Samuel Maldonado B.
Repercusiones
El imperialismo causó la tragedia en París
Martes 17 de Noviembre de 2015
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Antes de finalizar la semana anterior, la hermosa ciudad capital de Francia sufrió un ataque sorpresivo que terminó con la vida de cerca de 150 seres humanos (y otros tantos heridos de gravedad) a mansalva, sin oportunidad alguna de defenderse. Fue un astuto ataque suscitado con las tres agravantes: premeditación alevosía y ventaja, sin que las víctimas, muertos y heridos, hayan tenido culpa alguna o hayan sido escogidos por sus asesinos. Esta masacre debe ser condenada por todos los hombres y mujeres del mundo.
Este crimen colectivo de ninguna manera tiene justificación alguna, como tampoco puede tener excusa la muerte de nadie como consecuencia de la determinación de un ordenamiento signado por las autoridades encargadas de la impartición de la justicia. Ningún juez, ninguna persona, tiene la patente para asesinar a su semejante, así haya sido el condenado a tal suerte actor directo de un crimen de lesa humanidad, cometida con todas las agravantes de la ley (alevosía, premeditación y ventaja). En otras palabras, nadie tiene el derecho moral o la atribución legal para cometer un acto de tal naturaleza y menos en forma planificada e injusta.
En sus leyes internas, gobiernos poderosos que han desarrollado tecnologías de punta con las que han alcanzado inventos asombrosos, contemplan el asesinato como ejemplo para castigar o amedrentar a quienes se dedican al acoso, al robo o al asalto, sin que la pena capital disminuya los crímenes que a diario se cometen en todas partes del mundo.
La única salvedad que se pudiera tener para justificar una muerte se da cuando el acto sea cometido en defensa de la misma vida, pero jamás la muerte debe darse como un ordenamiento de leyes y normas que el ser humano ha instituido, y ya sabemos que aun con esas leyes no terminaran con los asesinatos que a diario se cometen en todas partes de este descompuesto globo terráqueo.
Lamentablemente leyes hay, y continuarán siendo vigentes, que permiten a las autoridades aplicar la pena capital buscando con este castigo la eliminación o la disminución en el número de crímenes, que sólo aparentemente justifican esas letales normas, que nunca podrán justificar errores y horrores al ordenar la muerte de un inocente, pues la resurrección no existe y falso es que con la aplicación de la pena capital disminuyan los asesinatos.
Los responsables directos de la masacre en París son las poderosas potencias que controlan la economía mundial, mismas que detentan armas químicas y nucleares muy poderosas y sofisticadas de tal suerte que una sola de ellas y desde lejanas distancias, en un segundo las pueden hacer detonar –como sucedió en la Segunda Guerra Mundial– para terminar prácticamente quemando vivos a cientos de miles de inocentes en Hiroshima y Nagasaki, ambas poblaciones de Japón. Los autores materiales en París no son los que se inmolaron inmediatamente después de cometer ese acto terrorista en La Ciudad Luz, sino los poderosos países que están involucrados desde siempre en la explotación irracional de países menos desarrollados.
No es necesario ser analista político para saber que las potencias más poderosas, como la de los Espantados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Rusia, etcétera, son los factores de desestabilización en Arabia, en Siria, en general en el Medio Oriente. Son generadores de problemas América Latina en muchas de nuestras repúblicas, que han sido acosadas e intervenido ilegalmente por el poderoso país norteño. Son el soporte de personajes como los Somoza, los Pinochet y otros gorilas en Dominicana, en Haití, en Guatemala, etcétera. La poderosa Inglaterra no canta mal las rancheras y ha tenido una injerencia letal en el conflicto eterno entre Palestina e Israel, país invasor de un territorio que por derecho y por ley no le pertenece y que mantiene en condiciones lamentables al Estado palestino.
Seguramente que los iraquíes saben bien de la intromisión de los Espantados Unidos en su país y los miles de muertos en Siria, que se le deben a esta potencia que controla las riquezas petroleras en los países árabes y conocen de su invasora conducta, que ha generado personajes como Osama Bin Laden, yihadista y fundador de Al Qaeda, mismo que, en estado de indefensión fue asesinado por Roberto O’Neil, miembro de la Navy Seal de los Estados Unidos.

Sobre el autor
Samuel Maldonado Bautista Editorialista en La Voz de Michoacán, Buen Día y Cambio de Michoacán. Diputado Federal (1997-2000); Coordinador de Política Interior de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados; Vocal Ejecutivo de la Comisión Ejecutiva para el Desarrollo de la Costa Michocana en el gobierno del Estado (2000); Director General del Conalep, Mich. Gob. de Lazaro Cárdenas Batel.
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