondo de la actual situación que priva en el país.
Como en todo, cada estado y cada municipio tienen un diagnóstico diferente; estoy hablando del campo, de las zonas rurales, de la agricultura y la ganadería, no de municipios urbanos y los huertos en las azoteas; los otrora poderosos bancos de crédito agrícola y crédito ejidal, ya no existen, murieron carcomidos por la corrupción y la zopilotera, subsiste el fondo de garantía y fomento, para la agricultura, ganadería y avicultura, el famoso FIRA, burocracia dorada del Banco de México operando en su torre de marfil, mientras el campo michoacano se abandona, se renta, se vende, o se plantan huertas de aguacate, de limón, de mango, las zonas graneleras se reducen. ¿Cuántas hectáreas de sorgo estarán aseguradas contra las plagas y desastres? Al pulgón amarillo nadie le hizo caso, hasta que cubrió los campos con sus crías. Los mismos aguacates y mangos, si no se combaten sus plagas, estas dominarán la escena.
Las imágenes de la caballada en la trilla, son parte de la historia, ya no hay trigo sembrado, consecuentemente no hay trilla, los trapiches van desapareciendo uno a uno, sin remedio, ante la inestabilidad del precio del piloncillo, siempre castigado por los intermediarios, el maíz y el frijol, en la mayoría de pueblos se siembra para el autoconsumo, las grandes extensiones se reducen o se abandonan los campos; es fácil compensar los desequilibrios, al amparo del Tratado de Libre Comercio, se importa lo que haga falta y hasta salen negocios para los importadores.
Por supuesto que el presupuesto federal señala inversiones para la agricultura y la ganadería, pero, ¿qué se hace con ello?, estamos hablando de inversión pública, no de gasto corriente; toda la vida hemos escuchado del óptimo aprovechamiento de nuestros recursos naturales, de acelerar el desarrollo del sector agropecuario, de fortalecer el mercado interno, de elevar la producción de alimentos que demanda la población creciente, pero la realidad es otra; la construcción de una simple y sencilla presita, llamada Francisco J. Múgica, al no tener una adecuada estructura de financiamiento, un método de evaluación del programa de inversión y ejecución de la obra, se convierte, por haber sido construida con dinero prestado, en un pesado lastre para las finanzas del estado, proyecto inconcluso, como todo lo nuestro, que requiere inversiones cuantiosas para su terminación y aprovechamiento productivo. Esta es la obra civil más importante en los últimos años en Michoacán, cuyos beneficios, no se ven, es un ejemplo de que las grandes obras de infraestructura no pueden hacerse con recursos estatales y menos pidiendo prestado, es ahí, donde la presencia del gobierno federal se hace necesaria.
Cómo, cuándo, dónde y con qué son conceptos que deben contestarse antes de iniciar las inversiones, evaluarse durante la inversión y puesta en marcha y no solapar errores, ni desvíos, mucho menos rapiñas; estamos en el siglo XXI y requerimos una agricultura y ganadería del siglo XXI, olvidar el arado egipcio es un imperativo, pero si no hay dinero, no llegarán los tractores prometidos y seguiremos con él, como siempre ha sido.
Hoy los campos más productivos se llenan de casetas con plásticos por techo, los métodos de agricultura intensiva están de moda, pero pocos campesinos son dueños, casi todos rentan sus tierras a los emprendedores o empresas inversionistas, falta dinero en el campo, para ello habrá que organizar el crédito bajo esquemas de control financiero y asesoría técnica que aseguren el éxito, no se puede cambiar de la noche a la mañana, pero para dar el segundo paso habrá que dar el primero.
El ejido después de las reformas salinistas se puso a la venta pero no todo está perdido, subsisten ejidos organizados que pueden repuntar, los ejemplos exitosos de Nueva Italia y Moyotepec, Morelos, que surte de hortalizas al Distrito Federal, son un ejemplo de ello; no voy a hacer un panegírico al ejido, no, no es posible, pero si la organización es la base del desarrollo, pues organicémonos, iniciando por los casos de éxito, que son, las zonas de riego, que por su naturaleza son técnica y económicamente productivas pero requieren agua limpia y los distritos de riego en su mayoría están contaminados por aguas residuales sin el tratamiento adecuado que corresponde dar, a las aguas domésticas por los municipios, he ahí un dramático problema que hay que atender, si les obliga la ley, porque no lo hacen, y si no lo hacen, ¿qué?, los que han invertido en plantas de tratamiento, en su mayoría no funcionan o funcionan para justificar cobros a los usuarios del agua potable, ejemplo, para muestra un botón, Morelia; el distrito de riego aguas abajo, apesta; Pátzcuaro, el lago se está muriendo.
Pero hablaba de los ejidos que en sus orígenes fueron el emblema de los gobiernos revolucionarios que dotaron a los ejidatarios de armas, rifles Mausser, para defender sus tierras bajo los postulados zapatistas, a la vez, formaron las defensas rurales, bajo el registro y mando de la Secretaría de la Defensa, los uniformaron, los hicieron marchar en los desfiles, les pasaron revista periódica y los domeñaron hasta llegar a lo que hoy son, los “cuerudos de Apatzingán”, y algunos cuerpos de defensas rurales, hoy integrados por pequeños propietarios, con el fin de tener registro y portación de armas; cualquier parecido con el método de domesticación de autodefensas es mera coincidencia.
El tema del campo es muy extenso, en otra ocasión hablaré de la fruticultura, de la ganadería, incluyendo las pequeñas especies, del mezcal, del añil y del gusano de seda, por ahora estamos ante una gran área de oportunidad que frente a un horizonte de seis años, puede que sí se logre si se apuesta a la organización y se destinan recursos y no se nos vayan a ir los seis años con más de lo mismo, delincuencia, sindicatos y policías; todos sabemos que Michoacán no está carente de problemas pero todo tiene solución mientras exista voluntad y capacidad para hacer de Michoacán, una tierra de progreso y desarrollo, con el poco dinero disponible que le queda al gobierno del estado, tendrá que hacer mucho, porque mucho es lo que hay que hacer; los lastres tendrán que liberarse y si no entienden con cariño, tendrán rigor.

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