Samuel Maldonado B.
Repercusiones
Así era el Estado mexicano (¡Huy qué miedo!)
Martes 24 de Noviembre de 2015
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Cinco mil policías para convencer a los maestros son pocos, pero les cuestan mucho dinero a los mexicanos. En su viaje de proselitismo “a efecto de convencer y hacer posible la evaluación magisterial correspondiente”, los polis no tuvieron problemas para hacerlos subir a los “boings” y llevarlos hasta la capital, que no fue cosa fácil, por lo que bien vale corresponderles y que aprovechen su estancia y puedan conocer la gran capital y los Pueblos Mágicos que en Michoacán se encuentran.
Ellos mismos arribaron a territorio tarasco por aire (mar no) y tierra sí, utilizando grandes y modernos aviones y helicópteros para que no se fatigaran en el trayecto de la Ciudad de México hasta Morelia. Desde luego que no fue mucho el gasto ocasionado aun cuando éste tal vez rebase las dos docenas, o más, de millones de pesos. Moverlos por Michoacán no es, pues, nada fácil.
Aterrizaron en el Aeropuerto Internacional localizado en un municipio aledaño a Morelia, que está operado por capitales españoles, y desde allí fueron transportados, ya no en primera clase, sino en los camiones de pasajeros (casi de tercera), como son los que comúnmente se utilizan en el transporte público de nuestra gran capital.
Vienen todos comisionados para ser testigos vivos de que aquí, en la tierra de Morelos y de Cárdenas, se cumple estrictamente con lo que mandata la ley por más arbitraria que ésta sea, y desde luego, por aquello de las dudas, para asegurar que en su encomienda no se presente la necesidad de usar su equipo bélico ni antes, ni durante el proceso evaluativo ni después en los días siguientes. Los polis, bajaron de los poderosos aviones Boeing luciendo su uniforme de color azul marino y su estrellita roja lucidora en la cachucha gris, como todo bien entrenado policía.
Vienen los gendarmes a cuidar que no haya bronca alguna provocada por los malosos maestros y fundamentalmente tuvieron la tarea de “resguardar la evaluación docente y el orden público”, como si efectivamente estuviéramos en los años de cuando se iniciara la Revolución traicionada.
Todo movido o provocado por los desobedientes profesores que se niegan a aceptar el “mátenlos en caliente del Porfiriato”. Son rejegos los democráticos que no quieren aceptar las leyes que rigen la putrefacta sociedad gubernamental y que se oponen irrazonablemente, por antonomasia, a presentar su certificado de que, efectivamente, sí saben escribir y leer.
Vienen los soldaditos portando sus escudos para defenderse de los malosos profesores, traen sus cascos de acero para evitar dolores de cabeza y se complementa su bagaje con su equipo “antimotín” (al menos así lo informan los diferentes medios de comunicación). Nadie duda que los milicos vienen en son de paz (pas, pas) y con todos sus evaluaciones otorgadas por las academias policiacas norteamericanas y entrenadores del mismo origen.
El costo de las vacaciones de los policías que los ciudadanos (perdón, el gobierno de la República) pagará por esa necesaria movilización, aun cuando para los administradores de los dineros públicos sea una bicoca, cumple sobradamente con la obligación constitucional de dar seguridad a los michoacanos y está más que justificado el derroche. Total, alguna lana se queda en los hoteles, o tal vez en algunos constructores de mallas para dar muchísima seguridad a los maestros que acudieron a realizar voluntariamente su examen o evaluación correspondiente al Centro de Convenciones, que de la noche a la mañana fue transformado mágicamente en un búnker alemán.
¡Así está el país!, se utilizan a las fuerzas militares para terminar con el crimen organizado que sigue muy bien organizado lavando constantemente sus millones de dólares sin que se logre abatirlo. Seguramente que los profesores denominados democráticos, ante tal embate, están todavía temblando de miedo. ¡En fin, así es el nuevo Estado mexicano, que busca vencer pero no convencer!, ¡así era el Estado en tiempos de don Porfis!

Sobre el autor
Samuel Maldonado Bautista Editorialista en La Voz de Michoacán, Buen Día y Cambio de Michoacán. Diputado Federal (1997-2000); Coordinador de Política Interior de la fracción del PRD en la Cámara de Diputados; Vocal Ejecutivo de la Comisión Ejecutiva para el Desarrollo de la Costa Michocana en el gobierno del Estado (2000); Director General del Conalep, Mich. Gob. de Lazaro Cárdenas Batel.
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