Salvador Molina Navarro
Derecho a qué...
Una parte de nuestro México, historia vigente que se niega y se esconde
Martes 24 de Noviembre de 2015

¿Y para qué se hizo todo esto? Para mantener una esclavitud más cruel que la que existió en nuestros estados del sur; para apoyar a una tiranía política cien veces más injusta que aquella contra la que lucharon nuestros hombres del 76. Si se permite que de este modo continúe la política de la administración de Taft, tales propósitos serán alcanzados. Hasta ahora la revolución se ha retardado tanto que, aunque al fin gane, tendrán que morir muchos hombres buenos y valientes que de otra manera podrían vivir. El objeto de este libro ha sido informar al pueblo norteamericano acerca de los hechos ocurridos en México con el fin de que puedan prepararse para impedir la intervención norteamericana contra una revolución cuya justicia es indiscutible.

Jonh Kenneth Turner.

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El texto que se cita de Jonh Kennet Turner fue escrito en el año de 1908, en la época de Porfirio Díaz, describe una realidad que en aquel entonces, hace ya más de un siglo, le parecía sin sustento y exagerada cuando la escuchó de la palabra de Ricardo Flores Magón, Antonio Villareal y Librado Rivera, “en México existe la esclavitud”, entonces este autor se dedicó a comprobar esa verdad expresada por aquellos mexicanos, se percató que en el campo nacional existía la esclavitud, a los esclavos “modernos” les llamaban peones, peones que eran hombres sin alimentos dignos, hombres que no ganaban un centavo por sus jornales de doce horas o más, hombres sujetos a las llamadas y conocidas tiendas de raya, hombres que su dueño, el hacendado, podía incluso matarles, peor aún niños, niños sin derechos, sin dignidad, sin nombre, sin identidad, niños que trabajaban en las mismas condiciones que los mayores, niños y hombres que morían al año de empezar sus trabajos forzados, este era el campo mexicano en el siglo de la modernidad del país que ha presumido Porfirio Díaz, este texto parece escrito ayer, hoy o mañana, está actualizado y encaja totalmente con una realidad social que se nos vende como historia, historia terminada e irrepetible.
El campo michoacano esconde una realidad doliente, hoy, a 100 años del descubrimiento de un panorama de explotación, esclavitud y ausencia de derechos en el campo nacional, qué ha cambiado, sabemos que existen niños que tienen que someterse a un jornal interminable para poder lograr comer unas tortillas con sal, realidad existente en nuestro territorio estatal, en nuestro paraíso, un campo que no conoce de derechos humanos, de bienestar social, de educación, de esperanza, de oportunidades de vivir. Este esquema impera y es real, pero nosotros, los ciudadanos, qué hemos hechos… me he puesto a reflexionar hasta dónde llega el derecho y la obligación del ciudadano, hasta dónde somos cómplices de los que nos quejamos incansablemente, hasta dónde hemos desarrollado un cómodo e improductivo papel de víctima, qué más debe pasar para despertar. Al enterarnos de una realidad que se ha pretendido negar y ocultar somos responsables si no hacemos nada, estamos obligados a luchar por que quede superada, es obligación de todos señalar esta ausencia de derechos, debemos generar las condiciones para poder propiciar la atención y prevención de quienes no conocen sus derechos, pero peor aún, no aspiran a ellos, los derechos humanos imponen una oportunidad para generar su difusión, respeto y garantía, es ahí donde como ciudadanos debemos hacer nuestra labor, ayudar a nuestra niñez carente de alimentos, carente de educación, carente de identidad, carente de derechos y obligados a trabajar un jornal en el campo que no genera más que para malcomer, que roba sueños, que impone una realidad digna de ser negada y ocultarse de los ojos de los ciudadanos, desconocer esas historias no las nulifica, no ayuda en nada evadir los esfuerzos y obligación como ciudadanos para atender y hacer frente a esta lucha que pareciera imposible de ganarse.
Nosotros los ciudadanos, desde nuestros espacios, desde nuestras trincheras, debemos buscar los lugares y las personas más vulnerables para dotarlos de esperanza, de atención, para obligar a que los programas de desarrollo social lleguen ahí, donde se ocupa para generar la existencia, el conocimiento y el uso de los derechos fundamentales, debemos señalar estas omisiones, hacerlas reales, conocidas y entendidas, debemos sensibilizar, sin olvidar nuestra obligación de proponer soluciones facilitar el uso y la defensa de los derechos del hombre, así entonces empezaremos a recomponer nuestro tejido social, a generar oportunidades a propiciar la dignidad humana y crecimiento social.

FB. Salvador Molina
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